Los debates presidenciales, aburridos, repetitivos e inútiles

Por: Ricardo Galán
Los debates entre candidatos a la Presidencia son un escenario ideal para que los electores conozcan sus rasgos de personalidad, su capacidad para comunicar, tomar decisiones y reaccionar bajo presión. Además para detectar las diferencias entre sus ideas, propuestas y puntos de vista.
En Estados Unidos algunos debates han influido en el resultado final de la elección como pasó entre John F. Kennedy y Richard Nixon en 1960; Gerard Ford y Jimmy Carter en 1976 o Carter y Ronald Reagan en 1980. 
En Colombia aún no podemos decir que un debate haya cambiado el resultado de una elección, pero han jugado un papel destacado en el desarrollo las campañas. Aquí candidatos y asesores dedican mucho tiempo y esfuerzo a prepararse para los debates. Con especial énfasis en aquellos que son transmitidos por televisión nacional. 
Sin embargo, en esta campaña no están despertando el mismo interés de anteriores contiendas. “El Gran Debate”, convocado y transmitido por RCNTV, uno de los más esperados en el país, apenas alcanzó un 5.5% del rating. 

Tampoco parecen están influyendo en la decisión de los votantes. En las últimas 4 semanas las encuestas sobre intención de voto no han sufrido cambios significativos. Los favoritos y sus diferencias son los mismos de hace poco mas de un mes. 

Es como si las campañas se hubieran ido de vacaciones o como si los electores ya hubieran tomado su decisión y, en consecuencia, perdido todo interés en la discusión.

¿Qué está pasando? 
Varias cosas. En primer lugar, ni los candidatos, ni los medios logran despertar el intereses y respeto de un público hastiado de los ataques personales y la guerra sucia. 
Los temas de discusión parecen calcados. Son los mismos en todas partes, los argumentos repetitivos y las agendas idénticas. Nadie es capaz de sorprender.
Los medios parecen mas interesados en el show y en quedar bien con el gobierno que se acaba y en no contrariar al que llega cualquiera que sea, que en el contenido de los debates. Diseñan formatos llenos de reglas que no logran establecer el equilibrio que pretenden, pero confunden y aburren al público. Y a los mismos candidatos.
Los periodistas, para evitar criticas y suspicacias, han renunciado a su papel como generadores y orientadores de la opinión. No quieren preguntar. Delegaron esa obligación básica y elemental del oficio en reputados “paneles de expertos” que preguntan pensando sus intereses particulares y en ser “políticamente correctos.” Renuncian por anticipado a los derechos de controvertir y contra preguntar.
En Colombia los debates entre candidatos se están volviendo paisaje. Todos quieren organizar uno. No se les ocurre otra forma de hacer campaña. A los candidatos y a sus asesores apenas les queda tiempo para ir de un foro a otro contestando las mismas preguntas, los mismos ataques, los mismos argumentos, las mismas propuestas.
A cinco semanas de las elecciones sería muy interesante que alguien se atreva a cambiar las cosas. A romper la rutina. Que se arriesgue a sorprender. No importa si es candidato, periodista o medio de comunicación. 
Si no se atreven. Por lo menos reduzcan los debates a uno o dos. Mas de ese número serán aburridos, incoloros e insaboros y, como hasta ahora, inútiles. 
Compartir:

Comments are closed.