Análisis Ley del Montes: Gaviria en su Laberinto

Por: Oscar Montes

@LeydelMontes

El expresidente César Gaviria es un hombre calculador y frío a la hora de tomar decisiones políticas. No es pasional. Todo lo contrario: es cerebral y metódico. Gaviria piensa muy bien lo que va a decir y se cuida mucho a la hora de expresar lo que ya pensó. Por eso es que su reciente declaración en la que hace un pedido a su partido para que escuche y conozca mejor a Humberto De la Calle –para que participe en una consulta interna que permita escoger el candidato liberal a la Presidencia– cayó muy mal dentro del partido del ‘trapo rojo’.

Y cayó muy mal porque la declaración de Gaviria fue interpretada como un respaldo abierto a De la Calle y una descalificación de los demás candidatos, entre ellos del senador Juan Manuel Galán, quien desde hace un año manifestó su deseo de ser el candidato y desde entonces desarrolla una campaña muy juiciosa dentro del partido. Galán está sentido, molesto e inconforme con las declaraciones del ex presidente, pues considera que rompió con la neutralidad que se requiere para garantizar una elección transparente del candidato del liberalismo.

“Gaviria perdió la neutralidad y en esas condiciones es evidente que tomó partido por De la Calle. Al ser juez y parte, ninguno de los demás candidatos tenemos garantías a la hora de competir”, sostiene Galán, cuyo nombre cuenta con respaldo, tanto en las bases del Partido, como en sectores parlamentarios. De hecho, en encuestas y sondeos de opinión –que tienen el propósito de conocer el respaldo de los posibles candidatos liberales a la Presidencia– Galán se ha impuesto a De la Calle y a los otros aspirantes, entre ellos el ex ministro Juan Fernando Cristo y el senador Luis Fernando Velasco.

El senador Galán está además sentido, molesto e inconforme con Gaviria porque considera que el expresidente no ha sido leal con quien en 1990 le entregó las banderas de su padre –el inmolado jefe liberal, Luis Carlos Galán– con las que llegó a la Presidencia de la República y quien lo propuso como jefe único del liberalismo hace más de un año.

La rebeldía de Galán no puede verse como un asunto menor, ni puede interpretarse como un “capricho o berrinche” del hijo mayor del fundador del Nuevo Liberalismo, quien en su momento se apartó de las directivas del liberalismo por considerar que no tenía garantías para llevar a cabo su proyecto político a comienzos de la década de los 80. El país tiene muy presentes las batallas que libró Luis Carlos Galán por depurar las costumbres políticas de un partido dominado por una clase dirigente corrupta en la que sobresalía el nombre de Alberto Santofimio Botero, entre otros.

¿A qué estaría jugando Gaviria al promover la candidatura de Humberto De la Calle, en detrimento de los otros aspirantes, entre ellos Juan Manuel Galán? Es evidente que Gaviria quiere darle continuidad a un proyecto político que tiene como principal bandera la negociación de paz con las FARC, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos. Él ex presidente considera –como considera el propio Santos– que quien más y mejor conoce la letra menuda de los acuerdos es De la Calle. Lo mismo piensa el otro ex presidente liberal Ernesto Samper, aunque en su caso existe no solo una gran afinidad con el ex ministro Cristo, sino unas heridas no cicatrizadas, causadas por De la Calle por cuenta del proceso 8.000.

Pero es evidente que el frío, calculador, metódico y cerebral ex presidente Gaviria tiene otros intereses que van más allá de la paz con las Farc. Esos intereses tienen nombre propio: Simón Gaviria Muñoz, su hijo, actual director de Planeación Nacional, quien entraría a jugar en las grandes ligas de la política nacional, probablemente como fórmula vicepresidencial del candidato liberal. En ese sentido, la llave que más le conviene a Gaviria es la de De la Calle con Simón, pues le serviría para dejar por fuera de la carrera presidencial en un futuro a Galán y despejaría el camino de Simón a la Casa de Nariño. Pero, además, dejaría muy contento a Santos, quien con De la Calle tendría otro “caballo” corriendo por la Presidencia, mientras trata de armar el rompecabezas del partido de La U, cuyo desbarajuste también le está sacando canas.

En la búsqueda de ampliar el abanico liberal y con el fin de darle juego a quienes históricamente han tenido estrechos vínculos dentro del liberalismo, Galán considera que al ex vicepresidente, Germán Vargas Lleras, debería dársele la oportunidad de que participe en la consulta interna del Partido, que sería en marzo, para que de ahí salga un candidato único fortalecido.

Algo parecido ocurrió con el propio Santos, quien pese a ser toda la vida liberal lanzó su candidatura presidencial por un partido diferente, pero contó con el respaldo del liberalismo. Tanto Vargas Lleras como Santos han tenido antepasados que han ocupado la Presidencia por el Partido Liberal. El abuelo del primero –Carlos Lleras Restrepo– fue presidente de la República y el tío-abuelo del segundo –Eduardo Santos– también ocupó el Solio de Bolívar.

Vargas Lleras, ¿en la consulta interna liberal?

El exvicepresidente Germán Vargas Lleras es no sólo liberal de cuna, sino galanista desde sus inicios en la vida pública. De la mano de Luis Carlos Galán, Vargas Lleras ingresó al mundo de la política regional y nacional. El nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo fue uno de los jóvenes –junto con Juan Lozano e Iván Marulanda, entre otros– que acompañó a Galán cuando decidió crear el Nuevo Liberalismo para hacerle frente a quienes tenían las riendas del partido en ese momento. De manera que Vargas Lleras tiene charreteras para –si así lo desea– presentar su nombre a la consulta interna de marzo próximo de donde saldrá el candidato del Partido a la Presidencia. De manera que esa idea de Juan Manuel Galán no es descabellada y obedece a un reconocimiento del liberalismo a quien en el pasado reciente fue uno de sus connotados dirigentes.

