Análisis Ley del Montes | Santrich o ¿San Trich?

Por: Oscar Montes

@LeyDelMontes

La extradición de uno de los jefes de las Farc, señalado de ser narcotraficante y socio del cartel de Sinaloa, tiene a Juan Manuel Santos bajo la lupa de Estados Unidos.

La avalancha que se desató con la decisión adoptada por el Inpec de trasladar a ‘Jesús Santrich’ desde el Hospital El Tunal, hasta una sede del Episcopado Colombiano en Bogotá podría crecer mucho más en los próximos días, pues aún falta por pronunciarse uno de los protagonistas principales de la historia: Estados Unidos.

Hasta ahora los únicos que han salido a dar explicaciones en esta especie de nuevo melodrama nacional son los actores colombianos, empezando por el propio vocero de las Farc, quien envió un mensaje a quienes han intercedido por su situación jurídica y su salud: “Firme en mi batalla por la dignidad. Ningún tipo de negociación ha habido para que se de este gesto humanitario, apegado al ordenamiento legal”, escribió ‘Santrich’.

El gobierno a través del ministro y el viceministro de Justicia, también debió capotear la tormenta desatada. El ministro, Enrique Gil Botero, aclaró que la Fiscalía General sí fue informada sobre el traslado del jefe de las Farc -capturado por ese organismo investigador por, al parecer, conspirar para el envío de 10 toneladas de cocaína a los Estados Unidos- y defendió la medida, bajo el argumento de que la prioridad es “mantener a ‘Santrich’ sano y salvo”. El viceministro, Carlos Medina, por su parte, sostuvo que “el Gobierno debe dar garantías para que ‘Santrich’ no se muera”.

El senador del Polo Democrático, Iván Cepeda, uno de los que intercedió por ‘Santrich’, junto al exministro Álvaro Leyva, alegó razones humanitarias, pero también sostuvo que “la justicia nacional debe priorizarse sobre la internacional, aún después de la firma del acuerdo de paz con las Farc”.

La Iglesia Católica también se pronunció y dejó en evidencia que no todos los jerarcas comparten la controvertida decisión. Por una parte, el Episcopado en un comunicado afirmó que “esta acción humanitaria no pretende en modo alguno obstaculizar los procesos judiciales”, mientras que monseñor Pedro Fernando Mercado, presidente del Tribunal Eclesiástico Arquidiocesano, cuestionó los alcances de la decisión: “Con el traslado de ‘Santrich’ a una sede eclesiástica se crea un grave precedente jurídico y moral”.

Pero más allá de los múltiples pronunciamientos sobre el traslado de ‘Santrich’, unos a favor y otros en contra, lo cierto es que todavía falta por escuchar la voz de quién está más interesado en la suerte del jefe de las antiguas Farc y congresista de la nueva Farc: Estados Unidos. El ‘Tío Sam’ no solo dice tener las pruebas que demostrarían la condición de narcotraficante de ‘Santrich’, sino que lo quiere tener en una de sus cárceles, como ocurre con Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad.

La única razón por la cual ‘Santrich’ está en huelga de hambre desde hace más de 30 días, cuando aún estaba en La Picota, es porque sobre él pesa una orden de extradición hacia los Estados Unidos, proferida por un tribunal de Nueva York que lo señala de aliarse con el Cártel de Sinaloa para pretender ingresar a ese país 10 toneladas de cocaína. No es, pues, un asunto menor. Ante esta situación tan delicada, ‘Santrich’, al igual que Pablo Escobar y que todos los integrantes del llamado “Grupo de los Extraditables”, quienes sembraron terror en el país en los años 90, habría optado por “una tumba en Colombia” en lugar de “una cárcel en Estados Unidos”.

El jefe de las Farc tomó la decisión de forma autónoma y voluntaria de declararse en huelga de hambre para tratar de impedir que la solicitud de extradición de Estados Unidos se materialice. Y ese hecho es el que tiene en vilo no solo la salud y la vida de ‘Santrich’, sino la suerte de la negociación con las Farc.

