La ley del ‘Montes’: La “papa caliente” de Simón Trinidad

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

Las Farc no se resignan a dejar al jefe guerrillero en una cárcel de Estados Unidos. Ahora acusan a Santos de haberlas engañado y a John Kerry de haberlas ilusionado.

Un trino en su cuenta de Twitter de Iván Márquez —jefe del equipo negociador de las Farc en La Habana— sobre la suerte de Simón Trinidad, preso en Estados Unidos por narcotráfico, disparó las alarmas del Gobierno sobre el futuro inmediato de dos de los compromisos adquiridos por el grupo subversivo que constan en el llamado Acuerdo Final: cese del fuego y de hostilidades y dejación de armas. El mensaje dice: “Frente al caso Simón Trinidad, coordinador de la dejación de armas, nos engañó el Gobierno y nos ilusionó Kerry”.

Llama la atención que quien encabezó la negociación por parte de las Farc en La Habana hable de “engaño” por parte del Gobierno y de “ilusión” por parte de Estados Unidos. Grave que en ambos casos llegue a tener la razón alias Iván Márquez, porque ello significaría que tanto los negociadores del Gobierno, como el jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos, adquirieron compromisos con las Farc que estaban mucho más allá de sus competencias.

La suerte de Simón Trinidad no depende del gobierno colombiano, por más voluntad política que tengan el presidente Juan Manuel Santos y sus negociadores en La Habana. Si Humberto De la Calle —jefe del equipo negociador de Colombia— y Sergio Jaramillo —Alto Comisionado de Paz— se comprometieron a traer a Simón Trinidad a Colombia, pues les mintieron a la Farc de manera descarada y sería muy bueno que le dijeran al país las razones por cuales llegaron hasta esos extremos.

Pero también tendría que dar explicaciones el ex secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Kerry, quien -según Márquez- “ilusionó” a las Farc. ¿A qué se comprometió Kerry con las Farc? ¿Cuáles fueron los compromisos adquiridos por Estados Unidos en relación con la excarcelación de Simón Trinidad y su regreso al país para que se encargara de la coordinación de la dejación de armas? ¿Sabía el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, de esos compromisos?

¿Qué tiene que decir la canciller colombiana, María Ángela Holguín, sobre esos acuerdos? ¿El tema fue tratado en la cumbre binacional que se llevó a cabo entre Holguín y Kerry en el Departamento de Estado de Estados Unidos en Washington, el pasado primero de agosto? ¿El canciller de Estados Unidos se comprometió a liberar a Simón Trinidad cuando se reunió con los voceros de las Farc en La Habana, en marzo del año pasado? ¿Qué les dijo Kerry a las Farc como para haberlas “ilusionado” con una presunta liberación de alias Simón Trinidad?

El nuevo gobierno de Estados Unidos, en cabeza del presidente republicano Donald Trump, así como el Congreso de ese país, seguramente querrán conocer los detalles de los acuerdos —si es que los hubo— entre la cancillería estadounidense y la colombiana, pues se trata de un asunto muy delicado que amerita explicaciones, tanto de Obama como de Kerry. ¿Informó Kerry al nuevo canciller estadounidense, Rex Tillerson, sobre los acuerdos con las Farc?

En Estados Unidos —a diferencia de lo que ocurre en Colombia— la separación de poderes es sagrada. Ello significa que ni el Ejecutivo se mete en los terrenos del Poder Judicial, ni el Poder Judicial se entromete en los asuntos del Ejecutivo, como tampoco lo hace el Poder Legislativo. Cada uno tiene sus competencias y sus responsabilidades, como ocurre en todas las democracias serias del mundo. En Colombia es otra cosa: el Ejecutivo reparte puestos, contratos y “mermelada” y eso es suficiente para que ambos poderes bailen al son que les toque el presidente de turno, sea quien sea.

En Estados Unidos la suerte de alias Simón Trinidad depende del Poder Judicial, así el presidente de esa nación disponga de la facultad del perdón al final de su mandato. Se trata —obviamente— de un perdón condicionado y de ninguna manera arbitrario. Simón Trinidad no podía quedar libre y regresar a Colombia, por más que Obama y Kerry lo quisieran. Difícil de creer que el canciller de Estados Unidos se hubiera atrevido a “ilusionar” a las Farc con algo que no depende de su voluntad, ni de la del presidente.

