Análisis Ley del Montes | Vargas Lleras, ¿presidente?

Por: OSCAR MONTES

@LEDELMONTES

La polarización política entre gobiernistas y uribistas podría terminar moliendo la candidatura presidencial de quien no fue tan santista, como quería Santos, ni tan uribista, como quería Uribe.

La escogencia del general retirado de la Policía, Óscar Naranjo, como sucesor de Germán Vargas Lleras en la vicepresidencia de la República, se convirtió en la primera jugada política de gran calado de 2017. Y quien se encargó de mover las fichas fue el mismísimo Presidente de la República, Juan Manuel Santos, cada día más cercano a Naranjo y más distante de Vargas Lleras.

Aunque el anuncio del general Naranjo como futuro Vicepresidente no causó mayor sorpresa, puesto que su nombre era uno de los que integraban la baraja de posibles sucesores de Vargas Lleras, sí llamó la atención la manera cómo Santos oficializó su decisión.

En política la forma cuenta tanto como el fondo. Y la forma que utilizó Santos fue poco elegante, pues notificó a Vargas Lleras de la escogencia de Naranjo mediante una entrevista radial en la que respondió todo lo que le preguntaron, incluyendo la salida de su actual Vicepresidente y la llegada de su reemplazo. Esta vez no hubo ni siquiera una alocución presidencial o una rueda de prensa conjunta para hacer el trascendental anuncio, pues se trata de quien podría ocupar la Presidencia en caso de que el Jefe del Estado llegue a faltar.

Una vez notificado al aire de la decisión presidencial, Vargas Lleras no tuvo salida distinta a la de decir que el nombre del general Naranjo había sido conversado con el Presidente Santos.

Allegados al Vicepresidente con quienes hablé sobre la “jugada presidencial” se mostraron extrañados del “portazo radial” que Santos le dio a quien ha sido uno de sus más eficientes y leales colaboradores, como lo indican los resultados en Vivienda e Infraestructura, las dos “locomotoras” que mejores cifras muestran en los dos mandatos consecutivos de Santos.

El retiro de Vargas Lleras estaba cantado desde el mismo instante de su posesión, pues todo el mundo sabe que aspirará a la Presidencia de la República en 2018 y que ello lo obliga a separarse del cargo un año antes de la primera vuelta presidencial, es decir antes de Mayo de este año. Todo parece indicar que su salida se producirá a mediados de Febrero, luego de cumplir con la entrega cientos de viviendas de interés social en todo el país.

Y si bien es cierto que tantos Santos como Vargas Lleras consideraron el nombre del general Naranjo como futuro Vicepresidente, lo cierto es que el alto oficial es más santista que vargasllerista.

Al notificarlo a través de los medios de comunicación y designar a un sucesor que no hace parte de sus entrañas -como era su interés- el mensaje de Santos a Vargas Lleras no admite discusión: sus cartas presidenciales para 2018 no incluyen al actual Vicepresidente. Su apuesta está con quienes se jugaron a fondo con la negociación con las Farc en La Habana y ello incluye a Humberto de la Calle -futuro candidato presidencial- y al negociador Plenipotenciario, general Óscar Naranjo, entre otros.

La polarización política del país entre los amigos del Gobierno y sus enemigos, que no es otra cosa que la polarización entre los amigos de la negociación con las Farc y sus enemigos, deja poco espacio a quienes no estén matriculados con el Gobierno o con el Centro Democrático de Álvaro Uribe, las dos fuerzas más poderosas del país en la actualidad en materia electoral.

Esta disputa será el gran “issue” de la campaña presidencial de 2018. Es decir, la contienda presidencial estará marcada por la suerte de la negociación con las Farc, aunque haya otros problemas que también deban ser resueltos, como la corrupción, el desempleo, la inseguridad, la educación y la salud.

El gran riesgo que corre hoy por hoy la candidatura presidencial de Germán Vargas Lleras es que la polarización entre gobiernistas y uribistas podría terminar moliendo a quien no fue lo suficientemente santista, como quería Santos, ni lo suficientemente uribista, como quería Uribe.

Ante ese escenario poco atractivo, Vargas Lleras no tiene opción distinta a la de desmarcarse de Santos y de Uribe de una vez por todas. No hay otra salida, pues ni el santismo le funcionó -tanto que Santos lo sacó del llavero para meter a los “habaneros”- ni el uribismo le sirvió, pues buena parte de los amigos de Uribe lo consideran poco menos que un traidor, por cuenta de no haber apoyado el embeleco de un tercer período presidencial del entonces Presidente.

En otras palabras, Vargas Lleras debe reinventarse si quiere que su sueño de ser Presidente de la República se cumpla. Su gran ventaja es que ni Santos ni Uribe tienen en estos momentos candidatos con el peso suficiente para derrotarlo, pues ninguno de los nombres que están siendo considerados por uno y otro bando tiene el músculo electoral del actual Vicepresidente de la República.

En el terreno de las tercerías -otra opción que debería ser considerada- el nombre que tiene más fuerza es el de Sergio Fajardo, quien está bien posicionado en las encuestas. Pero ocurre que -a diferencia de Vargas Lleras- su candidatura “nini” -ni santista ni uribista- es interpretada como puro cálculo político y falta de carácter.

En cambio a Vargas Lleras lo que le aconsejan sus asesores es que le baje los decibeles a su temperamento y se cuide de andar repartiendo “coscorrones” a diestra y siniestra, como si fuera prefecto de disciplina y no vicepresidente de la República.