De comprobarse que ‘Santrich’ narcotraficaba con el cartel de Sinaloa, como dicen la DEA y la Fiscalía General, eso significa que quienes tienen que dar explicaciones contundentes son las Farc y no los Estados Unidos y la Fiscalía, en cabeza de Néstor Humberto Martínez, “graduado” por los jefes del antiguo grupo guerrillero como “enemigo de la paz”. Las pruebas de la DEA contra ‘Santrich’ no se conocen en Colombia, pero autoridades nacionales sí tienen conocimiento de sus verdaderos alcances. El propio presidente Juan Manuel Santos, cuando trascendió la captura de ‘Santrich’, las calificó como “contundentes y concluyentes”.

Por eso es importante que Estados Unidos aparezca es escena, algo que por ahora no será nada fácil, pues las pruebas de la DEA solo se conocerán durante el juicio a ‘Santrich’. Es decir, cuando ‘Santrich’ esté ante una corte de ese país, luego de ser extraditado. Mientras tanto, el presidente Santos a pocas semanas de abandonar la Casa de Nariño tendrá que decidir si confía en su mejor aliado no solo comercial, sino en la lucha contra el narcotráfico, como es Estados Unidos; o si confía en los jefes de las Farc, uno de los cuales es señalado por su mejor aliado de ser narcotraficante.

¿Qué hay en juego con el traslado de ‘Santrich’? ¿Peligra la paz con las Farc? ¿Quién tiene la razón: Estados Unidos o las Farc?

Farc, ¿con patente de corso para delinquir?

La extradición de ‘Santrich’, por ser narcotraficante aliado con el cartel de Sinaloa, no acabaría con el proceso de paz con las Farc. Todo lo contrario: lo fortalecería, pues serviría para aclarar uno de los puntos grises de los acuerdos de La Habana: el castigo para aquellos excombatientes de las Farc que sigan delinquiendo después de la firma de la paz. Si ‘Santrich’ se va extraditado por narco, ya no habría ninguna duda de que el acuerdo es implacable a la hora de castigar a quienes insistan en seguir siendo delincuentes. Pero si ‘Santrich’ se queda en Colombia aún sabiendo que es un narcotraficante, entonces quiere decir que la negociación con las Farc se convirtió en el más grande tratado de impunidad jamás firmado en la historia de Colombia. Quiere decir, además, que las Farc tienen patente de corso para seguir delinquiendo de aquí en adelante. Ello se traduciría en un monumental caos institucional y de orden público sin precedente en el país. Ese sería el peor escenario para Colombia en los próximos años. La extradición es una herramienta válida y eficaz en la lucha contra las organizaciones narcotraficantes, gústele o no las Farc. Quien no quiera ser extraditado tiene la solución en sus manos y es muy simple: no ser narcotraficante. Todo aquel que se dedique al narcotráfico sabe bien que si lo capturan lo extraditan. ‘Santrich’ sabía muy bien el riesgo que corría. Valerse de argucias, como una supuesta autonomía judicial, en un país donde hasta los magistrados de las altas cortes están presos por corruptos, es no sólo pretender evadir la acción de la justicia, sino volver trizas los acuerdos de paz.

¿Tratamiento humanitario a un narcotraficante?

Quienes han asumido la causa humanitaria para justificar el traslado de ‘Jesús Santrich’ al Episcopado Colombiano no pueden olvidar un llamativo detalle: de acuerdo con las pruebas en poder de la DEA, el jefe de las Farc estaba negociando con los jefes del cartel de Sinaloa no como guerrillero, sino como narcotraficante. ¿Los jerarcas de la Iglesia Católica hubiesen dado el mismo tratamiento humanitario a un capo del cartel de Medellín? Si Pablo Escobar -por ejemplo- hubiera iniciado una huelga de hambre para evitar su traslado hacia los Estados Unidos, ¿el Episcopado Colombiano hubiera argumentado razones humanitarias para protegerlo? ¿Iván Cepeda y Álvaro Leyva hubieran intercedido por él? ¿Y la ONU? Si en el juicio en Estados Unidos se comprueba que -en efecto- ‘Santrich’ pretendía ingresar a ese país 10 toneladas de cocaína, asociado con el cartel de Sinaloa, ¿cuál sería la reacción de quienes hoy aducen razones humanitarias para defenderlo? Estados Unidos no pidió a ‘Santrich’ por guerrillero, sino por narco. Punto. Ese es su único señalamiento y ello no tiene nada que ver con el hecho de si cayó “entrampado” por la DEA o no. Su situación se complica mucho más puesto que el delito lo habría cometido luego de la firma del acuerdo de paz con el Gobierno, lo que lo dejaría por fuera de los beneficios contemplados en la Jurisdicción Especial de Paz (JEP). Y en ese caso, la huelga de hambre no sería más que un recurso del que se ha valido para pretender evadir la acción de la justicia de Estados Unidos, cuyos tribunales lo esperan para juzgarlo.