Pero, además, sería muy bueno que tanto el gobierno colombiano, como los voceros de las Farc, expliquen al país y al propio gobierno de Estados Unidos cómo es que ambas partes se atrevieron a disponer de la libertad de alguien que está recluido en una cárcel de ese país para que fuera el “coordinador de la dejación de armas de las Farc”. Es decir, tanto De la Calle como Márquez daban por hecho que alias Simón Trinidad recuperaría su libertad y vendría a Colombia para ponerse al frente de la misión más importante de las Farc en estos momentos: la dejación de miles de armas que están en su poder. ¿Ello fue así como asegura Márquez?

La otra pregunta que surge con la sorpresiva declaración de Iván Márquez es: ¿qué va a pasar con la dejación de armas? ¿Si el coordinador de esa compleja operación está preso —y es un hecho que no recuperará su libertad— entonces la dejación de armas se aplaza, se pospone o se cancela de manera definitiva? ¿La libertad de Simón Trinidad era un “punto de honor” por parte de las Farc y el Gobierno así lo aceptó?

Este nuevo capítulo de una relación que empieza a ser tormentosa entre el Gobierno y las Farc —justo cuando se daba por descontado que una vez firmado el Acuerdo Final ingresaríamos al posconflicto sin mayores traumatismos— tiene muchas preguntas y pocas respuestas, tanto por parte del Gobierno como de las Farc, así como del mismo Estados Unidos, cuyo gobierno pasó de ser amigo de las negociaciones a severo crítico de los acuerdos, pues es claro que una cosa pensaba Obama de las Farc y otra bien distinta piensa Trump.

¿Engañó Santos a las Farc?

Según el mensaje de alias Iván Márquez, Santos engañó a las Farc al comprometerse a liberar a Simón Trinidad y traerlo al país para que se pusiera al frente de la dejación de armas. Ello no ocurrió, como es bien sabido. Para que Santos o sus negociadores hayan engañado a las Farc tuvo que haber existido previamente un compromiso o un acuerdo el cual habría sido violado por parte del Gobierno. ¿Cuál fue ese acuerdo? ¿Dónde consta? ¿Está escrito en algún documento o fue solo verbal? ¿Quién o quiénes por parte del Gobierno adquirieron ese compromiso? ¿Fue el propio Santos? Las únicas personas que pueden responder estas preguntas son Santos, De la Calle o Jaramillo, por parte del Gobierno, así como Márquez o alias Timochenko, por parte de las Farc. Pero como quien habla de “engaño” es Márquez, entonces que sea el propio Márquez, quien le diga al país, ¿en qué consistió el engaño del presidente y Premio Nobel de Paz, Juan Manuel Santos Calderón? Esa traición —de haberse dado— sería algo muy grave, puesto que habría sido uno de los puntos fundamentales para que la negociación avanzara y llegara a buen puerto, como en efecto sucedió. ¿Si el Gobierno no se compromete a liberar y traer a Colombia a alias Simón Trinidad, las Farc hubieran continuado con la negociación? Una negociación se basa en la confianza entre las partes. Muy seguramente fue dicha confianza la que permitió que tanto el Gobierno como las Farc pudieran superar los escollos que se presentaron durante la negociación en La Habana. Con lo que acaba de suceder —según denuncia Iván Márquez— es evidente que dicha confianza sale muy afectada y ello podría comprometer el desarrollo de lo pactado en La Habana. Esa es la nuez del nuevo episodio. Y sería muy bueno que todo se aclarara para que las aguas vuelvan a su cauce.

¿Ilusionó Estados Unidos a las Farc?

Que Iván Márquez diga que el ex canciller de Estados Unidos, John Kerry, “ilusionó” a las Farc, es tanto o mucho más grave a que afirme que Santos las “engañó”. En Estados Unidos los presidentes y los cancilleres deben rendir cuentas de sus actos, mucho más cuando están de por medio asuntos de Estado, como la liberación de un jefe guerrillero de otro país condenado por narcotráfico, que en ese país ni es un delito político ni tiene ningún tipo de conexidad con los delitos políticos, como ocurre en Colombia, por cuenta de las nuevas tesis jurídicas que se derivaron de la negociación con las Farc. Es decir: tanto Barack Obama, como John Kerry deberán explicar qué tipo de compromisos adquirieron —si ello fue así, como afirma Iván Márquez— con las Farc en lo que tiene que ver con una posible liberación de Simón Trinidad. ¿En qué consistió la ilusión de EEUU a las Farc de la que habla Marquez? Es bastante probable que el nuevo canciller de Estados Unidos, Rex Tillerson, le pida cuentas a quien lo precedió en el cargo, pues no querrá heredar semejante “chicharrón”, que en este caso no es otra cosa que un delicado asunto de Estado. Y también podría ocurrir que el Congreso de ese país —ahora controlado por el Partido Republicano— decida meterse en el asunto y pedirles cuentas de sus actos a los demócratas que tomaron decisiones relacionadas con la posible excarcelación de un jefe guerrillero, que no solo está preso por narcotráfico, sino que hace parte de una organización guerrillera que por varios años tuvo secuestrados a tres ciudadanos estadounidenses, quienes fueron rescatados por las Fuerzas Militares de Colombia. Alias Simón Trinidad está condenado por delitos ajenos a los de naturaleza política y por lo tanto su retorno a Colombia sería imposible. Y ello nada tiene que ver con la voluntad del expresidente Obama o el excanciller Kerry.

