Quien no oye consejos no llega a viejo

El Ojo del Halkón

Por Rubén Darío Mejía Sánchez

BOGOTA, 04 de febrero_ RAM_ Definitivamente mi abuelo era un sabio; pero tenía razón, un hombre con casi 100 años de vida había visto correr mucha agua debajo del puente y el conocimiento de varias culturas le habían dado las armas para poder dar los consejos y los apuntes que daba en cada momento de su vida; por lo menos cuando yo tenía 10 años, porque tuve que acostumbrarme a estar sin él cuando dijo adiós a este mundo terrenal a mis 11 años y eso es hace mucho rato.

Como ven la columna del día de hoy se la voy a dedicar a Frutos Inés del Santísimo Sacramento y del Espíritu Santo Sánchez, un catalán de raca mandaca que tuvo que vivir las inclemencias de la guerra civil española y luego salir corriendo a tierras americanas luego de perder parte de su familia entre ellos padres y hermanos y radicarse al entrar por Barranquilla y bajar por el rio de La Magdalena a la ciudad de Honda, siguiendo el camino a las montañas de Antioquia para llegar a Sonsón, en donde formaría su nueva familia con los Aguirres, unos mestizos dignos de la raza antioqueña y de quienes aprendió las labores del campo; pues mi abuelo era un señorito letrado en la época y no era mucho que supiera de las actividades del campo.

Un día como cualquier antioqueño salió con su carriel lleno de ilusiones bajando por el oriente antioqueño, atravesando por La Ceja y Rionegro para llegar a Medellín y coger la ruta que lo traería a Aguadas en el departamento de Caldas, en donde construyeron las primeras fincas, que más tarde dejaron para seguir su recorrido por Pácora, Salamina y Aranzazu hasta llegar a Neira y colaborar en la construcción de quienes fundaron la capital caldense, la hoy ciudad de las puertas abiertas, Manizales. No sobra decir que en cada una de esas poblaciones a fuerza de trabajo y de machete en mano hicieron grandes haciendas, unas de café y otras de ganado, las que fueron vendiendo para continuar su peregrinaje y se quedaron en Neira, llamado la puerta del norte de Caldas, en donde se encontró con quien sería mi abuelo paterno y se fundó la familia Mejía Sánchez, que hizo grande a esta región del Gran Caldas conformado por lo que hoy es Caldas, Risaralda y Quindío.

Después de lo anterior, como es mi costumbre, entro a fondo lo que voy a comentar en esta columna y que tiene que ver con los dos procesos de paz, uno que se adelanta y otro que empezará en próximos días y que para quienes estamos cansados de la violencia por más de cincuenta años esperamos que se lleve a final término.

La gente de mi generación, muchos de los cuales no quieren recordar, o hacerse los pendejos, como dicen en Caldas, nos tocó vivir la violencia política, la creación de los bandoleros que luego se convirtieron en chusmeros y más tarde en guerrilleros, los primeros mataban por ideas políticas, los segundos por robar decían en aquel entonces, para darle a los pobres y los terceros porque querían que las ideas comunistas se impusieran en el país y así terminar con las desigualdades sociales que se presentaban en ese momento y que se siguen presentando en todo el territorio nacional; porque no nos vamos a mentiras y a olvidar que la riqueza en Colombia solo está en poder de dos o tres familias poderosas y de quienes han conseguido dinero por medio de actividades fuera de la ley.

Hablando de consejos y recordando el título de la columna “quien no oye consejos no llega a viejo” me hizo pensar esta semana con lo que sucedió en el país, cuando un grupo de ilustres personalidades mundiales que fueron galardonadas, con o sin derecho, con el premio Nobel de la Paz, se reunieron en Colombia y dieron a conocer sus puntos de vista; en lo que significa la paz, en sus beneficios y también sus contras; porque como lo dijo una vez el mismo Cristo, que no había venido a traer la paz sino la guerra y entiéndase bien que lo que quiso decir fue que había venido a despertar a quienes concienzudamente estaban dormidos y no se daban cuenta de lo que sucedía a su alrededor, pues todo lo que hacían para ellos era válido, sin darse cuenta de las grandes injusticias que se hacían en esos momentos.

