Tumaco

POR GUSTAVO ALVAREZ GARDEAZABAL

Ahora que está de moda hablar sobre Tumaco y proponer desde Bogotá fórmulas sobre esa tierra particularísima de nuestra geografía, valdría la pena recordar un poco todos los fracasos que por allá se han dado y proponer soluciones acordes al temperamento de las gentes que la habitan y no a los designios de los sabios escritorios santafereños.

En Tumaco se vivió por siglos de dos elementos, la pesca y el oro. Existía la isla de Bocagrande ( que se tragó el maremoto)para ilusión de los pescadores, y ríos arriba, desde Barbacoas, fundamentalmente, el oro para ser vendido a la orilla del mar.Pesca y comercio.Paisaje e ideas y un aislamiento físico con Pasto terminaron por generar inversionistas caleños para montar bananeras,palma africana y camaroneras,que dizque se daban prodigiosamente en esa selva húmeda y esa pereza génetica. Lo conocí en detalle porque un sobrino de mi padre hasta barco bananero tuvo y un hermano de mi madre era el gran gurú de los camarones, pero me convencí del embrujo cuando descubrí la tumba del bisabuelo debajo del altar del cementerio de Ricaurte, donde había muerto de tifo negro siendo oficial de rieles del ferrocarril que nunca construyeron entre Pasto y Tumaco.

Al banano y a la palma les cayó la pudrición de cogollo.Al camarón la bacteria blanca.Al oro los helicópteros que se lo llevan a Cali .No les quedó más que sembrar coca. Pero como también está maldita,( o la fumigan con glifosato gringo o la envenenan con balas ambiciosas), Tumaco vuelve y se hunde en las sombras de su propia maldición.

Me cuentan que el camarón podría volver a ser competitivo si lo cultivan en períodos donde la bacteria no aparece.Es una esperanza para tanto sabio bogotano que no conoce Tumaco.

PUBLICADO EN ADN

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