La mesa de Bogotá

A diferencia de los políticos, el país real ya ha logrado un consenso: el acuerdo hay que salvarlo pronto y es irreversible el logro de la paz.

Por Carlos Obregón

Después del resultado del plebiscito, de las reuniones en la Casa de Nariño con los promotores del NO y del inesperado anuncio del Nobel de Paz para el presidente Juan Manuel Santos, comienza esta semana la etapa del post plebiscito en búsqueda de un acuerdo con el sector que se resistió a ir a La Habana por estar siempre en desacuerdo con la negociación.

La búsqueda de consensos para que lo que se negoció en La Habana armonice con la mesa de Bogotá –uribismo, Pastrana, Ordóñez y cristianos—parece más posible hoy que hace una semana cuando la euforia de los promotores del NO los hacía sentir dueños de las negociaciones. Entre otras razones porque la movilización ciudadana liderada por jóvenes y víctimas y aun la carta de 400 empresarios envían el mensaje de que la salvación de los acuerdos está por encima de los egos de los políticos y que este es un asunto que demanda una salida pronta.

¿Qué tan cerca o tan lejos puede estar el país de lograr esos consensos post plebiscito? El camino para lograrlo es complejo. A diferencia de La Habana, en este caso hay un tercer jugador que reclama el derecho a meter la mano, el uribismo, con tendencias diversas y objetivos políticos de corto plazo. Allí hay voces sensatas como la de Iván Duque y Francisco Santos que se apartan de la tendencia extrema con arraigo electoral rural que se opone a cualquier acuerdo que no sea renegociar todo. Pero, además, el verdadero interlocutor político con el Gobierno en este caso sabe que las propuestas deben tener el visto bueno de sus tres precandidatos entre los cuales Óscar Iván Zuluaga es el que más distancias ha marcado con Santos que lo derrotó con la bandera de la paz.

Sin embargo, los ocho puntos que expuso este domingo el senador Uribe, en su mayoría, parecen no estar lejos de los acuerdos de La Habana y, por ejemplo, avanza en el punto de cárcel al plantear lugares alternativos de reclusión. En lo que sí aún las distancias son del cielo a la tierra están en el punto de justicia, el que más tiempo demandó en la mesa, el que más defienden las Farc que no creen en la justicia ordinaria y que por lo demás tiene el aval de la Corte Penal Internacional.

Pero una cosa es lo que proponga el NO, otra el punto de vista del gobierno sobre esas propuestas y otra y definitiva es las de las Farc que son las que dirán si aceptan cambios como en lo que tiene qué ver con justicia y participación en política. La canciller María Ángela Holguín ha dicho que el problema no es que el gobierno acepte las propuestas de manera automática, sino que sean viables y encuadren dentro de lo ya negociado.

Por ahora, en medio de las dificultades, ya hay dos puntos sobre los que sí se ha formado un consenso en el país: el acuerdo hay que salvarlo pronto y es irreversible el logro de la paz a partir de lo pactado. Las tres patas de la mesa de hoy han quedado obligadas a hacer la tarea para que lo que salga, sin ser lo ideal, deje de fraccionar al país en partes iguales.

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