¿Qué culpa tiene el sistema TransMilenio?

Por Fernando Mendoza

Algo que queda en evidencia en cada protesta o marcha que se hace en Bogotá, es la falta de amor hacia la ciudad de parte de sus habitantes, quienes en esta jornadas,  no contentos con dejar las calles y avenidas llenas de basura, la emprenden contra las estructuras del sistema TransMilenio,  como si este tuviera la culpa de las fallas del Estado para cumplir con su responsabilidad.

Prueba de lo anterior es lo ocurrido en la última manifestación de estudiantes de las universidades Nacional, Distrital y Pedagógica, donde aparte de bloquear las troncales, perjudicando a los pasajeros, rompieron los vidrios en  algunas estaciones y en otras las rayaron con grafitis.

¿Es esta la manera de manifestar la inconformidad con el sistema de educación superior público en Colombia?; ¿tiene algo que ver el sistema TransMilenio con la falta de inversión en las universidades públicas?; ¿Es por culpa de los buses articulados que existe desinterés de parte del Gobierno Nacional para mejorar la calidad en la educación superior de carácter público en Colombia?

No se puede desconocer que en Bogotá existe descontento en la mayoría de los ciudadanos por las evidentes fallas que presenta el sistema TransMilenio, pero entonces porque no hacer parte de la solución a los problemas que este padece, en lugar de hacerle víctima del vandalismo de algunos cuantos saboteadores de oficios que se mezclan en las marchas que nada tiene que ver con este asunto, con el fin de hacer daño.

Está bien que la ciudadanía se manifieste cuando algo le moleste, pero porque no hacerlo de una manera que no perjudique a nadie y que no destruya la infraestructura de la ciudad. ¿Quién dijo que para que lograr mejores cosas,  es necesario destruir lo poco que se ha logrado? Con esa forma de proceder solo estamos demostrando que en el fondo tenemos una mente tan perversa,  como la de quienes comandaron la guerrilla de las Farc.

Es muy fácil destruir, y en eso los colombianos somos profesionales, pero construir y ser parte de la solución es una misión que nos ha quedado bastante grande, y el mejor ejemplo de lo anterior es lo que ocurre en Bogotá, una ciudad donde el desamor de sus habitantes hacia ella es algo innegable.

Ese desamor hacia la ciudad se hace evidente en la manera en que su población se rehúsa a aceptar que TransMilenio a pesar de los problemas que tiene, presta un buen servicio y prefiere dejarse llenar la cabeza de intriga de parte de un sector político en la capital, que utiliza el sistema como caballito de batalla,  para no dejar trabajar y opacar de paso todo lo que desde la Administración Distrital planea ejecutar para mejorar su funcionamiento.

También la Administración es culpable, eso no se puede desconocer, porque no ha sabido comunicar los planes que se piensan llevar acabo, ni ha encontrado la manera de acercar a los usuarios al sistema, no solo haciéndole partícipes de las soluciones que se plantean, sino además encontrando la manera para llegar a ellos.

Siempre he considerado la protesta pacífica como un medio legítimo para manifestar los descontentos sociales que se tienen ante el desinterés del Estado por solucionar las falencias que existen en el país, una de esas, la cobertura en la educación superior y la calidad en el pensum, pero me disculparán señores, para demostrar el descontento ciudadano, no es necesario acudir a las prácticas de un vándalo o de un delincuente, que solo le interesa destruir.

 

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