Análisis Ley del Montes | ¡No pasarán quienes pretenden robarnos la alegría!

Por Oscar Montes

@LeydelMontes

Hoy más que nunca en Barranquilla debemos estar del mismo lado de la mesa para hacerle frente a quienes buscan sembrar el pánico y la zozobra.

El atentado contra la estación de Policía del Barrio San José de Barranquilla, donde murieron cuatro agentes y más de veinte resultaron heridos, no puede tomarse como un hecho aislado. No lo es. Es un acto de terror que tiene como propósito causar pánico y generar zozobra en la ciudad más alegre de Colombia. Es una acción criminal premeditada. No fue producto del azar. Todo obedeció a un plan macabro y perverso, cuyo principal propósito es causarle daño a una institución, una ciudad y -claro- a un país.

Pensar que el terrorismo es solo contra unas cuantas personas es un grave error: el terrorismo nos afecta a todos. Y como nos afecta a todos, todos debemos unirnos para enfrentarlo. Hoy más que nunca tenemos que estar del mismo lado de la mesa.

El atentado de ayer no fue contra los patrulleros Freddy Echavarría, Yosimar Márquez, Freddy López y Anderson Calvo, inmolados en momentos en que formaban en la Estación de Policía del barrio San José. Tampoco contra sus compañeros que resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad. La acción criminal fue contra una ciudad cordial, amable y generosa que se dispone a disfrutar de la mejor fiesta de Colombia: su Carnaval. Que no quepa ninguna duda: el acto de terror fue contra todos nosotros, que hemos logrado contagiar a todo un país de nuestra alegría desbordante y nuestra infinita capacidad de sonreír, aún en las peores desventuras.

La intención de quienes planearon y ejecutaron el atentado no es otra que la de enviar un mensaje intimidatorio, cuyo fin último es el de aterrorizarnos para que nos gane el miedo, el mismo que tienen ellos y que los lleva a atacarnos a mansalva, como buenos cobardes.

¿Quién o quiénes pueden estar detrás de semejante acción criminal? Ante la gravedad de los hechos, pues nunca antes Barranquilla había sido blanco de un atentado de tal magnitud, el propio fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez Neira, se desplazó a la ciudad para obtener información de primera mano con el fin de lograr consolidar una hipótesis certera sobre autores intelectuales y materiales de la acción criminal. El Fiscal General estuvo reunido con el alcalde, Alejandro Char y con el gobernador Eduardo Verano, con quienes compartió valiosa información sobre los posibles móviles del acto terrorista y luego asignó la investigación a dos fiscales especializados, quienes se pusieron al frente de las primeras indagaciones.

Tanto Char como Verano enviaron un mensaje de unidad, solidaridad y lucha frontal contra los terroristas y contra quienes pretenden sembrar el terror en la ciudad. “Hoy más que nunca estamos unidos, rodeando a las instituciones para hacerle frente a los terroristas que quieren robarnos la alegría”, afirmó Char.

El sujeto identificado como Cristian Camilo Bellón Galindo, detenido poco después del atentado y quien tenía en su poder información relacionada con la acción criminal, sería el autor material del atentado. A Bellón Galindo, oriundo de Bogotá, le encontraron documentos en los que aparece información sobre la localización de la Estación de Policía, así como unos planos sobre la misma. Toda la información proveniente del detenido está siendo valorada por las autoridades.

“Tenemos todas las evidencias en contra de este sujeto. Sabemos todo su accionar. Llegó a Barranquilla a mediados de enero con el propósito de cometer este atentado. Sabemos dónde, cuándo y cómo compró la metralla que utilizó para cometer la acción criminal. Tenemos en nuestro poder los tiquetes que adquirió para viajar desde Bogotá hasta Barranquilla. Hay evidencias y espero que muy pronto tengamos suficientes elementos para esclarecer este hecho, uno de cuyos propósitos era, sin duda, golpear el ánimo de la ciudad y afectar su Carnaval”, me contó el Fiscal General. Néstor humberto Martínez, con quien hablé sobre lo ocurrido.

Aunque hay varias hipótesis acerca de los autores del atentado y ninguna de ellas ha sido descartada por las autoridades, incluyendo las de que pudo tratarse de una retaliación de bandas criminales por los golpes propinados por la Policía, así como de milicias urbanas del Eln o disidentes de las Farc, lo cierto es que atacar a unos agentes de la Policía que se encontraban en formación, es decir, desarmados y por obvias razones sin capacidad de reacción ante una agresión, es un acto de cobardía. No puede considerarse desde ningún punto de vista una acción de combate, como ocurrió, por ejemplo, con los ataques de las Farc a las estaciones de policía, durante el desarrollo del conflicto armado con ese grupo guerrillero.

La acción terrorista contra la Estación de Policía del barrio San José, que causó la muerte a cuatro de nuestros humildes agentes de Policía, no puede amilanar nuestro ánimo, ni mucho menos intimidarnos, que es precisamente lo que pretenden los criminales. La respuesta debe ser contundente y certera: ¡No pasarán quienes pretenden atemorizarnos y robarnos la alegría! ¡Barranquilla es tierra de paz y jamás dejará de serlo! ¡Hoy más que nunca estamos unidos y hacemos parte del mismo equipo!

¡Cuidado con querer pescar en río revuelto!

