LEY DEL MONTES | Maduro gana, aunque pierda

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

Las elecciones regionales de Venezuela servirán para que el chavismo mida fuerzas con una oposición dividida, que llega a las urnas con el ánimo en el piso luego de “perder la calle”.

Nicolás Maduro es de lejos el presidente más incompetente y corrupto de América Latina. Eso no está en discusión. Le gana por varios cuerpos a los demás mandatarios incompetentes y corruptos de la región, que ya es mucho decir, porque si algo tenemos por estos lados son presidentes incompetentes y corruptos. Pues bien, Maduro no tiene rival en esas dos categorías.

Pese a ello, Maduro ha dado muestras de ser mucho más astuto que la oposición de Venezuela, que no ha podido derrotar a un presidente que tiene una desaprobación del 80 por ciento. Ni la ONU, ni la OEA, ni Trump, ni Uribe, ni ahora Santos. Nadie ha podido con Maduro, lo que demostraría que es menos incompetente de lo que parece. O por lo menos no es tan incompetente como aquellos que han querido derrotarlo y no han podido.

El secreto de Maduro para quedarse es muy simple: divide para reinar. En eso es alumno aventajado de su mentor Hugo Chávez, que derrochó todas las bonanzas petroleras para fracturar a América Latina entre pro-chavistas y anti-chavistas. Ahora, en época de vacas flacas, Maduro tiene dividida a Venezuela entre quienes quieren que se quede y quienes quieren que se vaya.

Y por increíble que parezca, los segundos –que son la inmensa mayoría– no han podido derrotar a los primeros. Hoy la oposición buscará quedarse con la mayoría de las 23 gobernaciones del país, pero ello –de alcanzarlo– no pasará de ser un triunfo simbólico, pues ya Maduro dijo que todos los que resulten elegidos deberán supeditarse al poder de la Asamblea Constituyente, estrambótica figura que sacó del cubilete para darle un golpe de estado a la Asamblea Nacional, dominada por la oposición.

Es decir, las elecciones regionales de hoy en Venezuela no son más que un premio seco para una oposición timorata y mezquina, que desaprovechó la oportunidad de ganarse el premio mayor, cuando tuvo a más de medio país en las calles exigiendo la salida del ‘dictador’. Esos tiempos no volverán. Esa ‘oportunidad de oro’ no se repetirá, y quienes deben responder por ese fracaso son los dirigentes de la MUD, encabezados por Henry Ramos Allup y Julio Borges.

A pesar de que el chavismo perdió el respaldo popular, nadie garantiza que la oposición se quede hoy con la mayoría de las gobernaciones. La razón es muy simple: quien contará los votos será el propio Maduro, por interpuesta persona, encarnada en la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, ejemplo vivo del servilismo hacia Maduro y Diosdado Cabello, sus verdaderos jefes. Tibisay será, pues, quien defina las gobernaciones venezolanas.

Maduro siempre se ha salido con la suya. Para empezar, las elecciones regionales de hoy debieron celebrarse en diciembre pasado, pero no las convocó porque sabía que perdería casi todas las gobernaciones, como había perdido la mayoría en la Asamblea Nacional. Entonces sacó un decreto presidencial y se pasó por la faja la voluntad popular. Ahora sí lo hizo, porque sabe que tiene la situación bajo control.

Para ello cuenta con la incondicional Tibisay Lucena y con el Tribunal Supremo de Justicia, la otra perversa figura que se ha prestado para todas las ‘aberraciones democráticas’ de Maduro y Cabello, entre ellas las de partirle el espinazo a la Constitución Bolivariana y violentar la soberanía de la Asamblea Nacional, hasta el punto de anular todas sus resoluciones. Este hecho llevó a la fiscal general, Luisa Ortega –más chavista que Maduro y Cabello juntos– a salir despavorida de Caracas, cuando descubrió que su libertad y su vida corrían peligro. Hoy Ortega recorre el mundo denunciando los abusos del régimen chavista, el mismo al que sirvió por mucho tiempo.

De manera que con el poder electoral y el judicial en sus bolsillos, Maduro ganará hoy, aunque pierda. La oposición mordió el caramelo ofrecido por Maduro, perdió la unidad interna y –algo peor– perdió la calle, que se había ganado a pulso al ponerse del lado de los millones de venezolanos que repudian el régimen chavista, entre ellos miles de estudiantes que salieron a protestar, solo protegidos por escudos de cartón. Decenas de ellos dieron su vida y hoy sus compañeros se sienten traicionados.

¿Qué pasará con la oposición venezolana hoy en las elecciones regionales? ¿Qué pierde Maduro si el chavismo es derrotado en la mayoría de los estados? ¿Qué pasará con la Asamblea Constituyente?

¿Qué pasó con la oposición venezolana?

Maduro y sus aliados políticos supieron tenderle muy bien la trampa a la oposición venezolana, representada en la Mesa de Unidad Nacional (MUD). Y la oposición cayó mansa en ella. Después de arrebatarle la calle con una represión implacable que dejó más de cien muertos, convocó a elecciones regionales, que era una de las peticiones de la oposición. La oferta rompió la unidad de la MUD, pues varios de sus dirigentes pisaron la cáscara y aceptaron el ofrecimiento, entre ellos Henry Ramos Allup. Los otros se mantuvieron firmes en su deseo de no participar en ninguna elección convocada por Maduro, argumentando falta de garantías.

