Análisis Ley del Montes | Elecciones 2018: ¡Oh confusión, oh caos!

La encuesta de Gallup mostró alarmantes resultados de pesimismo y desconfianza, con los que nadie contaba, por parte de los colombianos.

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

La primera encuesta del año de Gallup cayó como un mazazo en la cabeza de toda la clase dirigente nacional, empezando por el presidente de la República, Juan Manuel Santos; el vicepresidente, Germán Vargas Lleras; todos los ministros y todos los aspirantes a la Casa de Nariño en 2018. Los resultados para todos son desastrosos. Una verdadera catástrofe en términos de medición de favorabilidad y gestión. La encuesta con peores resultados en los casi siete años de mandato de Santos.

Pero los números de la encuesta son también una debacle para el país en general, pues muestra el pesimismo de los colombianos en niveles estratosféricos nunca antes alcanzados. Y ello resulta mucho más paradójico si se tiene en cuenta que el estudio fue realizado en las principales ciudades del país entre diciembre de 2016 y febrero de este año, justo cuando la negociación con las Farc se volvió irreversible y en momentos en que comenzó la implementación de los acuerdos de La Habana.

Nada de ello sirvió para levantarles el ánimo a los colombianos. Todo lo contrario: las gabelas ofrecidas a los jefes guerrilleros –que afloraron con más fuerza en los últimos tres meses– llevaron al 49 por ciento de los encuestados a responder que la implementación de lo pactado con las Farc “va por mal camino”. Mientras que el 87 por ciento no cree en los diálogos con el ELN, que se llevan a cabo en Quito, Ecuador. Solo el 8 por ciento tiene una opinión favorable.

Para el 73 por ciento de los colombianos encuestados por Gallup, las cosas en el país “están empeorando”, lo que significa un incremento del 15 por ciento, comparado con los resultados de diciembre del año pasado, cuando se realizó el más reciente sondeo. Todas las políticas del Gobierno muestran muy malos resultados. Todas se rajan: empleo, salud, educación, lucha contra el narcotráfico, medio ambiente, agricultura, seguridad ciudadana, lucha contra la pobreza, relaciones internacionales… ¡todas!

El crecimiento desbordado del pesimismo nacional es un fenómeno preocupante, pues en el pasado reciente dicha percepción era explicada por la existencia de dos grandes y perversos protagonistas: Pablo Escobar y las Farc, quienes siempre fueron señalados de ser los grandes culpables de la tragedia nacional. Pero ya sin Escobar y sin las Farc ¿cómo se explica esta desazón generalizada? ¿Cómo se entiende que muy pocos colombianos crean que las cosas puedan cambiar?

Buena parte de la explicación del escandaloso pesimismo nacional tiene –ahora– nombre propio: corrupción. Y también tiene apellido: Odebrecht. En efecto, en los últimos tres meses –que son los que muestra la encuesta de Gallup– el escándalo golpeó con más fuerza a la clase dirigente nacional. Nadie se escapó de los tentáculos de la multinacional brasileña, desde el propio Santos, hasta su más grande opositor, Álvaro Uribe, pasando –¡quién lo creyera!– por las mismísimas Farc, señaladas por directivos de Odebrecht capturados en Brasil de haber recibido pagos durante los últimos veinte años para que dejaran realizar algunas de sus obras.

El sistema judicial tiene una imagen desfavorable del 82 por ciento, mientras que el Congreso de la República cuenta con una desfavorabilidad del 79 por ciento. A los partidos políticos apenas los respalda el 9 por ciento de los colombianos, mientras que la Corte Constitucional, que había contado con buenos niveles de aceptación, tiene hoy el rechazo del 56 por ciento de los colombianos. La imagen desfavorable de la Corte Suprema es del 61 por ciento. La desfavorabilidad de la Fiscalía es del 52 por ciento, de la Contraloría es del 45 por ciento y de la Procuraduría del 46 por ciento. Se trata de una verdadera hecatombe.

Uno de los resultados de la encuesta que más llama la atención es que las Farc –que siguen sin devolver a los niños reclutados a la fuerza que tienen en su poder, que ‘entregaron’ unas armas que nadie vio y que niegan sus vínculos con el narcotráfico– tienen una imagen favorable del 19 por ciento, superior a la de los partidos políticos, al sistema judicial y la del Congreso.

El pesimismo, la incredulidad y la desconfianza en la que navegan los colombianos en la actualidad hace pensar que las elecciones del próximo año –tanto parlamentarias como presidenciales– serán las más impredecibles de los últimos años.

En el caso de las primeras –por ejemplo– serán varios los congresistas que por cuenta de Odebrecht tendrán que cambiar la plaza pública por los estrados judiciales, y su situación condicionará a varios aspirantes presidenciales. Así las cosas, nunca antes había resultado tan difícil hacer ‘futurología electoral’ en Colombia. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con los resultados de la encuesta de Gallup?

