Transmilenio, un enfermo sin dolientes

El Ojo del Halkón

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

 

BOGOTA, 2 de abril RAM_ Uno de los problemas graves que ha tenido la capital de la república por muchos años sin lugar a dudas ha sido el problema del transporte y ha sido problema por falta de planeación y no desde ahora sino desde los años del tranvía, lo que quiere decir que es desde la fundación de la misma ciudad, cuando se creyó que con solo doce chozas sería necesario para albergar a los habitantes del área urbana.

Recuerdo cuando llegué a Bogotá para fines de 1968 y comienzos del 69, que comenzó la transformación urbana de Bogotá y todo con motivo de la venida del papa Pablo VI, trabajo adelantado por el alcalde de entonces, Virgilio Barco, quien se dio a la tarea de hacer un revolcón urbanístico total de una ciudad que todavía tenía mucho de provincia, en donde el único peligro que existía para los transeúntes era el fuerte clima frio y para los borrachitos en la noche, el sereno después de unas buenas tandas de cerveza.

Recuerdo que existía el trolly, servicio de transporte eléctrico que atravesaba algunas vías y que solo lo podían utilizar personas con una tranquilidad máxima, porque la velocidad era de unos escasos kilómetros por hora y de quienes tuvieran la paciencia además de esperar que los conductores se bajaran a conectar unas tirantas eléctricas que iban a unos aparatos que eran los que suministraban el fluido eléctrico para el movimiento del automotor que era grande y cómodo, eso si mejor que un trasmilenio y en donde se respetaba a las mujeres, los niños y mayores.

Llegaron los colectivos que atravesaban la ciudad de un lado al otro, digo la ciudad que era Chapinero hasta el Olaya.Quiroga, ruta mas larga de los mismos, pero era un lujo para quienes podían utilizar ese servicio, donde la cultura seguía presente, digo cultura el comportamiento de las personas, pues en ese entonces Bogotá nno estaba tan poblado por foráneos como en este momento.

Luego vinieron unos buses grandes, bonitos, limpios, en donde la gente no comía, le cedían ell puesto a las personas mayores, mujeres y niños y donde se respetaban los paraderos impuestos por las empresas de servicio; pero de un momento a otro la ciudad de fue volviendo un verdadero caos, en donde nadie respetaba a nadie y donde el sentido de pertenencia se fue acabando no solo por los extraños sino por los propios.

Definitivamente la reestructuración que se le hizo a la ciudad con la  venida del Papa fue buena en unos sentidos y mala en otros, porque muchos vinieron por motivos de la visita y se quedaron definitivamente en una ciudad, en donde si se podía decir con razón, como la guarachera Celia Cruz, no hay cama para tanta gente.

Cuando se habló de hacer más rápida las vías y a uno de los alcaldes de marras le dio por hacer más rápida a la Caracas, se creyó que era la gran solución pero no se dieron cuenta que las cosas se hicieron sin programación y sin hacer los estudios respectivos, lo que se convirtió en un verdadero caos y la ciudad comenzó a vivir las consecuencias de una serie de malas administraciones que nunca pensaron en ampliar las vías de transporte y donde los barrios fueron creciendo sin contar con los servicios básicos y este del transporte que es fundamental para la vida de los ciudadanos.

Cuando se habló de Transmilenio fue Troya, porque los dueños de las empresas de transporte que existen, existieron y existirán vieron lo que iba a pasar, cada quien pidió su tajada y comenzaron los problemas del tire y afloje y desde ese entonces se está hablando que el padre de ese sistema en Colombia, Enrique Peñalosa se iba a apoderar, se apoderó y se quedó con el sistema, que en los primeros años se convertía a una de las verdaderas soluciones para mitigar los problemas de la ciudad; pero que con la entrada de los doce fatídicos años del gobierno de la izquierda se convirtió en el verdadero caos y fue como alcaldes como Samuel Moreno hicieron de esto una piñata para que aparecieran nada más y nada menos que los carteles de la contratación y que al destruir una de las avenidas más lindas y bien hechas del país y quizá de Suramérica, como es la calle 26 fuera el moño que se le colocaba al florero, para que la corrupción se apoderara no solo del transporte, sino de otros sectores de la capital colombiana.