El origen y la vocación liberal que hoy pretenden desconocerle a Vargas Lleras es la misma que le reconocieron a Santos cuando recibió el respaldo del Partido en 2010. El senador y también precandidato liberal, Luis Fernando Velasco, no sólo se opone a la llegada de Vargas Lleras a las huestes rojas, sino que sugirió que ello podría terminar con convertir en “idiotas útiles” a sus promotores, quienes tendrían la intención de ser vicepresidentes de quienes “nada tienen que ver con las ideas liberales”. De esta manera Velasco le manda una carta a Bolívar para que la entienda Santander. Es decir, señala –sin nombrarlo– a Galán de ser “idiota útil” de Vargas Lleras a quien tampoco menciona.

Lo que no puede desconocer Velasco, sin embargo, es que tanto Galán como Vargas Lleras tienen membresía liberal desde su cuna. Punto.

De la Calle, ¿candidato de la gran alianza por la paz?

Cuando se pensaba que César Gaviria saldaría la deuda de gratitud que tiene con la familia de Luis Carlos Galán Sarmiento, en especial con su hijo mayor, el senador Juan Manuel Galán, quien lo convirtió en candidato presidencial en 1989 y luego Presidente en 1990, el ex mandatario liberal decidió apoyar a Humberto De la Calle, aunque no lo diga abiertamente. A Galán le molesta tanto la supuesta deslealtad de Gaviria con su familia, como sus afectos con De la Calle, que  –según él– se traducen en “falta de garantías” para que pueda llevar a cabo una campaña en igualdad de condiciones con el ex jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana.

De la Calle sería el candidato de la que podría llamarse “la gran alianza por la paz”, de la que harían parte los partidos y movimientos que respaldaron los diálogos de La Habana, entre el Gobierno y las Farc, iniciativa que lanzó el propio Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, jefe de ese grupo guerrillero, durante la firma del llamado Acuerdo Final del Teatro Colón de Bogotá. De ella harían parte, entre otros, el liberalismo, Marcha Patriótica, el sector que orienta la exministra Clara López y el Partido de La U. Gaviria quiere que ese candidato sea De la Calle. Y con De la Calle llegaría Simón Gaviria Muñoz, como posible fórmula vicepresidencial, quien quedaría listo en el partidor para las presidenciales de 2022. Esa sería la apuesta del ex presidente liberal, que ahora está a punto de producirle la ruptura con la familia Galán, con cuyos integrantes ha tenido siempre buenas relaciones.

César Gaviria, una jefatura controvertida

Aunque se trata de uno de los jefes naturales del Partido Liberal, la dirección de César Gaviria no cuenta con pleno respaldo, especialmente en algunas regiones del país, donde consideran que su gestión no ha sido afortunada. De hecho, a Gaviria lo señalan de la pérdida de un buen número de curules liberales en el Congreso, como sucedió en el departamento de Córdoba –antiguo bastión liberal– que pasó de tener varios senadores a tener un solo en la actualidad. Algo similar ocurrió en el Atlántico, otro fortín del Partido, que se encuentra diezmado, tanto en votación como en número de curules. En este Departamento también es cuestionada la neutralidad del ex presidente liberal, así como la del propio jefe de Planeación Nacional.

La inconformidad que hoy muestra Juan Manuel Galán por la supuesta falta de garantías de Gaviria, es la misma que se escucha de labios de algunos líderes regionales, quienes consideran que el ex presidente todos los días le pone un ladrillo más al pedestal que le está levantando a Simón para que llegue a la Casa de Nariño. Allegados a la campaña de Galán de quejan de la intención por parte de la dirigencia liberal –en cabeza de Gaviria– de pretender invisibilizar  la candidatura del hijo mayor de Luis Carlos Galán para favorecer la de De la Calle. Una forma de hacerlo -según ellos- es no midiéndolo en algunas encuestas, pese a que en sondeos internos del Partido Galán derrota a De la Calle.

Y Santos, ¿a qué juega?

Al presidente Santos el berenjenal que más le preocupa es el partido de La U, que como están las cosas hoy en día, todavía no tiene un candidato con reales posibilidades de triunfo. Su partido sigue a la deriva y las peleas internas amenazan con romper la unidad del principal soporte parlamentario del Jefe del Estado. Pero Santos también tiene su corazón rojo y aspira a que De la Calle sea el abanderado de la paz con las Farc y el defensor de su legado en esa materia, en lo que tiene que ver con el liberalismo.

Ocurre –sin embargo– que ni la candidatura de De la Calle ni la implementación de los acuerdos de La Habana –el posconflicto– están bien posicionados en la agenda electoral. La paz es casi que un punto “chuleado” por los votantes, quienes consideran que otros asuntos, como el empleo, la salud, la educación y la lucha contra la corrupción deben ser prioritarios. Mientras que la figura de Humberto De la Calle carga con el lastre de ser el responsable de “haberle entregado el país a las Farc”, que terminó siendo la frase que más caló en el imaginario de gran mayoría de los colombianos, quienes siguen desconfiando de ese grupo guerrillero y señalando al Gobierno de la impunidad que –según buena parte de los encuestados– disfrutan los jefes del grupo guerrillero más despreciado por los colombianos.

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