Claridad, ante todo

El Ojo del Halkón

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez

 

BOGOTA, 3 de junio RAM_ Miedo, quien dijo miedo. El miedo desapareció hace mucho tiempo de mi léxico y de mi vida, porque me di cuenta que, quienes amenazan, lo hacen por aterrorizar y para que uno se quede callado y así de esa manera la verdad quede oculta, pero decía mi abuelo que era mejor estar colorado un momento que pálido toda la vida.

Estamos en la recta final de las elecciones para la segunda vuelta en Colombia y he dicho las cosas como las pienso y las creo y quiero dejar constancia que entre las cosas que no existen para mi además de no tener miedo, es el odio y no me gustan los fanatismos ni religiosos, ni políticos ni mucho menos deportivos y es por eso que una vez escribí aclarando lo siguiente: soy liberal, seguidor del Nacional y cristiano religiosamente hablando; pero vuelvo y repito, no fanático, porque creo que los fanáticos se van a los extremos y no dejan ver claramente la verdad de un lado ni del otro y mucho menos creo en las verdades absolutas.

He tratado de defender los trabajos que se adelantan para conseguir la paz en el país, porque desde niño sufrí las consecuencias de la violencia y sin entrar en asuntos personales quiero decir, que espero que más de un colombiano no viva lo que me tocó vivir y que mejor busquemos el camino de la paz y la reconciliación; para que este país de mayormente de gente buena salga adelante y que mostremos lo bueno que tenemos.

Es muy aburridor, cuando en los medios de comunicación se han dedicado a mostrar solo cosas malas y no estoy de acuerdo con eso porque a mi mesa de trabajo como periodista me llegan aproximadamente 200 noticias diarias, de las cuales 50 son malas y el resto son buenas y no entiendo como algunos medios, principalmente los televisivos, se han dedicado a ese amarillismo que fomenta cada día más el morbo entre los colombianos que no quieren ver sino noticias de violaciones, robos, atracos y bajezas humanas.

Da tristeza cuando encontramos algunos colegas que en la televisión y en la radio y en varias oportunidades en los medios escritos, se dedican a mostrar los errores de las personas y no los logros, y en vez de invitar a seguir adelante y a dejar los rencores, tratan más de fomentarlos; para escuchar que cuando un noticiero o un espacio de radio no habla de sangre o errores humanos no es un buen informativo. Hace algunos días me decía uno de los presentadores de televisión que estaba enfermo psicológicamente de hacer su trabajo, pero eso era lo que pedían los dueños del medio.

No sé qué es lo que pasa; pero Colombia que ha tenido fama de tener un buen periodismo, trata de caer en las bajezas o en la ramplonería sin hacer las cosas bien, y es que no se tenga materia prima, porque nos damos cuenta que hay una cantera de periodistas capacitados que pueden demostrar todo lo bueno que son y de esta manera sacar al país adelante de la desinformación en la que vive; porque muchas veces se está desinformando más que informando.

Esto puede ser un llamado de atención, o puede ser la voz de los que no tienen voz para decir estas mismas palabras y escribo de lo que dice la gente o murmura en voz baja, porque nos han perdido el respeto a los periodistas y lo han perdido porque servimos para intereses económicos o políticos o porque simplemente hacemos el trabajo que nos dicen para sostener lo que llaman sintonía.

Sé que si hasta el día de hoy tengo pocos amigos por la franqueza de lo que digo, a partir de hoy tendré menos; pero después de 50 años de periodismo me da tristeza que se estén desperdiciando los grandes valores y que se esté llevando a las nuevas generaciones de comunicadores por el camino que no es y que no se libre de ese amarillismo feroz ni siquiera el deporte.

Escribo esto; repito, porque sé que hay madera en el campo profesional porque sé que son más las cosas buenas que suceden en Colombia que las malas y que tenemos la obligación de darlas a conocer, porque ese es nuestro trabajo y la meta que debemos de seguir.

Otro de los temas que me preocupan en este momento es el manejo que se da a las campañas presidenciales, muchas veces no se dice la verdad o se tergiversan lo que dicen los candidatos, porque en este mundo de globalización y polarización, lo uno que nos interesa son los escándalos y no la verdad que sería lo mejor para mantener informado al ciudadano de a pie.

