Educar y nada más

El Ojo del Halkón

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

BOGOTA, 5 de marzo RAM_ Comienzo contando algo de mi vida personal. Cursaba segundo de bachillerato, lo que hoy llaman séptimo, en el Instituto Neira, población del mismo nombre y que está ubicada en la entrada del norte de Caldas, cuando hubo una reunión de padres de familia, ese día entregaban calificaciones, asunto que se cumplía rigurosamente cada dos meses, porque querían tener informados a los progenitores de la labor estudiantil y personal de sus hijos y lo recuerdo muy bien, porque era una tarde de verano de agosto, estaba tranquilo, el año ya estaba casi para terminar y estaba seguro que había cumplido con mis labores académicas y era otro año más que avanzaría en mi formación educativa; pero el destino me tenía marcado un punto sorpresa, pues a mi mamá no le bastó que las calificaciones hubieran sido excelentes, pues el asunto de la conducta que era calificado de 1 a 5 había bajado a 4.5, lo que fue catastrófico para ella.

Yo no tuve la culpa, simplemente había habido una guerra de tiza (elemento hecho de cal con el cual se escribía en una pizarra grande llamada tablero), con los pedazos que quedaba de tiza algunos de mis compañeros marcaban a los profesores o a los estudiantes que encontraban desprevenidos, y lo peor del caso es que en esa oportunidad el profesor de inglés no llegó a tiempo a clase y esos minutos fueron utilizados para quienes iniciaron la guerra de la tiza, la que finalizó con un pedazo de tiza en la frente del profesor que llegaba a dictar su asignatura, ahí fue Troya, como nadie dijo quién o quienes fueran los responsables, nos castigaron a todos, éramos 30 muchachos, mozalbetes irresponsables, que tuvimos que ver limitadas las horas de recreo y bajados los puntos de calificación en lo que se refería a la conducta.

Esto puede sonar curioso o chistoso; pero es lo que sirve para dar un vistazo a lo que está sucediendo 50 años después, cuando los muchachos lo menos que tienen es un buen comportamiento en las clases y mucho menos que esto les interese a la mayoría de los padres y me faltó acabarles de contar que el resultado de esa pilatuna en la que no tomé parte, fue como dije anteriormente que me rebajaran la conducta y que doña Esther, mi mamá me diera tres fuetazos fuertes en el zurriago heredado de mi padre, don Nacianceno.

Digo que a los padres no les interesa muchas veces el comportamiento de sus hijos en clase, porque acabo de ser testigo de una madre que justificó la actitud de su hija en el momento de participar en una pelea en un colegio, en donde esta práctica se ha hecho cotidiana, sin que los profesores puedan hacer nada; pues la conclusión en la reunión de padres de familia fue que el profesor de disciplina fue el culpable, por no estar en el lugar indicado, en el momento que dos celosas e iracundas jovencitas  se halaban de sus cabellos.

Esto de la educación tiene tanto de largo como de ancho, dicen que los años y las épocas han pasado y yo veo que la cosa sigue igual como en el periodismo, cuando se habla de noticias, en las noticias cambian los nombres, los lugares y cuando vemos el transfondo la situación es la misma con lo mismo, cuando nuestros padres tuvieron la obligación de estar al frente de nuestra educación también tuvieron que trabajar; pues en mi caso mi madre era cabeza de hogar, con ocho hijos y manejando las cosas que había dejado mi padre, quien había fallecido, pero esto no le quitó que estuviera pendiente de cómo era nuestra comportamiento en la escuela, en la casa y quien nos enseñaba como debíamos comportarnos luego con la sociedad.

La formación y primera educación deben salir del hogar, cosa bien delicada y difícil en este momento; cuando el porcentaje de hijos de padres divorciados es bastante alto y principalmente cuando la mujer ha entrado de lleno al mundo laboral, ya por sus logros profesionales o simplemente porque debe de colaborar con la insípida economía del hogar y recordemos que la educación de los hijos por lo general en este mundo machista ha sido de las mujeres.

No recuerdo bien quien lo dijo, pero lo recuerdo, que en la casa se educa y en la escuela, en el colegio y en la universidad se instruye y lo peor es que muchos padres modernos creen que la educación en estos momentos hay que dejarla en manos de los profesores, tarea que no es de ellos o simplemente del computador o del televisor, porque los padres creen que deben de cumplir solo con las tarea económica para que los hijos no les falte nada; pero estamos viviendo en un mundo de hijos abandonados a pesar de que vivan debajo del mismo techo con los padres, en donde sienten una gran soledad, porque sus progenitores no tienen tiempo para escuchar sus necesidades y sus problemas y es por eso que cuando buscan apoyo de personas extrañas se cometen los grandes errores y nunca sabemos dónde están nuestros hijos, como lo decía una excelente campaña de la Policía Nacional hace algunos años cuando se preguntaba “sabe usted donde están sus hijos en estos momentos?” creo que la respuesta es no, porque ya los padres buena vida creen que los hijos ya están grandes y se saben defender del mundo que los rodea y además para los padres es más importante el trabajo y la actividad social que los propios hijos.

Es muy fácil decir que el Estado no está haciendo nada por los hijos, y es por eso que cada día aparecen manifestaciones en contra del Gobierno Nacional, Departamental o Local, en donde se pide que se cuiden los hijos en los establecimientos educativos cuando en la mayoría de veces los padres los abandonan en sus casas.

Me pareció desastroso lo que escuché en una emisora de radio, cuando entrevistaban a una madre que se quejaba de la mala comida que le daban a su hijo en un colegio y la respuesta al preguntarle que comida le daban, fue simplemente que no estaba de acuerdo que solo le dieran el almuerzo y unas onces, aunque bien buenas y no le dieran el desayuno. Mi pregunta es, ¿esta señora como muchas, están dejando de ser responsables con las obligaciones para con sus hijos y quieren dejar que sea el Estado el que les dé todo? De verdad, verdad, sin querer queriendo como decía el Chapulín Colorado, algunos gobernantes, principalmente locales, están formando una ciudadanía de limosneros, para mantener en su punto los votos que necesitan y así poder seguir en el poder y se olvidan que hay que dar responsabilidades, y recuerden algo que enseñaban los abuelos, no todo se le puede regalar a una persona, porque llega el momento que va a exigir mas y no va a valorar lo que se le da.

Como vemos, la responsabilidad de educar es de todos, pero por valor de escala, primero la familia, luego los maestros y contar con la ayuda económica del Estado. Aunque hay una cosa que no entiendo, como vamos a tener buenos ciudadanos, cuando los mismos medios de comunicación patrocinan con bombos y platillos el final del matrimonio o la responsabilidad de la pareja sin tener en cuenta los hijos sino un bien personal que no deja de ser egoísta.

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