10 pasos para lograr un blindaje poroso

El único blindaje estable será el que se derive de hechos inequívocos de paz por parte de las Farc.
Por: Juan Lozano
Primero: viole el espíritu y la letra del Estatuto de Roma consagrando un régimen que permita que criminales de lesa humanidad no paguen ni un solo día de cárcel y procure no hacerles caso a las advertencias del Fiscal General de la Nación o, cuando menos, tomarle el pelo.

Segundo: péguese de declaraciones ambiguas de juristas ambiguos para sostener que sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en esta tierra bendita, país del Sagrado Corazón de Jesús, la Corte Penal Internacional no adquirirá nunca competencia porque nuestro laureado jefe de Estado es también premio nobel de la paz.

Tercero: contrate, por jugosos honorarios, abogados con acentos preferiblemente extranjeros para que diseñen una jurisdicción especial que haga simultáneamente las veces de antifaz ante los rostros de la impunidad y de garrote para amenazar a quienes discrepan de las posturas oficiales.

Cuarto: firme unos acuerdos en Cartagena para que el pueblo decida si los acepta o no y, una vez el pueblo los haya rechazado, móntese un ‘show’ en el teatro Colón para volverlos a firmar sosteniendo que son distintos.

Quinto: afine una sonora orquestación de ‘mermelada’ prémium para que, a ritmo de pupitrazo sinfónico, un puñado de congresistas refrende aceleradamente lo que el pueblo había negado. Por ningún motivo vuelva a consultar a los ciudadanos.

Sexto: nombre por lo menos media docena de funcionarios en cargos con denominaciones rimbombantes, oficina en Palacio o similares, vehículo oficial y una fascinación por asistir a foros, seminarios, simposios, tertulias, encuentros, mesas redondas y paneles que los mantengan suficientemente distraídos de sus tediosas tareas asociadas con la implementación de los acuerdos. Logre así la anarquía perfecta para que nadie mande, nadie obedezca y nadie cumpla. Monte el piloto de la anarquía en Tumaco.

Séptimo: asígnele a todo el gabinete ministerial la delicada misión de desvirtuar a punta de errores sectoriales cualquier logro significativo que haya conquistado el proceso de paz, como, por ejemplo, la desmovilización de un gran número de combatientes o la entrega de un número elevado de armas. Tarea sencilla: que no se noten los logros. Habrá excepciones, por supuesto, porque, a pesar de los esfuerzos, todavía subsiste uno que otro funcionario competente en los altos cargos.

Octavo: haga todo lo necesario para justificar el crecimiento de los cultivos ilícitos, la perseverancia de estructuras narcotraficantes, el no retorno de niños reclutados, el intercambio de brazaletes y el advenimiento de nuevas criminalidades. Aférrese como gato en cortina a eufemismos como ‘grupos residuales’ o ‘disidencias’ para poder desviar todas las culpas.

Noveno: estimule todos los actos de provocación, todos los gestos irritantes, todas las comparecencias urticantes al Congreso de quienes deben someterse a la Jurisdicción Especial de Paz antes de que lo hagan para que el país se vaya acostumbrando a los beneficios que les fueron concedidos. En este punto, lo más importante es lograr que mucha gente se enfade, se devuelva a los viejos odios, reviva películas ya vistas, retroceda en el tiempo y desande cualquier esbozo de reconciliación. Póngales limón a las heridas colectivas. Mucho limón. Y agréguele sal y pimienta.

Décimo: induzca una lectura errada de un fallo de la Corte Constitucional para hacerle creer al país que quedó completamente blindado un régimen que podrá ser cambiado mañana por una reforma constitucional aprobada por una nueva mayoría parlamentaria. Hágase el desentendido cuando le digan que el único verdadero blindaje exige el cumplimiento pleno de las obligaciones recíprocas y la certeza colectiva, derivada de acciones verificables, de que la negociación favoreció a todos los colombianos y no solamente al Gobierno y a los guerrilleros que la firmaron.

JUAN LOZANO

TOMADO DE EL TIEMPO

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