LEY DEL MONTES | Santos: Atrapado y sin salida

Por Oscar Montes

@LEYDELMONTES

¿Qué hay detrás de la peor crisis que ha vivido el presidente desde que llegó al poder?

La inesperada rebelión de las bancadas que conforman la Unidad Nacional tiene en vilo a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), y solo esta semana se sabrá su suerte. Ese hecho tiene al presidente, Juan Manuel Santos, no solo molesto con la bancada oficialista, sino preocupado porque podría derrumbarse la estantería de toda la negociación con las Farc. A ello se suma el escándalo de Odebrecht, que terminó estallándole en la sala de su casa, cuando él pensó que toda el agua sucia le caería a Álvaro Uribe Vélez. Ese fantasma asusta por igual a ambos.

En lo que tiene que ver con el ‘fuego amigo’ que recibe el Gobierno de parte de la bancada de la Unidad Nacional, son varias las razones de dicho comportamiento. La primera tiene nombre propio: Prosperidad Social (PS), entidad que maneja una de las chequeras más jugosas del Gobierno: 2.7 billones de pesos para invertir este año. “Ahí está el tarro de la mermelada”, me dijo un senador del Atlántico con quien hablé sobre el tema.

La salida de Tatyana Orozco despertó el apetito de varios senadores costeños del Partido de La U, quienes consideran que ese puesto debe ser para ellos y así se lo han hecho saber al Gobierno. Orozco fue considerada siempre cuota de Cambio Radical, dada su cercanía con el alcalde de Barranquilla, Álex Char, y con la ministra de Vivienda, Elsa Noguera, con quienes trabajó en el pasado reciente.

Los multimillonarios recursos de la entidad –de donde sale la plata para las vías terciarias en los municipios y para programas como Familias y Jóvenes en Acción– están en la mira de los congresistas costeños de La U, quienes quieren ir a los municipios con la ‘tula’ llena de plata ahora que se acerca un año electoral. Ellos también están muy pendientes de las sesiones extraordinarias del Congreso en las que se aprobaría una adición presupuestal de 6,5 billones de pesos. Esa es una de las causas principales de la rebelión de los congresistas de la Unidad Nacional, en lo que tiene que ver con La U. Plata y puestos. Así de simple.

Por el lado conservador, la rebelión está relacionada con la ‘traición’ de Santos, quien se había comprometido con ellos a respetarles la Procuraduría General, luego del retiro de Alejandro Ordóñez. Pero no les cumplió y terminó apoyando al liberal Fernando Carrillo. También están furiosos porque el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, sigue sin renunciar, pese a que ellos le hicieron saber al Gobierno que les interesa esa cartera. Inclusive, ya tienen candidato para el puesto. Santos –sin embargo– no deja ir a Iragorri, pues es hombre de confianza, que le garantiza buen manejo de chequera y nómina.

La designación de un ministro de Justicia conservador fue interpretado por la bancada del partido de Caro y Ospina como un “contentillo” de Santos, para tratar de calmarlos luego de las dos “traiciones” que les pegó. La cartera de Justicia no es muy apetecida, pues perdió influencia y ya no maneja mucho presupuesto. Tiene –en cambio– el ‘chicharrón’ del Inpec y de las cárceles.

Por los lados de Cambio Radical, las razones de su inconformidad están relacionadas no solo con las reservas que tienen sobre los verdaderos alcances de la JEP, sino –sobre todo– con la permanencia del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, en el cargo. Cristo es motivo de conflicto no solo con Cambio Radical, sino también con los conservadores y con un sector del liberalismo, quienes consideran que el ministro se mueve con agenda propia, como ocurre –según varios de ellos– con la reforma política.

Con esos ‘amigos’, Santos busca sacar adelante sus iniciativas, algo que no será nada fácil, puesto que los congresistas consideran que así como pide su respaldo, también tiene que mostrarse mucho más generoso. El problema para Santos es que el tarro de la mermelada está cada día más vacío y sus amigos son muy golosos. ¿Qué llevó a Santos al laberinto en que se encuentra?

Odebrecht: agua sucia también para Santos

El presidente Juan Manuel Santos siempre creyó que el escándalo de Odebrecht solo salpicaría a funcionarios del gobierno de Álvaro Uribe. Así lo sentía y así lo pregonaba. “Ningún funcionario de mi gobierno ha sido señalado de corrupción”, decía a los cuatro vientos. Por cuenta de Odebrecht esa creencia se derrumbó. Hoy dos de sus exministras –Cecilia Álvarez y Gina Parody– están vinculadas al proceso. Fiscalía y Procuraduría indagan su conducta y auscultan con lupa sus decisiones como funcionarias de Santos. Luis Fernando Andrade –director de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI)– también ha sido llamado a dar declaraciones sobre el particular en la Fiscalía.

El gerente de sus dos campañas presidenciales y amigo personal –Roberto Prieto– aparece mencionado en varios episodios delicados, relacionados con la posible recepción de dineros provenientes de Odebrecht, sin que sus explicaciones hayan sido convincentes. La Fiscalía lo interrogará en los próximos días. María Fernanda Valencia, ex viceministra de Turismo y ex directora de Artesanías de Colombia, también será escuchada esta semana por el organismo investigador para que explique el recibo de 400.000 dólares provenientes de Odebrecht durante la campaña presidencial de Santos en 2010, como pago por la elaboración de dos millones de afiches. Pero también ella y su ex esposo, Félix Otto Rodríguez, aparecen mencionados en la investigación por el pago de sobornos al contrato Ruta del Sol II.

