La Ley del ‘Montes’ | El baile de los que sobran

Por: Oscar Montes

@LeyDelMontes

¿Quiénes ganan y quiénes pierden al no consolidarse las alianzas electorales antes de la primera vuelta presidencial?

Este lunes quedarán definidas o descartadas las alianzas electorales de la primera vuelta presidencial. Y la verdad es que las cosas resultaron más difíciles de lo que los propios protagonistas pensaban. Ni por los lados de la derecha, ni por los lados de la izquierda, ni por el centro los acuerdos se dieron como se esperaban.

A pocas horas de vencerse el plazo para saber quién va a bailar con quién, nadie sabe cómo quedarán conformadas las parejas para la primera vuelta presidencial, el próximo 27 de marzo. ¿Qué pasó? ¿Por qué Marta Lucía Ramírez no quiere bailar con Iván Duque, si todos creen que hacen bonita pareja?

¿Por qué Sergio Fajardo le respondió por enésima vez a Humberto De la Calle que no insista, que él prefiere bailar con Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático y no con él, que es liberal? ¿Por qué De la Calle, despreciado por Fajardo, no quiere bailar con Petro, que baila muy bien los sones cubanos, al igual que el ex jefe negociador del Gobierno con las Farc? ¿Por qué Germán Vargas Lleras prefirió bailar solo la primera vuelta, corriendo el riesgo de quedarse sin pareja para la segunda? Veamos:

A la “feria de las vanidades” en que se convirtió la campaña presidencial, donde todos los candidatos y todas las candidatas juran que arrasarán en las elecciones de marzo, se sumó una buena dosis de cálculo político, que hicieron que aquello que se creía fácil terminara más complicado de lo que se pensó.

En principio la alianza menos complicada era la llamada del “No”, integrada por quienes se opusieron al Plebiscito promovido por el Gobierno para refrendar la negociación con las Farc. Esta alianza está encabezada por los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, quienes se pusieron en la tarea -cada uno por su lado- de buscar su propio candidato para la llamada “gran alianza”. Pastrana dijo de una: “Mi candidata es Marta Lucía Ramírez”, ex aspirante presidencial del Partido Conservador con una votación superior a los dos millones de votos en 2014, quien en esta oportunidad se inscribió por firmas. Uribe escogió su candidato, Iván Duque, por encuestas.

Hasta ahí todo iba bien. Pero surgió el nombre del exprocurador Alejandro Ordóñez -otro de los líderes del “No”-, quien preguntó a los expresidentes: ¿Y yo con quién voy a bailar? Su candidatura -al igual que la de Marta Lucía- también fue inscrita por firmas.

Y ahí fue donde la alianza que parecía invencible empezó a mostrar fisuras, pues Pastrana y Marta Lucía consideran que ningún candidato de la alianza puede tener inhabilidades, esté siendo investigado o haya sido condenado, que sería el caso de Ordóñez, investigado por denuncias de presuntos favorecimientos a magistrados de la Corte Suprema para que lo postularan al Ministerio Público. Pero, además, sostienen que fue el propio Ordóñez quien en un principio manifestó que no tenía interés en dejarse contar en dicha alianza antes de la primera vuelta.

Uribe terció en la discusión a favor de Ordóñez -con quien tiene excelentes relaciones, hasta el punto de que es invitado asiduo a todas las cumbres uribistas- y pidió incluirlo en la lista para definir el nombre del candidato de la alianza. En las próximas horas, Pastrana y Marta Lucía responderán la solicitud de Uribe.

El otro asunto que generó duros roces es el que tiene que ver con la forma cómo se escogerá el candidato o la candidata de la alianza: Duque -que salió elegido por encuestas- ahora dice que prefiere una consulta el próximo 11 de marzo, mientras que a Marta Lucía le gustaría que fuera por encuesta o por consenso, algo que hoy parece poco probable.

La alianza de la izquierda tampoco salió como se esperaba. Así como los amigos del “No” estaban todos del mismo lado, se creía que los promotores del “Si” estarían en un solo bando. Pero no ha sido así, al menos para la primera vuelta. Es bastante probable que para la segunda todos terminen en el mismo saco.

