La foto del 60%

Por fin las Farc entendieron que había que dejar la arrogancia y dejarse tomar la foto, así fuera en cuerpo, ajeno, para que los colombianos mataran la curiosidad y exorcizaran los fantasmas de la guerra.

Por Carlos Obregón

La gente que odia las Farc, entre muchas razones por la manera arrogante como hacían demostración de fuerza con sus fusiles, venía pidiendo ¡la foto! desde hace rato. Esa foto de dejación de las armas, esperada, negada por la oposición porque “todo esto es una farsa”, por fin se dio.

No como la esperaban, al estilo Carlos Pizarro entregando su pistola en Santo Domingo de frente a las cámaras de televisión internacional y rodeado de ex guerrilleros indígenas del Cauca. Para las Farc, esa foto —armas cortas, largas, de alto calibre y ametralladoras que disparaban desde las montañas– equivale a admitir la derrota. Por eso, esa tarea la dejaron en manos de terceros, de la ONU, un funcionario que dio de baja los fierros sin balas, tomando nota del serial, que equivale a un certificado que a su vez es el pasaporte de cada guerrillero a la vida civil.

Hasta esta semana, esa guerrilla ha entregado el 60% de las armas. El otro 40% lo entregarán el próximo martes 20. Pero este acto, al que el mal tiempo le aguó la fiesta, tenía un significado especial: para el presidente Santos demostrar que el desarme de las Farc es un hecho y es la gran victoria de su empeño por la paz por el que las encuestas le han pasado una alta factura. Para las Farc intentar lograr el paz y salvo de la opinión que aún se resiste a aceptar las condiciones en que se pactó con esa guerrilla. Pero además, por fin las Farc entendieron que había que dejar la arrogancia y dejarse tomar la foto, así fuera en cuerpo ajeno, para que los colombianos mataran la curiosidad y exorcizarán los fantasmas de la guerra.

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