No es hora de politiquería, ni de politiqueros, especialistas en pescar en ríos revueltos. Aquí no hay espacio ni para la cizaña ni para la complicidad. ¡Barranquilla somos todos! A la hora de hacerle frente a las organizaciones criminales no tenemos colores políticos. Nos arropa la misma bandera. Nos bañamos orgullosos en nuestro inmenso mar Caribe y en nuestro bello río Magdalena. No es hora de oportunistas que pretenden buscar votos con nuestro dolor. Somos alegres y no vamos a dejar de serlo, aún en medio de la tristeza. Esa es nuestra condición, aunque a muchos les cueste creerlo. Nosotros reímos llorando y lloramos riéndonos. Punto. Nuestro espíritu Caribe nos hace acoger con cariño a todas las personas, sin mezquindades, ni egoísmos y por eso muchas veces abusan de tanta generosidad. Nos entregamos sin condición y la mejor muestra de ello es nuestro Carnaval, al que adoramos con toda el alma. No están ni tibios quienes creen que nos van a doblegar con sus actos de terror. No conocen nuestra fortaleza espiritual y nuestra infinita capacidad de asumir retos para superarlos. Barranquilla no es tierra abonada para la maldad. Todo lo contrario: es tierra fértil para la hermandad y la reconciliación. No vengan a sembrar odios porque siempre encontrarán huracanes de alegría, tempestades de abrazos y tormentas de sonrisas. Eso somos y eso seremos.

No podemos dar papaya

Es bien sabido que los terroristas no duermen. Ellos no descansan, pues están pendientes de la menor oportunidad para causar daño. Así ha sido siempre. Todos lo sabemos. Por esa razón nuestras autoridades no pueden dar papaya. La rutinaria ceremonia de formación de los agentes de Policía, todos los días a la misma hora y sin mayores controles por todo el sector del barrio San José, terminó convirtiéndose en una enorme oportunidad para ser blanco de los enemigos de la Institución. Es necesario que la Fuerza Pública redoble esfuerzos para combatir a los delincuentes. Las labores de inteligencia no pueden dejar de realizarse, bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en “tiempos de paz”. El patrullaje en la ciudad debe redoblarse y realizarse de forma exhaustiva, aún en tiempos de Carnaval. O mejor: sobre todo en Carnaval, luego de la acción terrorista de ayer. La ciudadanía debe colaborar con las autoridades, no sólo mostrando buen ánimo a la hora de las requisas, sino suministrando información valiosa que permita evitar posibles acciones criminales y detener a quienes pretenden efectuarlas. Ahora más que nunca se requiere del trabajo en equipo de la ciudadanía con sus autoridades.

Respuesta contundente a los terroristas

El atentado de ayer no fue contra la Estación de Policía del barrio San José: fue contra Barranquilla toda. Y quienes actuaron de esa forma cobarde lo que pretenden es sembrar el pánico y la zozobra, justo en momentos en que nos disponemos a disfrutar del Carnaval. ¿Qué hacer? Debemos honrar la memoria de las víctimas y recordar en cada  acto del Carnaval que hay muertos cuatro agentes de nuestra Policía Nacional, pero aplazar o cancelar algunas actividades es cumplir con el deseo de quienes realizaron la acción criminal. Es eso precisamente lo que ellos pretenden y es lo que esperan con ansias. Sería su trofeo. Guardar minutos de silencio o “hacer olas de pañuelos blancos en los escenarios” serían respuestas contundentes a los violentos. El Carnaval debe seguir, no porque seamos indolentes, sino precisamente porque nos duele lo que ocurrió. Los criminales no cumplirán con su perverso propósito. Es apenas natural que los eventos masivos requieren de un mayor pie de fuerza y más controles. Para ello es necesario que la Policía Nacional disponga de un mayor número de agentes para la ciudad, al menos en los días de Carnaval, así como de un mayor número de equipos y de personal especializado. Respaldo total a las investigaciones de la Fiscalía General de la Nación. La captura de los autores intelectuales y materiales del atentado sería la respuesta más contundente a su acto criminal.

¡Ojo con la seguridad ciudadana!

Desde antes de que se presentara el atentado de ayer, Barranquilla venía mostrando severos problemas de seguridad, admitidos, inclusive, por el propio alcalde Alejandro Char, quien en varias oportunidades ha reconocido que ese es, precisamente, uno de los lunares de su administración. La ciudad vive una ola de atracos a buses urbanos, residencias y locales comerciales que tiene alarmados a sus habitantes. Las quejas a las autoridades son frecuentes y la respuesta por parte de estas no ha resultado efectiva. Hay bandas criminales que tienen azotados a algunos barrios de la ciudad. No es simple delincuencia común, es más que eso. Son organizaciones criminales muy bien estructuradas y con mucha capacidad de hacer daño. A ellas hay que combatirlas sin pausa. Deben recibir duros golpes que dobleguen su capacidad de acción y que les envíen un parte de tranquilidad a la ciudadanía. Hay que hacer una gran inversión social en los sectores más deprimidos de la ciudad que impida a cientos de jóvenes ingresar al mundo maldito de las drogas y el hampa. A ellos también la ciudad debe brindarles oportunidades de crecimiento personal, social y profesional. Ese espacio lo deben ocupar las instituciones, pues al no hacerlo lo copan las organizaciones criminales.

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