La injusticia sigue siendo para los de cuello blanco

Corrupción e impunidad van de la mano

Por: Gloria Zamora Patiño

Si entendemos la injusticia como la falta de justicia, a la vista de lo que ocurre en Colombia, debemos conceder plena validez a lo que afirmamos, cuando decimos que la ausencia de justicia se aplica de manera principal a los llamados delincuentes de cuello blanco y vestido de paño.

Esta es una imagen que desde el principio le resta peso a las acciones de estos educados delincuentes, que en nada se diferencian de los carteles de narcotraficantes, y que si miramos en cifras, ocasionan tanto o más daño social y muertes violentas, que las provocados por los capos de las redes que comercian con las drogas ilícitas.

Se parecen estos delincuentes en muchas de sus prácticas sociales, como que adquieren propiedades en Miami, organizan fastuosas fiestas, dan regalos desmedidos a sus hijos y los crían con la convicción y el ejemplo de que pueden hacer lo que les plazca, sin consecuencias. Ambos gozan de privilegios que no han obtenido por su propio y leal esfuerzo, adquieren mucho reconocimiento y una valorada posición social, en la cual confluyen muchas veces, de lo cual tenemos innumerables ejemplos en el pasado reciente de la narco-para-política, cruzada por la corrupción, que aún conserva sus tentáculos en algunas regiones del país.

Lo que resulta odioso, incomprensible, que falta al respeto y consideración de los ciudadanos honestos que construyen esta nación, es que sean precisamente estos personajes y prácticas las que se siguen enseñorando de lo público con una enorme o total impunidad, y a quienes se les aplica reglas y patrones diferentes que les reconoce una posición ventajosa en relación con el resto de la población.

Es lo que sentimos cuando nos informan que en el caso de corrupción más abultado de la región latinoamericana, el de Odebrecht, en el cual participa Colombia con U$11 millones, no avanzan realmente las investigaciones o se quedan en las ramas sin tocar el centro de la descomposición.  O nos informan que los delincuentes  de “cuello blanco” son sujetos de beneficios y ventajas logradas sobre el compromiso de decir la verdad, que muchas veces no pasa del mismo umbral de impunidad.

Indigna saber que mientras a un funcionario público, a quien se acusa de recibir US$6,5 millones de dólares, equivalente a la mitad de lo que circuló en Colombia para pagos de sobornos, reciba una condena de menos de seis años de cárcel por los delitos de celebración indebida de contratos, y enriquecimiento ilícito, ya que ayudó a que dicha empresa recibiera la adjudicación del contrato de infraestructura de Ruta del Sol Sector II. La condena incluye, para aumentar la ofensa ciudadana, el pago de una multa de $63 millones de pesos y una inhabilidad para ejercer cargos públicos de seis años.

Provocan mucha indignación estas negociaciones reportadas por la Fiscalía como victorias que más parecen favorecer al delincuente que a toda una sociedad víctima de estos delitos, sobretodo tratándose de un funcionario público que debe guardar con celo el manejo de los asuntos y dineros públicos, y tener un comportamiento ético y profesional.

Porque en efecto “ningún soborno pagado en estos grandes proyectos podría hacerse sin el conocimiento y aquiescencia de verdaderos profesionales, capaces y bien educados, además de la connivencia de funcionarios públicos y miembros de la sociedad”.

Queda mucho camino por recorrer para mostrarle al ciudadano de ruana y al funcionario honesto, que la justicia es estricta y ejemplarizante, con mayor razón en casos de servidores públicos que faltan a sus deberes.  Por el contrario, con estas condenas se evidencia que este tipo de delincuentes pueden seguir gozando de los dineros que hurtaron, y  después de tomarse un breve descanso, regresar a hacer lo mismo, pues la impunidad para los de cuello blanco está casi garantizada.

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