La Cizaña

El Ojo del Halkón

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

 En medio del zafarrancho y de cantidad de noticias, unas más negativas que positivas de la semana que termina, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez le colocó la cerecita al pastel cuando se atrevió a hablar por sus mensajes de Twitter, medio que se ha vuelto para él su trinchera, para atacar a los que considera sus enemigos. Sería de tal magnitud ese broche de oro que la opinión pública y hasta sus seguidores quedaron de una sola pieza como diría mi tía, al leer la denuncia hecha por el ex mandatario, ahora senador y aspirante a la vicepresidencia de la república, (según Rosario Guerra de la Espriella), cuando dijo que el periodista Daniel Samper Ospina es un violador de niños, denuncia bastante grave y más si no se tiene pruebas de lo que se dice, porque uno no puede ir por el mundo hablando mal de los demás, deshonrando y acabando con el buen nombre.

En una oportunidad escuché a mi abuelo muy serio y enfadado, porque oía que dos señoras chismosas rajaban de otra a lo que mi abuelo replicó “carajo, dejen a esa señora quieta y recuerden una cosa, hablar de una persona es tan delicado, porque se acaba con su honra y luego para decir a los demás que es falso lo que se dijo es bastante difícil y recuerden, es más fácil devolver un dinero que se ha robado que reponer la honra de una persona.

Sé que esta columna no le va a gustar a mucha gente, pero como decía mi abuelo, estoy con el apellido arrebatado y es por estar defraudado de una persona que cuando la conocí, tanto personalmente como en mi profesión de periodista, creí que fuera a hacer una gran labor por el país y más cuando comenzó la lucha para erradicar la violencia del territorio patrio. Pero que equivocado estaba, a este señor solo le importaban sus intereses personales y no entiendo porque cambió, aunque espero estar equivocado de que ese haya sido su estilo desde siempre que para lograr las cosas tuviera que hablar de las equivocaciones de los demás.

En una columna de hace aproximadamente un año hablé del hombre y de Álvaro Uribe Vélez que necesitaba el país y fui claro en decir que se necesitaba un orientador, a un hombre con ideas claras y que presentara soluciones a los problemas del país; pero luego de salir de la presidencia de la república por cumplimiento del segundo mandato constitucional al doctor Uribe lo invadió el odio y el rencor, porque se sintió traicionado por el actual presidente Juan Manuel Santos, a quien creía que iba a estar poniendo la cara ante el país para él seguir gobernando y Santos no aceptó ser el títere e ingrato o no, tomó su camino e izó las banderas para sacar adelante el proceso de paz con las FARC, el que no voy a entrar a calificar ni de bueno ni de malo en este momento; pero nunca creí que Álvaro Uribe Vélez cayera en los mismos errores de Andrés Pastrana Arango quien con sus pataletas quiso que el país hiciera lo que a él le antojaba, pero que perdió el tiempo en su intento.

Estamos en este momento igual o peor que cuando yo tenía 8 años, el odio entre los colombianos era tal que muchas veces hasta la iglesia terció para decir equivocadamente que matar liberales por parte de los conservadores no era pecado y ahora no se dice, pero se divide al país y ya no es una guerra entre conservadores y liberales sino entre uribistas que quieren acabar con los santistas, porque no pudieron figurar en la foto de la firma del proceso de paz.

El proceso de paz no ha terminado, está en su punto álgido en donde se necesita de todos, y hasta de Álvaro Uribe Vélez; pero de un Álvaro Uribe que en vez de sembrar el odio y de difamar a quienes no considera sus amigos busque soluciones para que el país siga adelante y que se olvide de esa orfandad de poder que es la que lo hace sentir tan mal.

Espero que Juan Manuel Santos, como ha dicho, se aleje a las toldas de reposo como cualquier buen ex mandatario y que dé la oportunidad para que se gobierne conforme a la democracia y al respeto a las leyes; que fue lo que debió hacer el ex presidente, ahora senador Uribe Vélez.

No hay que desconocer que el hombre tiene cualidades de líder; pero hay que recordar que muchos grandes hombres de la historia no han utilizado su inteligencia y sus capacidades para hacer el bien sino para sembrar el terror y dividir a los pueblos.

Sino fuera periodista diría con tristeza que este no es el país que quiero heredarle a mis nietos y a los jóvenes colombianos; porque da tristeza y mal genio leer los mensajes en las redes sociales en donde se nota la polarización y el odio entre los colombianos.

Eso de estar andado por el mundo hablando mal del país, daría en cualquier familia paisa, como lo debe saber el doctor Uribe el que uno de esos viejos patriarcas de los cuales somos herederos nos hubieran desheredado.

Es bueno bajar el tono, es bueno hacer un pacto de paz personal y es bueno sentarnos a pensar y a mirar en el horizonte si es que nos importa dejar una patria llena de sangre y de odio o de prosperidad para las futuras generaciones.

Corrupción, falta de justicia, de respeto a mayores y a niños, al igual que las instituciones es lo que nos carcome en este momento. Nunca pensé que a mi mayoría de edad iba a vivir una situación como esta; porque como dije esperanzado en uno de mis escritos hace un tiempo, me iría muy feliz de este mundo terrenal al ver que la paz había llegado a mi pueblo; pero por lo que veo eso va a ser imposible.

Da vergüenza la forma en que se hace política actualmente, no presentando proyectos y soluciones sino rajando y terminando con los demás como mujeres chismosas o también hombres chismosos porque existen, quienes son felices haciendo el mal y recuerdo ahora lo que me comentaba una amiga hace unos días sobre uno de los personajes que hace parte de la tira cómica francesa Asterix y Obelix, Caius Detritus, quien era experto en sembrar la cizaña y necesitamos que aparezca un hombre de la sabiduría de Asterix y Panoramix para que regrese la paz a nuestra bella Colombia.

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