Juan Manuel Santos, en caída libre y sin paracaídas

A Juan Manuel Santos ni el Premio Nobel de Paz, ni la desmovilización de 7.000 guerrilleros de las Farc, ni la propia desaparición de las Farc como grupo guerrillero, ni la negociación con el ELN hacen que los colombianos lo quieran un poquito más. Nada de eso se traduce en mayor afecto y cariño. Todo lo contrario: cada anuncio de paz es un punto menos en favorabilidad, algo que no es fácil de entender ni de explicar. En esta encuesta de Gallup, por ejemplo, su aprobación pasó del 35 por ciento al 24 por ciento, mientras que la desaprobación a su gestión se trepó del 60 al 71 por ciento, todo en los tres meses en los que más se evidenciaron los resultados de los acuerdos de La Habana, como ocurrió con la concentración de los guerrilleros en zonas específicas, así como el comienzo de la entrega de sus armas. Para decirlo en plata blanca: la aprobación de Santos está llegando a los mismos niveles de favorabilidad que tienen las Farc. La estrategia de Santos de endosarle Odebrecht a Uribe tampoco le funcionó, pu
es la conclusión final es que “todos salieron untados”, hasta las Farc. En materia de corrupción nadie en Colombia es impoluto. El pesimismo generalizado de los colombianos es producto de su gestión, pues la gran mayoría de sus políticas se rajó. Pocas pasan raspando y casi todas tienen saldos en rojo.

Germán Vargas Lleras, el costo político del coscorrón

De los funcionarios del Gobierno, el único que venía mostrando buenos resultados era Germán Vargas Lleras. Pero la encuesta de Gallup lo muestra por primera vez con una imagen negativa del 44 por ciento, mientras que la positiva está en 40 por ciento. Y ello para un candidato presidencial que ha estado en campaña por varios años y que todavía no se pone la camiseta de aspirante a la Casa de Nariño de forma oficial, debe resultar muy preocupante. Mucho más si uno de sus posibles rivales –Humberto De la Calle– tiene una favorabilidad de 49 por ciento y una desfavorabilidad de apenas el 22 por ciento. Cifras parecidas muestra otro presidenciable bien ranqueado, el ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia Sergio Fajardo. Para mala fortuna de Vargas Lleras, el trabajo de campo de la encuesta coincidió con el escándalo que se desató por cuenta del coscorrón que le pegó a uno de sus escoltas, video que se viralizó en las redes sociales y que lo mostró como una persona intolerante y de muy malos modales.

Vargas Lleras deberá bajarle muchos decibeles a su fuerte temperamento, pues en estos tiempos que corren a un político le hace más daño un video en Twitter que haber girado un cheque chimbo. Punto. Los escándalos de La Guajira, relacionados con ‘Kiko’ Gómez y Oneida Pinto, también afectaron la imagen de Cambio Radical y la del Vicepresidente que es su jefe natural.

Odebrecht, el nuevo malo de la película

En Colombia somos dados a buscar siempre culpables de nuestros males. En un tiempo el villano nacional era Pablo Escobar y luego fueron las Farc. El primero desapareció de la escena y las otras están a punto de hacerlo. Es necesario encontrar cuanto antes a un nuevo villano. Y ese nuevo malo ya apareció con nombre y apellido: Corrupción Odebrecht. De ahora en adelante ya tendremos a quien achacarle todas nuestras desgracias, como si en el pasado la corrupción no hubiese existido en Colombia. Desde el Gobierno para abajo, incluyendo candidatos y candidatas presidenciales, todos son abanderados de la lucha contra la corrupción. Son todos impolutos. Ahora la lucha contra la corrupción será el nuevo caballito de batalla, en cuyo lomo cabalgarán quienes en el pasado reciente le echaron la culpa de todos nuestros males a Escobar y a las Farc. El escándalo de Odebrecht –sin duda– golpeó muy duro en el ánimo nacional, pues propagó la sensación de que nadie se salva y todos están ‘untados’. A la hora de analizar el de
sánimo colectivo y la desazón generalizada, los resultados que salen a relucir son los de un país pesimista, desconfiado e incrédulo, que guarda muy pocas esperanzas de que las cosas mejoren. Un país sin fe en su clase dirigente y casi que resignado a su suerte. Ese es en términos políticos y electorales el escenario más impredecible que pueda existir, pues todo puede pasar, hasta lo más absurdo e impensado.

Elecciones 2018: panorama incierto para todos

Aunque en la encuesta de Gallup todos pierden, hay unos que pierden más que otros. Santos y Vargas Lleras pierden mucho. Pero hoy por hoy pierde más Vargas Lleras que Santos. El primero ya está de salida de la Casa de Nariño, mientras que el segundo aspira a llegar a ella. Está demostrado que la sombra del presidente terminó por afectar a su vicepresidente, quien terminó pagando los platos rotos de su jefe, como ocurrió con la Reforma Tributaria e –incluso– con el mismo proceso de paz con las Farc. La desmarcación de Santos –que podría darse una vez Vargas Lleras abandone su cargo el próximo 14 de marzo– sería tardía, a juzgar por los resultados del sondeo. Otros aspirantes, como Fajardo, De la Calle, Gustavo Petro, Claudia López, Piedad Córdoba, Alejandro Ordóñez, Iván Duque y Jorge Enrique Robledo siguen en la búsqueda de nichos electorales efectivos y de un discurso efectista que les permita tener un mayor reconocimiento y un mejor posicionamiento. Algunos tienen lo primero, pero carecen de lo segundo. Otros tienen lo segundo, pero carecen de lo primero. Y otros no tienen ni lo primero ni lo segundo. Así las cosas, nadie en sus cinco sentidos podría apostar hoy a un resultado electoral en 2018. Esa historia está toda por escribirse. Quienes quieren jugar esa partida tendrán que esperar nuevos jugadores y esperar que las cartas estén todas sobre la mesa. Y eso aún no ha sucedido, mucho menos ahora que la encuesta de Gallup armó tremendo desbarajuste.

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