¿Chantajearon las Farc al Gobierno?

Tanto Humberto De la Calle como Sergio Jaramillo son hombres conocedores de los asuntos relacionados con la política internacional y saben muy bien cuáles son las condiciones bajo las cuales podría darse la liberación de Simón Trinidad por parte de Estados Unidos. Pero —sobre todo— saben muy bien las razones por las cuales el regreso del jefe guerrillero a Colombia es hoy una misión imposible. Punto. No hay forma de que Simón Trinidad vuelva a Colombia, sin antes haber pagado su pena en ese país. Si ello es así, entonces vale la pena preguntarse, ¿porqué aceptaron que ese punto fuera planteado por las Farc en la negociación de La Habana? Y —peor aún— ¿porqué se comprometieron a cumplir la exigencia de traerlo de nuevo a Colombia? ¿Condicionaron las Farc su permanencia en la mesa de conversaciones al compromiso por parte del Gobierno de regresar a Simón Trinidad al país y por eso Márquez sostiene que “Santos nos engañó”? Desde el momento en que el jefe guerrillero llegó a Estados Unidos para ser juzgado en ese país, las Farc se han puesto como meta traerlo de nuevo a Colombia para que goce de los beneficios de una negociación con el Gobierno, como sucede en la actualidad luego de pactar con Santos su desmovilización y reintegración a la sociedad. El punto de la liberación de Ricardo Palmera —su nombre de pila— hace parte de la agenda desde el primer momento en que Santos decidió negociar con ese grupo guerrillero. En otras palabras, traer a Simón Trinidad de nuevo a Colombia es para las Farc un punto de honor y el Gobierno así lo habría aceptado. No de otra manera se explicaría la contundente declaración de Márquez. Y sobre ese particular también hay otra pregunta: ¿aceptó el Gobierno esa especie de chantaje de las Farc que condicionaba la continuidad de las conversaciones al regreso de Simón Trinidad?

Los tiempos cambiaron: ahora es Trump quien decide

La esperanza de que uno de los últimos actos de Barack Obama como presidente de Estados Unidos fuera la excarcelación de Simón Trinidad para que viniera a Colombia a ponerse al frente de la dejación de armas por parte de las Farc se desvaneció y ahora la suerte del jefe guerrillero está en manos de Donald Trump, el nuevo gobernante estadounidense. Pero para decirlo en plata blanca: si con Obama el jefe guerrillero no volvió con Trump mucho menos. Trump como buen republicano —igual que George W. Bush— considera que ninguna organización terrorista o con vínculos con los grupos terroristas del mundo —y para ellos las Farc los tienen— merece un tratamiento distinto a la persecución y el aniquilamiento. Es por ello que no resultará nada fácil que las Farc cumplan con su sueño de tener de nuevo a Simón Trinidad en sus filas, ahora como partido político. Y si bien es cierto que las relaciones con Estados Unidos son más institucionales que personales, como bien lo afirmó Santos, no es menos cierto que unas buenas relaciones entre mandatarios o entre funcionarios de ambos gobierno, facilitaría una futura negociación que permitiera buscar salidas políticas al asunto bien completo del encarcelamiento de Simón Trinidad. Trump, además, llega a la Casa Blanca con el firme propósito de “barrer” con todo lo que tenga que ver con Obama y muy seguramente replanteará las relaciones de su país con algunos gobierno de América Latina. ¿Colombia hace parte de esa lista? Esa el la pregunta que trasnocha a varios funcionarios de la Casa de Nariño y —claro— a los jefes de las Farc.

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