“Miramos al volcán y estaba en llamas”: el dramático testimonio de sacerdote colombiano en Guatemala

El padre antioqueño Joaquín Echeverry, misionero franciscano en Antigua, narra los momentos dramáticos tras la erupción del volcán. Su comunidad ha rescatado al menos 30 cadáveres calcinados.

Acostumbrado a la dinámica de los volcanes, el padre antioqueño Joaquín Echeverry Hincapié, un misionero franciscano que desde hace un año reside en la ciudad Antigua (Guatemala) admite que jamás imaginó la devastación que dejó la potente erupción del volcán de Fuego, que hasta este lunes deja 65 personas muertas.

El padre Echeverry, quien estaba a 20 minutos de San Miguel Los Lotes en la ciudad de Escuintla, la zona más devastada por el deslave, narró que fueron momentos angustiantes.

Allí, desde el Hogar Virgen del Socorro ubicado en Antigua Guatemala justo al frente de esta montaña, el sacerdote sostuvo que hacia la 1:00 p.m. del domingo contemplaba admirado las espesas nubes de humo y la intensa caída de ceniza.

“El volcán de Fuego está frente a nosotros y siempre es un espectáculo verlo, pero no nos imaginamos que sería una tragedia”, narró el sacerdote, rector del Colegio San Francisco en Barranquilla hasta el año 2004.

Echeverry, quien en la actualidad misionero en Guatemala, relató que la actividad volcánica inició a la 1:13 de la tarde.

“Todo se oscureció  y comenzó la lluvia de cenizas. Miramos al volcán y estaba en llamas”.

En efecto, la lava se extendió a las comunidades aledañas arrasando todo a su paso. Específicamente en San Miguel Los Lotes y El Rodeo.

“Cuando uno ve el volcán y ve la llama, uno dice qué bonito porque estamos acostumbrados a esto, pero el resultado fue inesperado porque desde hace varios años no causaba estragos”, narró.

Horas después de la violenta erupción y con tapabocas para protegerse del polvo, Echeverry junto a la comunidad franciscana del Hospital Santo Hermano Pedro y el Hogar Virgen del Socorro, trabaja en la recolección de donaciones para los más de 3.000 damnificados que dejó el deslave.

“Hemos rescatado 30 cadáveres calcinados y hay mucha gente desaparecida. De nuestra comunidad, dos de nuestros empleados perdieron sus casas y algunos familiares fallecieron calcinados. Estamos recibiendo donaciones tanto para la población que está en los albergues como para auxiliar a nuestros empleados afectados”, contó el padre.

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