Ley del Montes: ¡Menos gritos y más debate!

Por Oscar Montes @leydelmontes

El discurso electorero de algunos candidatos contra la corrupción le baja el nivel a la controversia política, como ocurrió esta semana en el Senado y en la firma de la RAP.

Dos hechos ocurridos esta semana dejaron en evidencia el tono que tendrá la campaña electoral de 2018. Será altisonante, estridente y ruidoso, que es el que menos le conviene al país, pues de lo que se trata es de elevarle el nivel a la confrontación política y al debate público.

En efecto, el Senado de la República y la Universidad del Atlántico fueron escenarios de tristes, lamentables y bochornosos espectáculos, que convirtieron dos eventos trascendentales en tinglados de boxeo o enfrentamiento de marchantas. Ni el debate contra la corrupción, ni mucho menos la firma de la constitución de la Región Administrativa y de Planificación (RAP) del Caribe, merecían ser objeto de la vulgarización del lenguaje y el sabotaje.

El esperado debate anticorrupción -citado por los senadores y candidatos presidenciales Jorge Enrique Robledo y Claudia López- terminó convertido en una plaza de mercado, una gallera, donde lo único que parecía importar era quién utilizaba la palabra de peor calibre y quien violaba con mayor irresponsabilidad los linderos del código penal. El debate contra la corrupción nunca apareció. En su lugar lo que vimos fue la feria del “refrito” y las descalificaciones a los oponentes políticos. No hubo un solo aporte -por ejemplo- a las investigaciones por el pago de sobornos de Odebrecht. Ni uno solo.

De otra parte, el bochornoso y reprobable espectáculo protagonizado por un grupúsculo de estudiantes de la Universidad del Atlántico -aupados por politiqueros interesados en sembrar el caos y defender sus propios intereses- convirtió el evento más importante de la Región Caribe en su historia reciente, en una especie de batalla campal, que no solo puso en riesgo la vida de los invitados, sino que obligó a los ocho gobernadores de las Región Caribe a trasladarse a la sede de la Gobernación del Atlántico para protocolizar el nacimiento de la RAP.

Al acto asistieron el presidente del Senado, Efraín Cepeda, así como senadores de la Comisión de Ordenamiento Territorial del Senado de la República y el ministro del Interior, Guillermo Rivera, en representación del presidente, Juan a Manuel Santos, entre otras personalidades.

No era un evento político ni mucho menos electoral. Quienes desdibujaron su naturaleza fueron los vándalos que ingresaron a la fuerza al recinto, que con sus arengas y consignas mostraron la verdadera intención de la protesta: sabotear el nacimiento de la RAP del Caribe, sin duda el paso más importante de la Región por alcanzar una mayor autonomía política, administrativa y presupuestal, que es uno de los grandes propósitos de todos sus habitantes.

La lucha de la Región Caribe por una mayor autonomía que permita acabar con el actual modelo centralista, el mismo que fija derroteros y define políticas desde cómodos escritorios en Bogotá, no empezó ayer, ni tuvo -ni tiene- motivaciones politiqueras, como creen de forma equivocada los saboteadores de la Universidad del Atlántico y sus incitadores, muchos de ellos candidatos y candidatas presidenciales, interesados e interesadas en pescar en río revuelto.

La búsqueda de un derrotero que le permita a la Región Caribe una mayor equidad social y una menor dependencia del centralismo avariento y mezquino, tiene entre sus principales mentores a Orlando Fals Borda -fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional- es decir, una persona cercana a los afectos de la Universidad Pública en Colombia. La RAP es también producto de la lucha de Fals Borda por una Región Caribe más independiente y autónoma. Nada de eso les importa a quienes hoy se muestran como abanderados ocasionales de la lucha contra la corrupción.

La RAP Caribe es también producto de la voluntad de 2.502.726 hombres y mujeres del Caribe, quienes el 14 de Marzo de 2010 depositamos nuestro voto por una mayor autonomía regional. Ese hecho político sin antecedentes en la historia del país se llamó “El Voto Caribe” y sirvió para expresar nuestra inconformidad con un modelo político y administrativo centralista asfixiante, que atenta contra nuestro desarrollo y contribuye -sin duda- a los pobres indicadores en la lucha contra la desigualdad y la iniquidad. Eso tampoco les importa a los bochincheros de ocasión, muchos de los cuales ignoran lo más elemental de esta causa regional y por ello terminan siendo “idiotas útiles” de politiqueros en trance de candidatos y candidatas presidenciales.

De manera que a juzgar por estos dos episodios -el debate anticorrupción en el Senado y la firma de la RAP Caribe en Barranquilla- no hay dudas de que las campañas electorales del próximo año -regionales y presidenciales- serán mucho más agresivas de lo que se piensa. Nadie está dispuesto a bajarle los decibeles a sus gritos, pero -sobre todo- a asumir un comportamiento más responsable en su discurso.

Al parecer, la carencia de argumentos o el desconocimiento de asuntos relacionados con el manejo del Estado, hace que la ofensa personal y los improperios terminen por ganarle espacio a la reflexión y la sensatez. ¿Qué ocurrió en el debate anticorrupción y qué hay detrás de quienes pretendieron sabotear la firma de la RAP en Barranquilla?

