¿Volvimos a las épocas del terrorismo?

El Ojo del Halkón

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

 

BOGOTA, 29 de enero RAM_ Durante su intervención en la entrega de tierras en La Palma, Cundinamarca, el presidente Santos fue aplaudido cuando hizo una pausa y dijo que había tomado la decisión de no iniciar el ciclo quinto de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional en Quito por los sucesos acontecidos en la Costa Norte del país que deja varios policías muertos y otros heridos, masacrados a mansalva en sus propios sitios de trabajo.

Lo que acaba de suceder en la Costa, principalmente en Barranquilla y Bolívar es para uno pensarlo mas de una vez y analizar la situación de orden público en el país y no quisiera ser ave de mal agüero y repetir lo que dije hace algunos meses, que a pesar del fin de la guerra armada con las FARC, el país seguiría en la misma situación porque algunos sectores no están en condiciones de ver vivir un país en paz y que la imagen del mismo sea positiva ante el mundo.

No solo las zancadillas que se le han puesto al proceso de paz por parte de muchos sectores, porque debemos de contar que hay descontento en la población civil lo mismo que en los sectores políticos y económicos, en donde se cree que el Gobierno se bajó los pantalones ante las FARC y les entregó el país y esto se ha convertido en el caballito de batalla de algunos partidos políticos, que creen que ese descontento ciudadano puede dar pie a obtener los votos necesarios para llegar no solo al Congreso sino también a la Presidencia de la República.

Algunos piensan que las FARC se van a apoderar del país en las ramas ejecutiva, legislativa y judicial y la verdad es que están muy equivocados, porque a pesar de las curules negociadas en La Habana, a las FARC les va a quedar muy difícil concientizar a un pueblo que viene de sufrir mas de medio siglo de violencia y que en su mayoría no le perdona las acciones bélicas y de violación a los derechos humanos.

Tocando lo de este fin de semana negro en Colombia, nos podemos dar cuenta que hay grupos subversivos totalmente resquebrajados en su parte directiva, y si había problemas en el seno de las FARC, el asunto es bastante grave por los lados del Ejercito de Liberación Nacional -ELN-.

Hace unos años, hablando con un grupo de políticos en la ciudad de Bucaramanga escuché algo que es vigente en estos momentos, reunir al ELN para que firme un proceso de paz es mas fácil reunir a un grupo de micos para tomarles una foto, y es verdad, este ha sido uno de los grupos mas violentos a pesar de lo pequeño; pero lo que le sucede es que tiene muchas cabezas de mando, o como dijera el ciudadano de a pie, en ese grupo hay mucho cacique y poco indio.

Me sentí triste el fin de semana y vi triste a mi esposa, al ver las repetitivas imágenes en televisión de las familias de los policías asesinados en el ataque en Barranquilla y principalmente yo sentí que estábamos viviendo una nueva época de terror, como en los tiempos de Pablo Escobar, en donde la gente de bien estaba acorralada y es cuando respaldo la gran campaña bajo el numeral somos mas los buenos que los malos.

Se le veía la tranquilidad y el cinismo al joven que había llegado a la Arenosa, procedente de la Capital de la República para cometer el atroz asesinato.

No entendemos como con esa gran fuerza militar que cuenta el país nos vemos acorralados mas de una vez de un grupo de delincuentes que quieren desestabilizar al país y no creo que es por asuntos políticos; pues es otra cosa que algunos sectores políticos utilicen esto para sus campañas.

Los colombianos sufrimos de algunos males como el miedo para denunciar a quienes violan la ley y la conformidad de las situaciones, porque ya se nos hace tan común hablar de violencia; porque eso es lo que nos han enseñado en los noticieros de televisión, en donde toda una edición se la dedican a violaciones, atracos y asesinatos y ya el ciudadano común y corriente si no encuentra esto en los noticieros simplemente dice que el noticiero es malo.

En un momento como este hace falta la mano dura del Gobierno, una justicia que castigue a quienes infrinjan la ley y que no se dejen manipular como sucedió esta mañana en Barranquilla en donde no se ha podido hacer la audiencia de legalización del sospechoso numero uno de estos atentados porque tranquilamente exigió que debía estar su abogado de confianza, para lo que se le dio 24 horas, las que fueron alargadas a 48 porque el abogado de este señor no apareció por ninguna parte y si se descuida, no faltará la determinación de dejarle libre, por el solo hecho que no se legalizó su detención a tiempo.

Mientras que el Gobierno daba la orden de atacar fuertemente al Ejercito de Liberación Nacional y de suspender los diálogos, los voceros de este grupo revolucionario pedían desde Quito que no se perdiera tiempo y se volviera a las mesas de conversaciones y es cuando se está de acuerdo con el Gobierno que se debe negociar en medio de la Guerra y ponerle fin a toda acción bilateral en el momento de firmarse algo serio y responsable para el bien del pueblo.

Han sido varios los presidentes que han tratado de dialogar y negociar con el ELN y parece que vamos para otro más, porque como decía anteriormente, con la división interna de ese grupo subversivo no se va a llegar a ninguna parte.

Y como si esto fuera poco, al Fiscal General de Colombia, Néstor Humberto Martínez le tocó reconocer en Quito que un atentado en ese país, no acostumbrado a estos asuntos de violencia fue perpetrado por un reducto de las FARC que no está de acuerdo con el proceso de paz y que está dirigido o comandado por un propio ecuatoriano que se esconde en las montañas limítrofes de los dos países.

Parece que los malos comienzan a ganar la batalla a los buenos, los actos terroristas del ELN en la Costa Norte del país, dejan mucho que decir y es cuando es necesario la mano firme de las autoridades que no saben a que ponerle cuidado, si a los actos de violencia por parte de los grupos subversivos o de la delincuencia común que sigue apoderándose de las calles de los pueblos y ciudades del país.

Hay que hacer leyes que sean fuertes e impongan castigos y que den armas para que los jueces no dejen libres a quienes detiene la Policía y el Ejército, y otra cosa que se debe de hacer es una gran cruzada de unidad nacional por parte de los ciudadanos para derrotar el crimen común y organizado que tiene en jaque al país.

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