El primero que definió su situación fue De la Calle, quien derrotó a Juan Fernando Cristo en la famosa consulta liberal que nos costó $40.000 millones a los colombianos. De la Calle de inmediato pidió pista para hacer parte de la alianza conformada por Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo, quienes a su vez habían llegado a un acuerdo para encontrar su candidato. El acuerdo -que estuvo a punto de fracasar por un trino imprudente de López- definió a Fajardo como candidato presidencial, a Robledo como cabeza de lista al Senado del Polo Democrático y a López como principal escudera de Fajardo, con la expectativa de ser su fórmula vicepresidencial.

En un comienzo esta alianza buscó acercamientos con Petro -muy bien posicionado en las encuestas, al igual que Fajardo- quien mostró interés, pero condicionó un posible acuerdo al rechazo de Fajardo al respaldo económico que recibe del llamado “Sindicato Antioqueño”, principal financiador de su campaña. Fajardo -¡obvio!- mandó a decir que no. Petro decidió conformar su alianza con Clara López y con Carlos Caicedo.

De la Calle, entre tanto, sigue en la pista de baile y con la mano tendida, a la espera de que Fajardo lo acepte como parejo. Antanas Mockus, uno de los padrinos de Fajardo, le aconseja que baile con De la Calle y también con alias Timochenko, candidato presidencial de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). La madrina de Fajardo, Claudia López, le dice al oído que con De la Calle si, pero con Timochenko no, mientras le pega un codazo a Ernesto Samper, acompañante de De la Calle. Ante tanto asedio, Fajardo, que antes estaba indeciso, ahora también.

Una de las preguntas que surge en el actual escenario es: ¿Tiene gasolina suficiente -léase votos- Vargas Lleras para pasar a la segunda vuelta solo y sin ningún tipo de alianza?

Mientras las dos alianzas se muestran los dientes y se enfrascan en peleas internas que van a dejar heridas difíciles de sanar para la segunda vuelta presidencial, Vargas Lleras recorre el país exponiendo su programa de gobierno y trata de no meterse en los asuntos de los partidos distintos a Cambio Radical, que lo postuló como su candidato, hecho que no causó ninguna sorpresa. Lo sorprendente es que no lo hubiera hecho. La pelea de Vargas Lleras, por ahora, es con Petro, con quien sostiene un “rifi-rafe” en Twitter, desde hace algún tiempo.

Vargas Lleras escogerá pareja para la segunda vuelta

Las cuentas del exvicepresidente Germán Vargas Lleras están en pasar a la segunda vuelta. Por esa razón optó por no desgastarse en los asuntos internos de las dos alianzas, la de derecha y la de izquierda.

Vargas Lleras sabe que lo que hay que hacer antes de la primera vuelta es no causar heridas irreparables que impidan acuerdos en la segunda. Mejor dicho: lo único que no hay que hacer antes de la primera vuelta es cerrar puertas de manera definitiva. Punto. La única puerta que sí quiere cerrar es la posibilidad de que Petro llegue a la Presidencia, porque considera que ello significaría, sin duda alguna, la “venezolanización” de Colombia. “Hay que hacer hasta lo imposible, desde el punto de vista democrático, para evitar que ello suceda”, sostuvo recientemente. De ahí que haya decidido confrontar duro y sin compasión en la redes sociales al ex alcalde de Bogotá, quien responde con la misma intensidad. De pasar a una segunda vuelta para enfrentar al candidato del “Si”, Vargas Lleras contaría con la inmensa mayoría de los votos del “No” y de no pasar a la segunda vuelta, los votos de Vargas Lleras serían definitivos para el triunfo del candidato del “No”. En términos pragmáticos, no tiene pierde. Pero lo que no se puede desconocer es que el escenario de una “atomización de candidatos” de las dos alianzas en la primera vuelta, como ocurre en la actualidad, favorece las aspiraciones de Vargas Lleras, quien cree que en las parlamentarias de marzo saldrá muy fortalecido.

