Análisis Ley del Montes: La parranda del año

POR OSCAR MONTES

@LEYDEL MONTES

Las denuncias sobre abusos por parte de la guerrrilla de las Farc en las zonas de preagrupamiento, incluyendo la fiesta del Año Nuevo con delegados de la ONU, aumentan la desconfianza en el cumplimiento de los acuerdos de paz.

La decisión que adoptó las Naciones Unidas de “separar de su servicio” a tres de sus observadores y al supervisor directo por participar en la celebración de fin de año con guerrilleros de las Farc en la zona de preagrupamiento territorial de Conejo, La Guajira, cuando su obligación no es otra que la de supervisar el cumplimiento del cese del fuego, así como la dejación de armas por parte de esa organización guerrillera, es acertada desde todo punto de vista.

Pese a las críticas que ha recibido la ONU por la decisión que tomó, lo cierto es que no tiene ninguna presentación el hecho de que funcionarios de la ONU aparezcan en un video amacizados con guerrilleras de las Farc, azotando baldosa, mientras el mundo entero está a la espera de que tanto el Gobierno como las Farc cumplan con los compromisos adquiridos y firmados en el Acuerdo Final, que tienen que ver con el cese del fuego y de hostilidades, así como la dejación de armas por parte de las Farc.

No se trata de un asunto menor o de una simple anécdota, como de manera equivocada pretenden presentarlo los amigos de la negociación entre el Gobierno y las Farc. Todo lo contrario: es un asunto muy delicado. Pretender justificar este comportamiento inapropiado y carente de profesionalismo, desde todo punto de vista, es servir de alcahueta a quienes faltaron de forma grave a la responsabilidad asignada por el organismo internacional.

Los funcionarios de la ONU no están para parrandear con los guerrilleros de las Farc, sino para verificar su comportamiento y vigilar sus actuaciones. ¿O es que en el campamento de las Farc en Conejo, La Guajira, donde ocurrió la francachela, no había guerrilleros para bailar con las guerrilleras o guerrilleras para bailar con los guerrilleros?

No es cierto –como afirma la Junta de Acción Comunal de Conejo- que desde ese territorio “tan alegre y festivo”, se haya presentado una simple celebración de Año Nuevo, entre funcionarios de la ONU y guerrilleros de las Farc. Es mucho más que eso. Lo sucedido es muy grave, pues la ONU es el organismo encargado de verificar las obligaciones adquiridas por las Farc, luego de firmar la paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.

La actuación de la ONU en el cumplimiento del Acuerdo Final del proceso de paz con las Farc debe regirse por los principios de la objetividad y la transparencia. ¿Qué tiene de objetivo y transparente el hecho de que funcionarios de la ONU se emborrachen y se enrumben con guerrilleros de las Farc? ¿Con qué cara la ONU le exige a las Farc que cumplan sus compromisos, si integrantes de la misión de verificación aparecen en varios videos arrunchados con guerrilleros y guerrilleras de las Farc?

Ante la grave situación, la embajadora de Colombia ante la ONU, María Emma Mejía, mostró su preocupación y expresó su malestar por la conducta de los observadores del organismo internacional, pues consideró que su comportamiento desvirtuó “el profesionalismo y la neutralidad” que debe caracterizar en todo momento a quienes hacen parte de la entidad.

La actuación de las Naciones Unidas está en el ojo del huracán, precisamente porque hay quienes dudan de su objetividad y de su imparcialidad. Las imágenes de funcionarios de la ONU rumbeando con guerrilleros de las Farc sólo sirven para reafirmar las dudas de quienes desconfían de las garantías que brinda el organismo internacional.

Desde las filas del Centro Democrático –partido opositor de los acuerdos de La Habana- no se hicieron esperar las voces de rechazo al comportamiento irresponsable de los delegados de la ONU. Senadores y representantes de ese partido político que sigue las orientaciones del ex presidente y actual senador de la República, Álvaro Uribe Vélez, expresaron su inconformidad con lo acontecido, al considerar que “las imágenes ponen en entredicho la imparcialidad de la ONU en el cumplimiento de los acuerdos de paz”.

Pero mientras la comunidad internacional y las propias Naciones Unidas rechazan la actuación de los funcionarios de ese organismo, los jefes de las Farc amenazan con no concentrarse en La Guajira y Cesar, hasta tanto la ONU reconsidere su posición y permita el regreso de sus observadores a sus funciones.

Es decir, en lugar de reconocer que hubo excesos en el episodio de la parranda de Año Nuevo en Conejo y que la conducta de los funcionarios de la ONU debe ser castigada, ahora se valen de la presión para permitir que sus “vigilantes alcahuetes” regresen a sus puestos de trabajo para que los guerrilleros hagan lo que les venga en gana, pues después de la “amacizada” con los guerrilleros, carecen de la autoridad suficiente para hacerse respetar. Así de simple.

¿En qué parará la historia de la parranda del año? ¿Quién controla a los guerrilleros de las Farc en sus zonas de preagrupamiento?