Entramos en una guerra de contradicciones al presentar los programas de gobierno de los diferentes candidatos y creen los asesores o quienes manejan las campañas que el gran triunfo está en mostrar lo malo del otro y lo casi bueno de su propio candidato; pero lo hace de manera sucia y el juego sucio es el que se impone.

Dejé de escribir estas dos semanas para digerir lo que estaba pasando en las campañas políticas y al fin y al cabo, lo había comentado antes de las Elecciones que habría segunda vuelta y que los que estaría en contienda serian Iván Duque y Gustavo Petro, y lo dije porque eso estaba cantado y estaba cantado por la forma como se planteó la campaña. Y si somos claros en el asunto nos damos cuenta que la campaña fue entre los enemigos de Gustavo Petro y de quien dijera Uribe; no ha sido una contienda de ideas sino como estamos en este momento, una guerra de odios y mentiras en donde se trata de frenar al Castro-Chavismo y a los enemigos de la paz; pero los políticos dicen tantas cosas que nadie está seguro que de verdad Gustavo Petro vaya a imponer el Castro-Chavismo e Ivan Duque vaya a hacer trizas el proceso de paz.

Se sabe que los dos piensan muy diferente y que han dado motivo para habar de las dos orillas y es ahora cuando los candidatos deben de hablar seriamente y presentar sus propuestas, está bien que Petro defienda el proceso de paz y por eso hemos visto que los amigos de este ex militante del M-19 han comenzado a llegar y de otros sectores que desde un comienzo han respaldado el proceso de paz, mientras que en las toldas de Iván Duque se teme que Petro pueda llegar con su “Castro-Chavismo” a acabar con el país, porque se habla de un gran político y parlamentario; pero para muchos un mal administrador.

Mientras tanto se mira con temor a Iván Duque; porque a pesar de las declaraciones de este fin de semana del expresidente Álvaro Uribe cuando dijo que Duque no era un títere y él no era un títere, nadie le ha creído y según las malas lenguas el expresidente si ha estado de acuerdo con el proceso de paz; pero no como lo hizo Santos sino como él hubiera querido hacerlo.

Hay temor que Duque pueda acabar con el proceso de paz a pesar de las declaraciones del presidente de la república Juan Manuel Santos quien dio en Europa que había que recordar que estos acuerdos firmados en La Habana estaban blindados por tres gobiernos más y que nadie podía acabar con ellos. Y ahí es donde uno se pregunta: ¿Quién está diciendo la verdad?

Esta campaña para la segunda vuelta podría ser muy interesante, se trata del enfrentamiento de dos buenos parlamentarios, porque los dos han dejado su huella en el paso por el Congreso, y recordemos que cuando Petro decidió lanzarse a la Alcaldía y a la Presidencia; más de uno exclamó que Colombia estaba perdiendo uno de sus mejores parlamentarios.

Son diferentes, con propuestas interesantes de un lado y del otro, con incongruencias también de los dos lados; pero cualquiera de los dos está preparado para regir los destinos del país y aquí cabe decir con el dicho popular “los países eligen los gobiernos que se merecen” y eso solo lo sabremos el 17 de junio cuando se lleve a cabo la segunda vuelta.

Vuelvo y repito, personalmente no me siendo identificado con ninguno de los dos candidatos en contienda y lo que he hecho, lo sigo haciendo, informando sobre sus planes de gobierno y actividades diarias para llegar a la primera magistratura.

Se preguntarán porque hablo de amenazas, hablo de esto porque he tenido ataques como columnista y es así que algunos portales han tenido que colgar algunas de mis columnas y lo peor, es que de las bases de datos de algunos candidatos presidenciales nos sacaron olímpicamente y hablo de frente principalmente de la campaña de Gustavo Petro, la que no ha querido, por más que hemos tocado sus puertas, a enviarnos boletines e información sobre el candidato y creo que no hay motivo para ello, porque hemos respetado el trabajo político del señor Petro y hemos reconocido lo bueno como también hemos criticado las fallas y una muestra de eso es el cubrimiento que le dimos a su administración en la Capital Colombiana en donde no tomamos partido sino que simplemente informamos y precisamente esa era nuestra meta para los comicios electorales actuales.

Esperamos que este veto se levante en caso de llegar Gustavo Petro a la Presidencia de la República y al momento de votar, los colombianos lo hagan libremente, por el que crean que representa mejor sus intereses.

Como decía Juan Gossaín, no soy uribista, no soy petrista, soy colombiano y por encima de todo, periodista.

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