El enfrentamiento se tradujo en un enorme desencanto de la población con la oposición, pues consideran que en varios de ellos primó la ambición personal. De hecho, la abstención proyectada para hoy supera el 40 por ciento. Quienes decidieron participar alegan –por su parte– que es peor marginarse de las elecciones, pues con ello le dejan el camino expedito al chavismo para que se quede con todas las gobernaciones, y ese escenario sería peor.

Algo parecido a lo que sucedió cuando en tiempos de Chávez dejaron que el chavismo tuviera la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional. Quienes se marginaron de las elecciones de hoy alegan, además, que si participan entonces están legitimando un régimen que carece de legitimidad. ¿Cómo van a someterse –dicen ellos– a unas reglas de juego en las que no creen? ¿Cómo van a participar en unas elecciones cuyos resultados serán verificados por un régimen corrupto carente de toda legitimidad, al que combaten en su calidad de opositores?

¿Qué debe hacer la comunidad internacional?

Luis Almagro, secretario general de la OEA, es el único vocero de los organismos internacionales que tiene puesta la camiseta por la recuperación de los valores democráticos en Venezuela. Nadie más. Y lo cierto es que no es mucho lo que los otros puedan hacer. La suerte de Venezuela la tienen que definir los venezolanos.

Lo que pueden hacer los organismos internacionales es lo que han hecho, unos de una manera más tímida que otros: invitar a los venezolanos a votar para que expresen su aprobación o su inconformidad con el régimen chavista. La otra opción que tienen es promover la abstención, pero ella en nada contribuye en el propósito de recuperar los valores democráticos de Venezuela.

Es decir, si de lo que se trata es de recuperar la democracia en Venezuela, es mejor votar que no votar. Otra cosa es que ese voto no sea reconocido, sea ignorado o manipulado por quien se va a encargar de contabilizarlo. Esa es otra discusión y ella tiene que ver con la transparencia del sufragio. Pero sin duda una votación masiva a favor de la libertad de expresión y que promueva la defensa de los derechos humanos se convertiría en un hecho político muy difícil de ocultar por parte del régimen chavista. Su impacto sería imposible de soslayar, aún por el propio Maduro. No obstante, dada las actuales circunstancias, ello es muy difícil que ocurra.

Con cara gana Maduro y con sello pierde la oposición

El solo hecho de que la oposición participe en las elecciones de hoy es un triunfo para Maduro. Ello habla de una ‘democracia participativa’ en la que todos los partidos políticos –incluyendo a los opositores– pueden poner sus candidatos a consideración de los votantes. Y ahí están los aspirantes opositores buscando ser gobernadores.

Maduro y el chavismo serían perdedores si hoy solo estuvieran participando candidatos chavistas. Ello les garantizaría quedarse con todas las gobernaciones, pero de una forma ilegítima, pues la oposición podría alegar que la falta de garantías obligó a sus candidatos a abstenerse de participar. Hoy Maduro gana con cara y con sello pierde la oposición.

Es decir, si el chavismo pierde la mayoría de las gobernaciones, como podría ocurrir, dada su desfavorabilidad en las encuestas, de todas maneras dichos gobernadores estarán supeditados a la voluntad de la Asamblea Constituyente, que es toda chavista, organismo presidido por Delcy Rodríguez, tan servil a Maduro y Cabello como la mismísima Tibisay Lucena. Pero, además, Maduro cuenta con la complicidad del Consejo Nacional Electoral, que tiene la capacidad para convertir una estruendosa derrota en un decoroso revés. En Venezuela vota el pueblo y elige el Consejo Nacional Electoral. Así de simple.

De manera que no hay forma de que Maduro pierda hoy en Venezuela. A diferencia de lo que ocurría hace algunos meses, cuando las calles eran campos de batalla y la comunidad internacional entendió la tragedia de los venezolanos.

Santos, ¿el nuevo mayor enemigo de Maduro?

Escuchar a Juan Manuel Santos decir que el gobierno colombiano desconocerá los resultados de las elecciones de hoy en Venezuela parece un chiste. Un mal chiste. Santos fue durante muchos años uno de los grandes defensores del régimen chavista, tan corrupto antes como ahora.

El Maduro inepto, corrupto y déspota de hoy es el mismo inepto, corrupto y déspota de ayer. Punto. Otra cosa es que Santos se callara la boca y se tragara ese sapo por pura conveniencia política, pues Maduro era ‘garante’ de la negociación de paz con las Farc en La Habana.

Es decir: era útil para Santos. Ya no lo es. Ahora a Santos le resulta más útil Donald Trump, y por ello la emprende contra Maduro, tratando de ganar puntos con Trump, que lo tiene en la mira por cuenta de las 260.000 hectáreas sembradas de hojas de coca. Ese es Santos. La suerte de Venezuela en manos de Maduro le importa tanto como el embarazo de los marcianos: un bledo. De manera que el ‘Premio Nobel de Paz’ no intercede de forma altruista por la democracia de Venezuela.

Para ello necesita deslegitimar cada día más a Maduro. Este Santos que hoy despotrica contra Maduro es el mismo que se negó a recibir a opositores venezolanos, como Henrique Capriles y María Corina Machado, en tiempos de las negociaciones con las Farc en La Habana. Las cosas hay que decirlas como son: ni Maduro ni Santos han cambiado. Siguen siendo los mismos.

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