Los 14 cañonazos bailables

El parrandón que armaron los delegados de la ONU y los guerrilleros de las Farc en Conejo, La Guajira, evidenció la cercanía de funcionarios de ese organismo internacional con los guerrilleros de las Farc. Y no es el primer caso que pone en entredicho la “imparcialidad y objetividad” de la ONU con la paz en Colombia. Hace poco se conoció una fotografía donde aparece una delegada de la ONU posando al lado de un guerrillero menor de edad, lo que constituye –sin duda- una falta grave por parte de las Farc, que se había comprometido a liberar a todos los menores reclutados y que hacen parte de esa organización guerrillera. ¿Reportó la funcionaria de la ONU esa irregularidad? ¿Cuándo lo hizo y a quiénes? La conducta inapropiada de algunos de sus delegados atenta contra los valores de “objetividad e imparcialidad” que pregonan las Naciones Unidas. Y aunque no les falta razón a los voceros de la Junta de Acción Comunal de Conejo, La Guajira, cuando afirman que prefieren ver bailando a “soldados y policías, observadores y opositores, en lugar de enfrentarse a muerte”, no es menos cierto que ver bailar a delegados de la ONU con guerrilleros a los que deberían vigilar, habla muy mal de la neutralidad del organismo internacional.

Vallenatos del corazón

Que los guerrilleros de las Farc celebren la Navidad y el Año Nuevo con una parranda no tiene nada de malo. ¿A quién no le gusta y quisiera bailar ‘Bonita’, la canción de Diomedes Díaz que enternece los corazones de los amantes del vallenato? ¿Quién se puede resistir a cantar algunos versos de Patrimonio cultural, de Roberto Calderón, o de Seductora, de Efrén Calderón, cantadas por el gran Jorge Oñate? Ellos son seres humanos que –como todos nosotros- tienen derecho a festejar las fiestas de Diciembre. Así ha sido siempre. Lo que no está bien es que a la pachanga se sumen los delegados de la ONU, que tienen la obligación de vigilarlos y que están en los campamentos de las Farc no precisamente para buscar parejas. Si ellos querían celebrar el Año Nuevo -algo a lo que también tienen derecho- debieron pedir licencia o permiso para ausentarse del lugar y celebrar al lado de sus seres queridos. Así es como debieron hacerse las cosas. Pretender justificar lo injustificable es hacerle un gran daño a la golpeada credibilidad del proceso de paz con las Farc.

¿Quién vigila a los guerrilleros de las Farc?

Las Farc no son dueñas de ningún territorio, así sus jefes crean que pueden hacer y deshacer en las llamadas zonas de preagrupamiento. Están en la obligación de rendir cuentas de todos y cada uno de sus actos. Les guste o no a sus jefes. Punto. Lo sucedido con el gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, quien como máxima autoridad departamental, tomó la vocería de habitantes del Departamento para denunciar presuntos desafueros y abusos de guerrilleros en contra de la población civil, especialmente de menores de edad, evidenció la falta de control en dichos territorios. A la grave denuncia del Gobernador, las Farc respondieron con cajas destempladas y prácticamente le prohibieron ingresar a las zonas de preagrupamiento, pues su presencia podría comprometer el clima de paz entre el Gobierno y las Farc. Que el Gobierno diga de una buena vez, quién es la máxima autoridad del Departamento, ¿el Gobernador o los jefes guerrilleros, que están dispuestos a impedir su ingreso? Ahora sucede lo mismo en Conejo, La Guajira, pues ante las graves denuncias de la parranda de Año Nuevo, las Farc amenazan con no concentrarse en ese departamento. Está visto que las Farc prefieren rendirles cuentas a los delegados de la ONU –con quienes se amacizan y rumbean- que a la primera autoridad departamental, como es el caso de los gobernadores.

Y el Gobierno, ¿en qué anda?

Mientras las zonas de preagrupamiento están siendo cuestionadas por los abusos de los guerrilleros de las Farc, el Gobierno se mantiene en plena celebración por haber logrado la firma de la paz con ese grupo guerrillero. Ninguna denuncia logra amargarle el rato al presidente, Juan Manuel Santos y a su equipo negociador. Ni la carta del Gobernador de Antioquia, ni los videos de la parranda de Año Nuevo en Conejo, La Guajira, logran conmover a quienes deberían ponerse al frente de la situación y darles un parte de tranquilidad a los colombianos, cuyas dudas y desconfianza con respecto al éxito final del proceso de paz crecen cada día. Los desafueros y abusos de las Farc en las zonas donde van a concentrarse deben ser condenados por el Gobierno Nacional, que fue su contraparte en la negociación de paz y es quien tiene la obligación de garantizar la integridad y la vida de todos los colombianos. El mutismo oficial solo sirve para “envalentonar” a aquellos guerrilleros que no están cumpliendo con lo pactado. Ese silencio es interpretado por ellos como “patente de corso” para seguir con su actitud atrabiliaria y abusiva.

TOMADO DE EL HERALDO

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