Ley del Montes: Querido Niño Dios…

Por Oscar Montes

@LeydelMontes

¿Qué nos dejó el año que termina en materia política y cómo será el 2018? Carta de Navidad con reclamo incluido.

Preciado Niño Dios, para empezar déjame aclararte que para mí siempre serás mi Querido Niño Dios. Nada de Papá Noel, ni mucho menos Santa Claus. Así que esta carta va dirigida a ti, que eres el “papá de los pollitos”, a los otros dos señores, con todo respeto, no los conozco. ¿Estamos?

Antes de hacerte mis peticiones para este año que está a punto  de comenzar, permíteme que te haga un pequeño reclamo: ¿Te llegó mi carta del año pasado? Te lo pregunto porque pareciera que no, a juzgar por los pobres resultados. ¡Nada contra la pobreza! ¡Nada contra la corrupción! ¡Nada contra la intolerancia! Te pedí que los políticos dejaran de decir tantas mentiras y tenga pa’ que lleve: este año salieron más embusteros que nunca. Ninguno se salva. Juan Manuel Santos ya tiene las maletas listas para viajar a Londres, donde compró apartamento en Notting Hill y todavía sigue escribiendo en mármol sus falsedades. ¿Qué tal la última? ¡Que Timochenko y compañía pagarán por sus delitos…!

Álvaro Uribe se encartó con los “cinco pollitos” y ahora nos quiere convencer de las bondades de Iván Duque, el joven elegido por su partido para suceder a Santos, otro que también fue ungido por Uribe en su momento. ¿Te acuerdas que Santos fue más uribista que Uribe? ¿No me digas que también se te olvidó? Sigamos: A Sergio Fajardo es difícil cogerlo en una mentira, porque como nunca se decide. ¡Qué susto! ¿Qué tal Vargas Lleras? Dizque jamás fue santista. ¡Hágame el hijue…madre favor! ¿Y Petro? Ahora resulta que el señor Petro nunca fue amigo de Chávez, ni conoce a Maduro. Y la doctora Marta Lucía Ramírez -que antes de ser uribista fue santista- ahora le da más garrote a Santos que el propio Uribe. Ahí están pintados.

Querido Niño Dios, perdona que te amargue el rato con este pequeño tirón de orejas, pero dime si no tengo razón: estos políticos nuestros son muy mentirosos. Así que para este 2018 que comienza dentro de pocos días espero que le bajen la dosis a tantos embustes, aunque lo dudo porque será un año electoral y ya me los imagino prometiendo puentes donde no hay ríos. ¿Te sabes el chiste? Un político llegó a un pueblo y comenzó a echar su discurso y cuando estaba en el clímax de su intervención, gritó desde la tarima: ¡pueblo sufrido, pueden estar tranquilos que yo sí les construiré el puente para que puedan cruzar el río! Y alguien del público le respondió: oyeeee, aquí no tenemos río. ¡No importa -le dijo el candidato-, yo les construiré el río!

Como el próximo año vamos a elegir Presidente o Presidenta, Querido Niño Dios, en mi carta de peticiones incluyo unas para que el sucesor o sucesora de Santos en la Casa de Nariño se ponga pilas y satisfaga mis exigencias, que son las de millones de colombianos. Ahora bien, si no puede cumplir con ellas, que lo diga de una vez para no hacernos ilusiones. Son peticiones muy sencillas y nada pretenciosas. ¿Qué tan difícil puede ser que dejen de decir mentiras? ¿O que sean más humildes? ¡Qué tal eso de decir que aquí el único decente soy yo!  Te pido que hagas que le bajen a la prepotencia y se unten de pueblo, pero no para la foto, sino por siempre. Que conozcan sus problemas, su tragedia, su dolor, sus tristezas y también sus alegrías.

Veamos, pues, mi Querido Niño Dios, mis peticiones para el próximo año:

De frente contra la corrupción

Querido Niño Dios, si en Colombia a quien nombraron para que combatiera la corrupción terminó preso por corrupto, ¿qué otra cosa podemos esperar? El Fiscal Anticorrupción, Gustavo Moreno, resultó un bandido de siete suelas y está a punto de ser extraditado hacia los Estados Unidos. En Colombia hay magistrados, congresistas, ministros, viceministros, empresarios y un largo excétera de presos por corruptos.

Ya perdimos la cuenta del número de escándalos que estallaron en el país en este año que termina. ¿Diez? ¿Quince? ¿Veinte? ¿Cincuenta? El nombre de Odebrecht quedó esculpido en letras de molde -¿escrito en mármol?- como símbolo de la corrupción que nos asfixia. Pero hay más: Reficar, carteles de la hemofilia y la educación en Córdoba, robos continuados y multimillonarios en los Programas de Alimentación Escolar (PAE) en Cartagena, sobrecostos en obras de infraestructura… Colombia, Querido Niño Dios, pierde al año $9.2 billones por corrupción. Somos uno de los países más corruptos de América Latina, donde lo que hay son países corruptos. ¿Será que este año que comienza si nos vas a dar una mano para eliminar la corrupción o para dejarla en sus justas proporciones, como diría Turbay Ayala? ¡A Colombia los ladrones la están saqueando por los cuatro costados! Así que toma atenta nota de esta petición y ponte serio en ayudar a solucionarla, que no pase como este año que te hiciste el loco y permitiste que los cacos se tumbaran miles de millones de pesos.