¿Cuál debe ser el papel de la Iglesia?

Por proteger a ‘Jesús Santrich’ han caído rayos y centellas sobre el Episcopado. Y es apenas natural que así ocurra, porque las motivaciones de la decisión son tan humanitarias como políticas. La Iglesia Católica ha sido protagonista de los procesos de negociación de paz del país, así como del mismo conflicto. De hecho, en el caso del Eln, por ejemplo, hay sacerdotes vinculados a esa organización subversiva desde sus orígenes, como Domingo Laín y Manuel Pérez, sus fundadores. De igual manera el padre Camilo Torres es un referente de ese grupo insurgente. En lo que tiene que ver con las Farc, el acompañamiento en los procesos también se ha dado y en ello ha jugado un papel muy importante el ex ministro conservador Álvaro Leyva. En el caso de ‘Santrich’ las preguntas que se hacen miles de fieles católicos son: ¿Por qué ‘Santrich’ y no otros? ¿Por qué quien debe recibir la asistencia humanitaria del Episcopado Colombiano es él y no las decenas de sus víctimas? ¿Dónde estaba la Iglesia Católica cuando ‘Santrich’ y los demás jefes de las Farc tenían secuestrados en condiciones infrahumanas a decenas de colombianos en las selvas del país? Pero las razones políticas de la asistencia del Episcopado a ‘Santrich’ son tan controvertidas como las humanitarias. ¿Porqué ‘Santrich’ pide asistencia humanitaria en una sede del Episcopado? Porque la Casa Episcopal representa al Estado Vaticano, cuya soberanía es inviolable. Nadie puede acceder a dicho territorio sin autorización previa y ello incluye a Estados Unidos y Colombia. En plata blanca ello significa que ‘Santrich’ estaría comprando un seguro -otro más- para no ser extraditado.

Prueba de fuego para el “talante santista”

Juan Manuel Santos hubiese deseado pasar los últimos días de sus ocho años de gobierno de una manera más sosegada, quizás jugando uno que otro partido de golf en Bogotá con sus amigos entrañables, o escogiendo con la Primera Dama las cortinas para su nueva residencia en Londres o paseando sus perros en su casa de Anapoima. Pero en lugar de esa placidez, a Santos le ha tocado enfrentar el chicharrón de la suerte de ‘Santrich’, que ha puesto ha prueba el ya famoso “talante santista”, que consiste en no comprometerse con nada, decirles a todos que sí y esperar que las cosas se resuelvan solas. Resulta -sin embargo- que en esta oportunidad tendrá que decidir entre Estados Unidos y las Farc. Y no hay manera de que las dos partes queden contentas, que es lo que Santos quisiera. La extradición de ‘Santrich’ es la declaración de guerra a las Farc y la no extradición es echarse al ‘Tío Sam’ de enemigo, con todo lo que ello significa. Ante ese escenario, el “talante santista” llevaría a Santos a darle largas al asunto y dilatarlo al máximo con el fin de que sea su sucesor quien tome la decisión a partir del próximo 7 de agosto. Esta solución -atractiva en un principio- tiene un solo problema: al no tomar ninguna decisión, Santos queda mal tanto con Estados Unidos como con las Farc, lo que significa tener dos enemigos ya no como Presidente, sino como ex presidente, que es cuando más daño hacen.

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