Todos los invitados felicitaron a Colombia, quiéralo o no en la cabeza del Presidente, pues es el que representa al país y lo felicitaron por haber dado ese paso, que es uno de los tantos, el de las negociaciones con los grupos subversivos, para ir armando el camino de la paz en donde se cumpla con un país más justo en donde las personas menos favorecidas cuenten con la verdadera salud, educación y justicia y que esto no sea únicamente para los poderosos, quienes todo lo consiguen por medio del dinero.

Colombia es un país de un grupito de ricos, de un gran grupo de personas de clase media que son los encargados de responder con los impuestos y las cargas prestacionales del país, de unos pobres trabajadores del campo que no reciben los salarios justos y que tienen a su cargo la producción de los alimentos para el resto de todos los colombianos, hay otro grupo de asalariados comunes que están en las ciudades, otros que no hacen nada sino recorrer las calles y otros que creen que todo debe de dárselo el gobierno de turno, porque simplemente forma parte de ese ejercito de aduladores en las campañas políticas y en el día de elecciones.

Los consejos que dieron los ilustres visitantes fueron muy concretos: al Gobierno para ser sincero y cumplir con los acuerdos al os que se lleguen con quienes se está en conversaciones y a los grupos subversivos, también a cumplir lo pactado, al resto de la sociedad a respetar lo que dice la ley y a quienes no están de acuerdo con lo pactado y con lo que se hace, a dar a conocer sus opiniones, pero con respeto, dentro de la ley y el servicio a la comunidad. A los grupos políticos a mostrar soluciones y no ser la traba en la rueda, dejando de un lado los intereses políticos y personales, que hacen que la contienda sea cada día más grande y que la imposición de ideas sean la causa de no conseguir lo mejor para el país.

En el campo anterior sabemos que hay muchos como en el disco de Shakira que son sordos, ciegos y mudos y no quieren sino imponer sus voluntades sin importarles el bien de la comunidad; pero es la oportunidad de ponernos serios y no destrozar al país, por el solo hecho de comenzar un año netamente político y de frente a unas elecciones de Congreso y Presidenciales, y no se hace nada en la vida humana hablando mal de los demás y mostrando sus defectos, sino dando soluciones y mostrando el camino para el progreso del país que al fin y al cabo será para el bien de todos.

Están muy de moda en el mundo las campañas sucias, en donde los candidatos no dan a conocer propuestas para solucionar los grandes problemas como son la desigualdad, una buena salud, educación y justicia para los ciudadanos, sino que se dedican a hablar mal de sus contrincantes y los ciudadanos que parece que no tienen ni cuatro dedos de frente caen en la trampa y como dijera un político hace unos meses en Colombia, para lograr los grandes resultados nos hemos aprovechando de la ignorancia y la pereza de estar informados de nuestros electores.

Eso no es buen para nadie y mucho menos para un país que está saliendo de una guerra fratricida de más de cincuenta años en donde se necesitan dirigentes inteligentes, respetuosos y que busquen el bien popular; hay que tratar que desaparezca la polarización que ha afectado tanto a Colombia en los últimos años.

Hablar de la corrupción da pena y parece que se está repitiendo el fenómeno, como en la época del narcotráfico que cuando menos pensábamos eran muchos los que creían ser personalidades importantes del país y de la política estaban enredados en grandes escándalos y ahora está sucediendo con la corrupción que corroe a gran parte, principalmente en la parte pública y en menos porcentaje en el sector privado.

Buen trabajo el que adelanta en este momento el Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, quien comienza a destapar las ollas de la corrupción en la salud y en la educación, además en el sector de la contratación, que es donde más se cometen delitos económicos y los llamados delincuentes de cuello blanco hacen de las suyas, porque no se les castiga; simplemente porque no se cuentan con las herramientas necesarias para tal fin.

Se espera que la labor del Fiscal General de la Nación, del Procurador General y del Contralor sean eficientes y los verdaderos culpables deban de ser investigados y llevados a los estrados judiciales para evitar que se sigua robando el erario público.

Recibamos el consejo de trabajar unidos por la paz, dejando de un lado los intereses mezquinos y personales y que los corruptos paguen por lo que han hecho.

No he querido hablar y quizá no lo haga ni en esta columna ni en ningún medio donde escribo, pero sí considero injusto el trato que le están dando algunos sectores políticos y periodísticos al alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa; mientras que a otros que si le hicieron mal a la ciudad se les trató con guante de seda.

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