¿Y la tolerancia? ¡Más tolerante serás tú!

¿Tú sabes, Querido Niño Dios, que las muertes por intolerancia son mucho mayores que las que tienen que ver con el conflicto? De hecho, la intolerancia es el principal origen de la violencia en Colombia. En el país todos los años se denuncian más de 50.000 casos de violencia intrafamiliar y de ellos el 40 por ciento de las víctimas son mujeres. En un 90 por ciento de los casos, los agresores son los hombres. Se trata de cifras alarmantes, que deberían servir para definir políticas públicas que permitan poner fin a este flagelo. A propósito de este asunto, ¿cuál de los candidatos o candidatas presidenciales tiene una propuesta concreta para superar esta tragedia? Querido Niño Dios, con profunda tristeza te confieso que para los colombianos la vida -el bien más preciado que tenemos- no vale nada. A diario asesinan jóvenes llenos de ilusiones y de sueños, como Angello Alzamora, muerto hace muy poco en Barranquilla. Aquí nos matan por robarnos un celular o nos matamos en riñas callejeras nacidas de celos enfermizos. Nos visitó el Papa Francisco -me imagino que te contó detalles de su periplo por estas tierras- y nos llenó de gozo su presencia entre nosotros. Pero la dicha duró muy poco: otra vez nos estamos peleando como perros y gatos. La intolerancia política está en ascenso. No hay debates, hay bochinches. No hay controversia, hay injurias y calumnias. Ese es el escenario que nos espera en las elecciones de 2018. Te lo cuento para que después no digas que no te avisé.

¿Será que en 2018 vamos a bajar las cifras de pobreza?

Óyeme Querido Niño Dios, en estos días escuché una canción del Binomio de Oro sobre la Navidad que dice que en la casa de “Rufino se comieron un lechón, en cambio en la de Virgilio no hubo ni pa’ un chicharrón…”. Sabes que ese sigue siendo uno de nuestros grandes males. La pobreza, Querido Niño Dios, es nuestra tragedia. Hace poco en Santa Marta en el lanzamiento de Casa Grande Caribe -la apuesta más ambiciosa de la Región en toda su historia, iniciativa liderada por Adolfo Meisel, desde el Banco de la República- veíamos que el farolito en el cumplimiento de las metas para superar la pobreza y acabar con la iniquidad lo llevamos los departamentos de la Región Caribe. Pero también somos los de mayores índices de corrupción. Entonces la ecuación es mucho más simple de lo que pensamos: a mayor corrupción, mayor pobreza. Es decir, si tuviéramos menos corrupción, habría menos pobreza. ¿No te parece? En Cartagena, Querido Niño Dios, contaba Catalina Escobar, hay barrios donde los niños conviven todo el día con los cerdos y las niñas quedan embarazadas a los 11 años. Esa Cartagena no sale en las postales, ni en los catálogos de turismo. Pero existe. En Sincelejo el número de personas que viven en los barrios de invasión, conformados por desplazados por la guerra, es mayor que quienes viven en los barrios tradicionales de la ciudad. ¿Será que en 2018 lograremos partirle el espinazo a la pobreza y la miseria que nos agobia?

Una buena dosis de humildad no caería mal

Querido Niño Dios, te cuento que este año la palabra de moda fue impoluto. La pronunció Santos para dejar en claro que el único gobierno con funcionarios intachables ha sido el suyo. Pero le salió el tiro por la culata, porque la lista de “cuestionados” de su gobierno es bien larga y el rancho sigue ardiendo, como diría Marcos Pérez. Ahora los candidatos presidenciales también resultaron impolutos, unos más que otros. El que se cree más impoluto es Fajardo, que también se considera el más decente y el más modesto. Así como Augusto Roa Bastos escribió “Yo el Supremo”, Fajardo podría escribir “Yo el Decente”, para mostrar lo indecentes que podríamos ser nosotros si nos comparamos con él. Querido Niño Dios, tú que repartiste tantos dones, ¿porqué fuiste tan tacaño con los candidatos presidenciales en materia de humildad? La modestia les salió a deber a todos. ¿Por qué no han entendido que los últimos serán los primeros, menos en las encuestas? La soberbia y la prepotencia de quienes pretenden llegar a la Casa de Nariño es un mal síntoma, porque los muestra alejados de los humildes y los necesitados, que deberían ser su principal fuente de inspiración. Un candidato prepotente no será un buen gobernante. Un candidato que carece de humildad para reconocer sus errores, tampoco lo hará como Presidente. El mal gobernante ve la soberbia como una virtud y la humildad como un defecto. Punto.

Ilustración. El Heraldo

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