Claudia López: todos corruptos, menos los míos

La corrupción es el cáncer nacional. No es novedad decirlo. Pero la mejor manera de luchar contra la corrupción es soportar con pruebas todas y cada una de las denuncias que se hacen. Decir que todos los congresistas son corruptos -menos quienes hacen esa aseveración- es una enorme irresponsabilidad. Es un discurso incendiario que satisface a la galería, pero en nada contribuye a combatir la corrupción. Todo lo contrario: termina justificándola. Decir -por ejemplo- que Cambio Radical es una “empresa criminal”, como afirmó la candidata Claudia López, porque miembros de ese partido están siendo investigados o procesados por instancias judiciales, no es responsable. Atenta contra la legitimidad de la causa anticorrupción, señalar a los demás partidos de corruptos, pero ignorar que dentro del Partido Verde -el de la candidata López- hay un ex alcalde y un gobernador que también están siendo investigados por supuestos actos de corrupción. La corrupción -para derrotarla- no se puede justificar desde ningún punto de vista. Ni político, ni personal, como sucede cuando la candidata López señala al gobierno de Juan Manuel Santos de corrupto, pero ignora que dos de sus ministras -Gina Parody y Cecilia Álvarez, amigas de López- están siendo investigadas por presuntos actos de corrupción. Ese comportamiento no es serio y habla muy mal de quien aspira a estar al frente de la jefatura del Estado. De esta forma el indudable valor de López al asumir la causa anticorrupción pierde legitimidad y fuerza, pues es evidente que no mide con el mismo rasero a amigos y enemigos.

Jorge Enrique Robledo: ¿cuándo hablará de los Moreno?

Jorge Enrique Robledo es uno de los senadores más estudiosos del país. Es un congresista serio que tiene muy bien ganado su prestigio frente a sus colegas. Su lucha contra la corrupción ha sido valiente. Es uno de los candidatos presidenciales mejor preparados. Conoce como pocos el sector cafetero, donde su voz es oída con atención y respeto. Ha sido abanderado de las denuncias contra el fiscal Néstor Humberto Martínez por el asunto de Odebrecht. En el debate del Senado las reiteró. Pero cada vez que Robledo habla de corrupción sus contradictores le recuerdan su silencio durante el mandato de Samuel Moreno Rojas como alcalde de Bogotá. Moreno -condenado a más de 20 años de cárcel por el llamado escándalo del “carrusel de la contratación en Bogotá”- llegó al cargo con el Respaldo de Robledo y del Polo Democrático Alternativo, su partido político. El silencio de Robledo durante la administración de Moreno Rojas, la más corrupta de los últimos años en Bogotá, le ha salido muy costoso. Y la razón para ello es la misma del caso López: uno no puede condenar la corrupción de los demás y justificar la de los amigos o los aliados políticos. Punto. Robledo sostiene -con toda razón- que las responsabilidades penales son de carácter individual. Ese argumento debería servir también para sus contradictores políticos, muchos de los cuales se quejan de ser metidos tanto por Robledo como por López en el mismo saco con los verdaderos corruptos.

La lucha por una verdadera autonomía de la Región Caribe

Quienes sabotearon la firma de la RAP en la Universidad del Atlántico le hicieron un enorme daño a una de las causas más importantes de la Región Caribe en toda su historia. De ello puede dar fe el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano De la Rosa, quien como Constituyente de 1991 fue uno de los redactores de los artículos 306 y 307, que sustentan la descentralización del país mediante el fortalecimiento de las regiones. Él hizo parte de un grupo de dirigentes del Caribe que lideraron ese propósito. Son ellos: Orlando Fals Borda, Juan B. Fernández Renowitzky, Héctor Pineda, Raimundo Emiliani, Carlos Daniel Abello, Eduardo Espinosa Faciolince, Hernando Herrera Vergara, Jesús Pérez González-Rubio, Julio Salgado Vásquez, Guillermo Guerrero, Carlos Rodado Noriega. Dentro de ese grupo había intelectuales, voceros de la academia, de los medios de comunicación, de los partidos políticos y de grupos guerrilleros desmovilizados. Todos dejaron de lado intereses partidistas e hicieron causa común por el futuro de la Región Caribe. No hubo mezquindad de ninguna clase. Luego la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial 1554 de 2011, estableció en sus artículos 10 y 30 que dos o más departamentos pueden constituirse en Regiones Administrativas con Personería Jurídica, Autonomía y Presupuesto.

El Voto Caribe: la burla centralista a un hecho político

El Voto Caribe ha sido uno de los hechos políticos de la Región Caribe en los últimos años. El 14 de marzo de 2010 más de 2,5 millones de hombres y mujeres expresamos en las urnas nuestro deseo de poder gozar de una mayor autonomía e independencia del centralismo bogotano. No obstante, ese hecho político no tuvo efectos jurídicos vinculantes. Ese enorme esfuerzo que movilizó a la Región y que -como había ocurrido con la Constitución del 91- hizo que todos nos uniéramos en una sola causa, terminó siendo burlado por quienes consideraron que el Voto Caribe no fue más que un “ejercicio pedagógico”. Esa burla se cocinó en la cumbre de candidatos presidenciales en Valledupar. El revés -sin embargo- sirvió para seguir con más fuerza en la lucha por una mayor autonomía regional. Dos años después de constituida la RAP, se creará la Región Ente Territorial (RET), también por la Comisión de Ordenamiento Territorial del Congreso de la República, que deberá ser refrendada dos años después en un referendo. La creación del ente territorial y todo lo que significa en materia de autonomía y manejo de presupuesto, contribuirá -sin duda- a superar la pobreza y hacer más equitativa a una región que tiene el 22% de la población total del país, pero que solo tiene participación en el 14% del PIB. Esa iniquidad es la hay que dejar atrás en una región donde el 49% de sus habitantes viven en la pobreza y el 28% de ellos lo hacen en la pobreza extrema.

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