La nueva llegada de Peñalosa al gobierno distrital fue recibido como algo satánico, después de la pésima administración de Gustavo Petro en lo que tiene que ver con vías públicas, se le dio a los que todo lo saben por presentar soluciones y cómo será el pueblo de raro, que ya estaban pidiendo la revocatoria de Peñalosa antes de posesionarse y es simple y llanamente porque comenzó a trabajar y a no repartir coimas, como es lo que reina en nuestro medio para poder funcionar y demostrar que las cosas están bien hechas; hasta el punto de vista que algunos medios de comunicación inescrupulosos se han sumado a la tarea de desprestigio de Peñalosa y si nos ponemos a ver a la altura de cómo va la administración, se habían hecho cosas peores en el gobierno anterior, que no pudo hacer nada por estar defendiéndose y haciendo politiquería barata para sostenerse en el poder, regalando los dineros de la ciudad a los mal llamados, menos favorecidos de la ciudad, que los estaba enseñando, como en Venezuela era a que todo se lo regalaran, y cuando Peñalosa llegó a poner todas las cosas en orden, para ellos fue un verdadero caos.

El transmilenio anda mal, porque como dicen se les creció el enano, tantos que dijeron que no utilizarían el sistema, lo están utilizando, y otros tantos han hecho de los errores que se cometieron en las administraciones anteriores y que tratan de corregirse, los caballitos de batalla política, con el fin de alcanzar dizque la primera magistratura del país, y como es este país de raro lo consiguen. Solucionar el problema de transmilenio después de los daños hechos hasta el momento no es asunto de un día y lo peor del caso es que quien suceda a Peñalosa debe ser responsable para que los trabajos que se hagan se mantengan y se respeten; además de que se dé un mantenimiento, pues por el uso las cosas se van desmejorando.

El comportamiento de la gente no es el de hace unos años, cuando el cachaco era una persona que infundía respeto, que ayudaba a los demás y que a pesar de su frialdad, por el asunto del clima, hacía que la ciudad fuera vividera y que las cosas funcionaran en orden y que todo se viera lindo y atractivo para el visitante. Ahora todo es un verdadero caos, da pena cuando esos patanes y vulgares jóvenes rompen los transmilenios, rompen vitrinas y no muestran pertenencia en nada de lo que tienen alrededor y es cuando ese puñado de personas de bien les tienen miedo cuando se hacen eventos deportivos, de farándula y actividades culturales que al final de la noche deja sumida a la ciudad en un verdadero caos sin que las autoridades puedan hacer nada, porque detienen a los responsables y los fiscales y jueces los dejan libres, lo mismo que hacen con los delincuentes que azotan la ciudad.

Soacha, Soacha

Cuando trabajaba en uno de los medios de comunicación más importantes del país, tuve la oportunidad de hacer un informe del caos que se presentaba en el transporte que entraba a la Capital de la República y hablo no solo de Soacha, sino de Suba, Usaquén, es decir de las entradas por el norte, por el occidente, por el oriente y por el sur, pues todos entraban por cualquier lado y conformaban sus paraderos donde les daba la gana y fue cuando el caos se apoderó de los cuatro puntos cardinales de la Capital Colombiana.

Pero hay una cosa que si no entiendo, el problema que ha tenido Bogotá con los habitantes de Soacha, que siguen siendo un municipio independiente, aunque sea un dormidero para algunos que trabajan en la Capital Colombiana, reciben sus sueldos y pagan sus impuestos en Soacha y los gobernantes de Soacha lo han tomada muy olímpicamente, como si fueran las autoridades bogotanas las que tuvieran que solucionar todos sus problemas y especialmente en lo que tiene que ver con el transporte.

Hace algunos años se presentó una situación muy sui generis y era que la mayoría de conductores de taxi vivían en Soacha y solo venían a trabajar a la Capital de la República, se tuvo que trabajar bastante para evitar que esto siguiera sucediendo y luego vino lo de los colectivos, que no solo entraban a las primeras calles y carreras de la ciudad, sino que atravesaban la ciudad de un lado al otro como Pedro por su casa y fue cuando nació la brillante idea de llevar transmilenio a Soacha, creo que los gobernantes de turno confiaron en la ayuda de los gobernantes de Soacha, los que a la hora de la verdad se hicieron los de la vista gorda y ahora tratan que sea la Capital de la República la que no solo con dinero sino con todo lo que sea necesario le solucione los problemas en este campo.

Los bloqueos en las estaciones de transmilenio de Soacha son responsabilidad de ser controladas por parte del Alcalde y las autoridades de ese municipio cundinamarqués y no salir olímpicamente a pedir que se les baje el valor del servicio y se les mejore el mismo, dicen en mi tierra, eso es uno ser muy descarado.

La solución del transporte para Bogotá es bastante delicada y con la politiquería que estamos viviendo en este momento el asunto va a estar bastante difícil de solucionar; porque ahora no les sirve transmilenio, luego no les va a servir el metro y en definitivamente no les va a servir nada y el transporte capitalino será eso, un verdadero caos que no hay quien solucione.

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