¿Qué futuro electoral le espera al Vicepresidente de la República? ¿Vargas Lleras contra Santos y Uribe? ¿Vargas Lleras contra el Establecimiento?

Vargas Lleras, ¿qué tan lejos de Santos?

Cuando empiece la campaña presidencial de 2018 en firme, una de las cuentas que tendrá que pagar Germán Vargas Lleras será la de haber sido vicepresidente de Juan Manuel Santos, con el agravante de que no aparece en la foto donde quedó registrado lo mejor de Santos: su negociación con las Farc, que le valió el Premio Nobel de Paz. Los amigos del Gobierno consideran que Vargas Lleras nunca se puso la camiseta de la paz y por ello hoy lo ven más como enemigo de los diálogos que como promotor de los mismos. La otra cuenta que tendrá que pagar el Vicepresidente es la de la Reforma Tributaria, cuyas funestas consecuencias las pagará la clase media y asalariada del país. Aunque expresó sus reservas con varios de los puntos fijados por el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, lo cierto es que su voz -al igual que sucedió con la negociación con las Farc en La Habana- tampoco se escuchó con la intensidad que se requería. La pobre aceptación de Santos y su precaria favorabilidad también atentan contra una posible candidatura santista de Vargas Lleras, quien se quedó con el pecado y sin el género del Gobierno. Ahora Vargas Lleras deberá elaborar un discurso y un mensaje que lo muestren distante del Presidente del que fue su Vicepresidente, sin que ello sea interpretado como una traición a su antiguo jefe, algo que a Santos no debería extrañarle, pues fue lo mismo que él hizo con Uribe de quien fue su Ministro de Defensa.

¿Es la hora de una tercería “Ni-ni”?

Colombia no es un país con tercerías con vocación de poder. Todas han fracasado. La más exitosa ha sido la de Noemí Sanín en tiempos de Horacio Serpa y Andrés Pastrana. A la hora de la votación, la polarización entre las fuerzas políticas con los dos candidatos favoritos termina moliendo a quienes representen una tercera opción. El reto de Vargas Lleras es construir una candidatura que logre posicionarse por encima de los candidatos de Santos y de Uribe -las dos fuerzas que polarizan la campaña presidencial de 2018- para al final buscar alianzas electorales estratégicas que le permitan triunfar. Y de las posibles tercerías, es el único con músculo electoral para hacerlo. Ningún otro tiene la fortaleza electoral del actual Vicepresidente. Punto. Ni siquiera Sergio Fajardo, quien aparece muy bien posicionado en las encuestas, puede contar con el respaldo nacional y regional de Vargas Lleras y de su partido Cambio Radical. El problema de una tercería de Vargas Lleras es que la tendría que hacer contra unos partidos políticos, una clase dirigente y un Establecimiento a los que no sólo siempre ha pertenecido, sino de los que se ha beneficiado. Pero en las actuales circunstancias políticas del país, ese es un riesgo que debería asumir.

¿Qué hacer: uribismo o antiuribismo?

Difícil encontrar en el primer mandato de Álvaro Uribe a un uribista más uribista que Germán Vargas Lleras. Desde el mismo momento en que se separó de las huestes liberales de Horacio Serpa para llegar a las de Uribe en la campaña presidencial de 2002, Vargas Lleras se convirtió en uno de los abanderados de la Seguridad Democrática y como presidente del Senado contribuyó de forma significativa a materializar en leyes de la República buena parte del programa de gobierno del candidato antioqueño. Pero Vargas Lleras entró en desgracia con el uribismo cuando le dijo al entonces presidente Álvaro Uribe que no lo acompañaría en su deseo de ocupar la Casa de Nariño por tres períodos consecutivos. A partir de ese momento los uribistas -empezando por Uribe- le retiraron los afectos al actual Vicepresidente, hasta el punto de que la cordialidad de las relaciones nunca pudo restablecerse. Los uribistas consideran que Vargas Lleras es muy santista y los santistas creen que Vargas Lleras es demasiado uribista para sus gustos. Y en materia electoral esa condición debería ser una fortaleza y no una debilidad. Pero para ello se requiere que Vargas Lleras rompa amarras con ambos y construya una candidatura presidencial que esté por encima de los dos. Ello le permitirá -ahí sí- enfrentar a los candidatos de Santos y Uribe con posibilidades reales de triunfo.

¿Y la izquierda a qué juega?

La irrupción de las Farc como partido político a partir de 2018 -en caso de que todo lo pactado en La Habana se traduzca en leyes que permitan la implementación de los acuerdos- pone a la izquierda democrática tradicional en la difícil situación de apartarse de forma radical del nuevo partido o subirse a ese tren. La mayoría de los partidos y movimientos políticos de izquierda se subirán al tren, como ocurrirá con Marcha Patriótica, entre otros. Algunos partidos, como el Polo Democrático, deberán definir cuál será su futuro político, pues hay fuerzas internas con distintos intereses. El senador Jorge Enrique Robledo -candidato presidencial por ese partido- deberá derrotar a los sectores “gobiernistas” que siguen a la ministra Clara López. El senador Robledo es -sin duda- la mejor opción que tiene la izquierda democrática para construir una candidatura presidencial viable y seria. Pero para ello el Polo debe dejar de lado las históricas pugnas internas, las mezquindades y las ambiciones personales, así como los cálculos políticos. La candidatura de Robledo le daría al debate presidencial la altura de la que ha carecido durante muchos años.

TOMADO DE EL HERALDO

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