Militares: inconformidad y malestar con la JEP

El senador del Centro Democrático, Jaime Amín, en su intervención la semana pasada en la plenaria del Senado, narró su encuentro con un oficial de las Fuerzas Militares que le pidió votar por el Tribunal de Paz: “No me invite a votar algo que lo humilla, como militar”, fue su respuesta. La afirmación de Amín fue recibida con aplausos por oficiales y suboficiales retirados de la institución que se encontraban en las barras. Las Fuerzas Militares están muy molestas con el Gobierno por los alcances que tendrá la JEP. “Es un esperpento monumental”, me dijo un general retirado del Ejército. Hasta el propio general Jorge Enrique Mora, ex comandante del Ejército y de las Fuerzas Militares y ex negociador del Gobierno en La Habana, está inconforme con las atribuciones otorgadas a la JEP.

“Queremos expresar también nuestra gran preocupación por la presencia en la Comisión que elegirá a los magistrados de la JEP, de algunas personas, particularmente extranjeros, que no ofrecen a nuestras instituciones militares y de policía mayor garantía en cuanto a imparcialidad, respecto a las funciones que les correspondería dentro de dicha jurisdicción, teniendo en cuenta su reconocido perfil y posición ideológica que los señalan como activistas destacados de corte muy opuesto al tradicional pensamiento demócrata institucional”, le dijo a Santos un grupo de generales y almirantes retirados, en carta que le hicieron llegar el primero de marzo. Están a la espera de una respuesta del Jefe del Estado.

Partido de La U: pelea de perros y gatos

El partido del presidente de la República es hoy una especie de ring de boxeo, donde unos y otros se propinan golpes de todo tipo. La posibilidad –que ha sido ventilada en círculos muy cercanos a Santos– de que el presidente arme una fórmula en 2018 entre Germán Vargas Lleras y Juan Carlos Pinzón, para hacerle frente a Uribe –que Santos considera su enemigo a vencer– tiene a varios senadores con los pelos de punta. A ello se suman los coqueteos político-electorales del presidente del Congreso, Mauricio Lizcano, al vicepresidente Vargas Lleras, lo que tiene furiosos a los senadores Benedetti y Barreras. La U, además, no ve con buenos ojos que iniciativas suyas no tengan buen recibo en otros partidos de la Unidad Nacional. Sus intentos por tender puentes con el liberalismo no han dado los resultados esperados. Pero, además, allegados a Santos han expresado el malestar del jefe del Estado por las descaradas ambiciones de varios senadores de ese partido en materia de puestos y contratos. “El presidente no puede terminar de rehén de su propio partido”, declaró uno de ellos a varios congresistas. La gota que rebosó la copa fue la manera burda y grosera como han expresado su deseo de quedarse con Prosperidad Social de la Presidencia, hasta el punto de ponerle freno de manos a las iniciativas de paz en el Congreso.

Altas cortes: ¿Y ahora qué hacemos con la JEP?

Los magistrados de las altas cortes están furiosos con el Gobierno y con el Congreso. La razón de su malestar radica en la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), creada en la negociación entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Varios magistrados dicen en privado que el Gobierno los engañó. Punto. Ahora quieren hacerse sentir con toda su fuerza. Gobierno y Congreso están advertidos. Sobre la JEP tienen múltiples observaciones y sienten que nadie los quiere escuchar. Los togados se preguntan sobre esa exótica figura: ¿A qué rama del Poder Público pertenece? ¿Quién será el encargado de juzgar a todos aquellos que hagan parte de la Jurisdicción Especial de Paz? ¿A quién rendirá cuentas? ¿Cómo se hará la nominación de los magistrados extranjeros y cuántos serán? ¿Cómo se explica la intemporalidad de dicha Jurisdicción, algo que no sucede con ninguna otra jurisdicción especial? A ello se suma la designación de Enrique Gil Botero como ministro de Justicia, pues es visto como alumno aventajado de una clase de magistrados que abusaron de sus cargos y contribuyeron al desprestigio que hoy tienen las altas cortes. El nombramiento de Gil no fue de buen recibo en sectores de las altas cortes, interesados en depurarlas para tratar de recuperar el prestigio perdido.

 

La gran apuesta de Santos siempre ha sido la negociación con las Farc y ahora con el ELN. Gracias a la primera tiene reconocimiento y prestigio internacional, pero también rechazo nacional. Todas las encuestas muestran una favorabilidad inferior al 20 por ciento, lo que lo deja en una posición precaria a la hora de pretender endosar una candidatura presidencial. Ello significa poner en riesgo su legado y exponerse a entregar todo su esfuerzo a sus enemigos políticos. Esa es precisamente su mayor preocupación. Santos no tiene candidato ganador. Humberto De la Calle, por ejemplo, pierde en algunas encuestas con Juan Manuel Galán. Sergio Fajardo –muy amigo de la paz– no se ha podido desmarcar ni de Jorge Robledo ni de Claudia López, siendo más santista López que Robledo. Germán Vargas Lleras tiene vuelo propio y músculo suficiente como para crear alianzas poderosas que le permitan llegar a la Casa de Nariño. Juan Carlos Pinzón, santista triple A, no quiere meterse al barro para que lo ensucie Roy Barreras, o cualquier otro candidato ‘ista’: vargasllerista en sus comienzos, uribista en tiempos de Uribe y ahora santista en tiempos de Santos. Ese es el dilema que desvela a Santos. Uno de tantos, claro.

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