La escalera de la sirvengüenza

Por Gustavo Alvarez Gardeazabal

Publicado en ADN, marzo 8 2017

Antes de que la samba brasilera que nos azota se vuelva un carnaval, valdría la pena ir encontrando fórmulas de como parar la corrupción que nos subsume tanto en lo público como en lo privado y que, desgraciadamente, se ha convertido en un motor necesario para que el país marche.

Primero hay que hacer la radiografía de la corrupción. En lo público, es una escalera de arriba hacia abajo y la inician el Presidente de la República y el Congreso. Para que le aprueben las leyes al gobierno, el presidente de turno y el ministro de Hacienda incluyen en el presupuesto a consideración del Congreso los llamados “cupos indicativos”. Eso mismo hacen los gobernadores con los diputados y los alcaldes con los concejales.

A partir de allí se escala el mal ejemplo. Como esas platas son para obras que inscriban quienes aprueban los presupuestos, ellas se adjudican a dedo y por allí se filtra el cartel de contratistas que se han apoderado del país y que generosamente ceden un porcentajito del valor contratado al congresista, concejal o diputado que consiguió la partida para dizque compensar los excesivos gastos de campaña.

Después vienen los retenes. El de los interventores, el de los tesoreros, el de las contralorías, el de los secretarios y, por supuesto el de los gobernantes, aunque en algunas regiones de Colombia se ha degradado tanto la sinverguenzería que ellos piden a los contratistas que les presten los nombres para ejecutar las obras a cambio de pagarles o un salario o un porcentajito de lo que antes se llamaba el AIU.

Descrito el engranaje de la corrupción en lo público habría que hurgar en lo privado, que de pronto es peor, pero tanto la una como la otra deben tener solución.

@eljodario
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