Un año difícil para Peñalosa

Por Oscar Sevillano

El año 2018 no será nada fácil para el Alcalde Mayor de Bogotá Enrique Peñalosa quien debe pasar de la Bogotá vista en imágenes construidas en computador,  a la concreción de obras que son vitales para el Distrito Capital, cediendo un  poquito en sus posturas, si en verdad quiere terminar su período como burgomaestre.

Me da la impresión de que Peñalosa,  quien  cumple dos años  de su segundo período al frente de la ciudad de Bogotá, no ha comprendido todavía que hoy los ciudadanos no tragan entero, y que cualquier paso mal dado por pequeño que parezca, le puede salir bastante caro.

En entrevista para el diario El Tiempo el pasado 31 de diciembre de 2017, el mandatario capitalino aseguró que no le quitaba el sueño que las personas en la ciudad de Bogotá  no lo quieran. Parece que el Alcalde no alcanza a medir las consecuencias que le puede traer el menospreciar la opinión de los ciudadanos. ¿Será que el burgomaestre aun  no es consiente que tiene encima una amenaza de revocatoria del mandato?

Hasta el momento Peñalosa ha contado con la suerte de que el Consejo Nacional Electoral  no ha tomado una decisión frente  al informe del Fondo Nacional de Financiación Política (FNFP), que dice que en la contabilidad de los comités que promueven su revocatoria existe una posible violación de topes de financiación, señalando además una serie de irregularidades como  “ firmas que no coinciden;   facturas a nombre de empresas inactivas; transacciones no registradas en los libros contables o registrados a destiempo, y cheques que aparecen como donaciones, pero que iban para otras organizaciones”. El problema es que en algún momento el órgano de control tendrá que tomar una postura y el alcalde debe estar preparado en el caso de que esta no le favorezca.

Como están las cosas, estoy seguro de que si la revocatoria de mandato en Bogotá fuera mañana, Peñalosa saldría del cargo, no porque esté gobernando mal, sino porque en primer lugar,  los logros de su gestión a dos años de su segunda administración,  no se han materializado,  y en segundo lugar porque con las palabras que utiliza en sus discursos, parece empeñado en hacerse odiar por los ciudadanos.

En una opinión anterior para el diario El Espectador,  dije  que Peñalosa de manera constante,  debía  llamar a la  calma a los bogotanos,   porque los problemas que padece la capital, no se solucionan de manera inmediata, hecho que no lo entienden los ciudadanos del común. Enderezar el rumbo de la capital es un trabajo que va a tomar buen tiempo y los resultados de su gestión no se van a palpar en el corto plazo. Sin embargo, el Alcalde Mayor parece no haber escuchado totalmente el mensaje, porque solo se le vio pedir paciencia el día de su posesión en el cargo, cuando en medio de su discurso solicitó “no esperar milagros”. En adelante no lo volvió a hacer y reiteradamente ha dado muestras de soberbia en sus palabras, menospreciando a la opinión  pública y a la percepción que sobre él se tiene.

No entiendo como un mandatario que ve amenazada su permanencia en el cargo, en lugar de llamar a la calma y dialogar con las personas de una manera más cercana, se expresa reiteradamente de manera despreciativa. Para la muestra tenemos la reciente entrevista en  el diario El Tiempo. No se trata de que el Alcalde Mayor de Bogotá busque ser una especie de “Miss Simpatía”, ni que se dedique a ser populismo, pero tampoco  puede seguir jugando  a ser el Carlos Antonio Vélez de la política.

Por el bien de la ciudad Alcalde Peñalosa, modere sus palabras, dialogue y busque un mayor entendimiento con los ciudadanos quienes le pueden aportar ideas para enriquecer sus planes. Bogotá no está para revocatorias y de usted depende de que aquí no ocurra una hecatombe.

En pocas palabras, colabórese un poquito Alcalde.

@sevillanojarami

 

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