Petro quiere bailar con De la Calle, pero…

A Gustavo Petro le sucede como a esos mozalbetes que van a las fiestas de las quinceañeras con la pretensión de bailar toda la noche con una joven bien bonita. Pero resulta que a la que saca a bailar le dice que no, porque ella está a la espera de que otro de los jóvenes del baile se decida a bailar con ella. Traducción: Petro quiere bailar con De la Calle, pero De la Calle no quiere bailar con Petro, porque con quien quiere bailar es con Fajardo. Conclusión: ni Petro baila con De la Calle, ni De la Calle baila con Fajardo, ni Fajardo baila con Petro. Lo paradójico es que los tres respaldaron el “Si” durante el Plebiscito. ¿Si allá estuvieron juntos por qué ahora no hacen parte de la misma alianza? Porque una cosa es sumar votos para ganar un Plebiscito y otra muy distinta para ganar una elección. Mientras lo primero tiene una motivación altruista, lo segundo tiene una motivación egoísta. Allá el triunfo es colectivo, acá es individual. Allá priman los otros, acá prima el candidato. De los tres el más tranquilo es Fajardo, el más preocupado es De la Calle y el más ansioso es Petro. Si no hay una alianza fuerte, solo uno de los tres pasará a segunda vuelta. Por eso Petro dice, con razón, que: “O nos unimos o nos hundimos”. Pero, al parecer, como diría el desaparecido dirigente conservador, oriundo de Caldas, Gilberto Álzate Avendaño, hay quienes prefieren “hundirse con las luces encendidas”.

Duque y Ramírez, la distancia entre los dos…

Pocos pensaron que la alianza de los amigos del “No” resultara tan difícil. Pero salió más costosa de lo esperado. Desde las primarias uribistas, que ganó Iván Duque, quedaron abiertas heridas que no han cicatrizado, especialmente en las bases del Centro Democrático, donde la candidatura de Duque no fue recibida con entusiasmo. A ello contribuyeron algunos de sus jefes de campaña, quienes se encargaron de descalificar a varios de sus oponentes. La misma estrategia se trasladó a la hora de enfrentar a Marta Lucía Ramírez, a quien el senador José Obdulio Gaviria la puso a cargar el “farolito” de la carrera, mientras a Duque lo mostraba como sobrado de lote. En términos similares se pronunció el también senador Ernesto Macías. Esos gestos groseros y gratuitos para con una dama con una trayectoria y una hoja de vida brillante, obviamente, produjeron malestar en las huestes de la candidata. La respuesta de los asesores de Marta Lucía no se hizo esperar y Camilo Gómez aprovechó su viaje a Caracas para decir que mientras Duque enviaba mensajes desde Madrid, ellos estaban en Caracas denunciando al régimen chavista y alertando para que esa tragedia no se repita en Colombia. Otra bravuconería que solo sirvió para abrir la brecha entre Duque y Ramírez. Hoy las redes sociales son un campo de batalla entre unos y otros, cuyas consecuencias se verán en la segunda vuelta. Uribe y Pastrana, entre tanto, se mantiene expectantes.

Fajardo prefiere bailar el “Meneíto” solo

Según las cuentas de Fajardo, López y Robledo tienen los votos suficientes para pasar a la segunda vuelta sin problemas. Es decir, no requieren de un voto más, ni siquiera los de De la Calle, que los ofrece con generosidad extrema. El problema es que un desaire a De la Calle le puede salir muy caro para la segunda vuelta, cuando sí necesitará de los votos del jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana. Un portazo hoy le puede salir caro mañana. Por eso sus amigos se han encargado de aclarar que no hay nada contra De la Calle, sino que la alianza ya se conformó y que no hay espacio para más. El asunto es mucho más simple: a Fajardo le gusta el marrano, pero no el lazo. Es decir, le gusta De la Calle pero no una parte del liberalismo que lo respalda, encabezado por Ernesto Samper, el presidente del 8.000 y todo lo que ello representa. ¿O es que a Claudia López le gustaría salir en una foto al lado de quien ella considera uno de los jefes de la corrupción en Colombia? Si no tiene problemas, entonces que lo diga abiertamente. Igual pasa con Iván Cepeda, candidato al Senado por el Polo Democrático, a quien no quieren mostrar en la foto, porque ello “desdibujaría” la imagen que se tiene de Fajardo como candidato de centro y enemigo de las posturas radicales y extremas. ¿Comparte Fajardo -por ejemplo- la posición de Cepeda de respaldo al régimen de Venezuela? ¿Está de acuerdo con su visión sobre la propiedad privada y el uso de la tierra? Es evidente que a Fajardo le convienen los votos, pero no la foto con Cepeda.

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