Empieza el silencio de los fusiles

Hay varias razones para creer que el cese bilateral y definitivo del fuego no va a repetir los errores de pasados acuerdos fallidos con las Farc.

Por Carlos Obregón

Por primera vez en medio siglo, Colombia está llena de noticias buenas de paz que se desataron desde el pasado 24 de agosto con la firma de los acuerdos definitivos de La Habana, que hoy tienen al país discutiendo ya no sobre la guerra sino sobre el futuro de la paz.

Luego de esa noticia de la firma de los acuerdos, la primera consecuencia de gran magnitud en desarrollo de los mismos es la orden de cese del fuego bilateral y definitivo a partir de las cero horas de este lunes, porque supone que unos 7.500 hombres armados y unos 8.000 milicianos dejan de usarlas y ponen fin a sus acciones hostiles, mientras que unos 240 mil militares dejarán de combatirlos por cielo y tierra.

No es la primera vez que ambas partes toman esta decisión. En marzo de 1984, durante el gobierno Betancur se había pactado un cese de acciones armadas que fracasó dos años después por los asesinatos sistemáticos de los integrantes de la UP y por la violación de la tregua por las Farc. Durante este proceso, las Farc han decretado ceses en al menos en cinco ocasiones desde 2013, siendo la del último año la que menos acciones violentas produjo y el que más confianza generó en el Gobierno y en los sectores que han apoyado las negociaciones. Por eso razón ya el gobierno había suspendido bombardeos.

¿Por qué es diferente este fin de la guerra al de las ocasiones anteriores? Ante todo porque se da como fruto de una negociación definitiva con el Estado, al final de una negociación; porque los que lo diseñaron fueron los hombres que más saben de la guerra, los militares y guerrilleros que se sentaron por primera vez a elaborar una estrategia coherente y que el día que les toque ponerla en práctica deberán tener en cuenta que no pueden violar unas nomas que ellos mismos elaboraron; por los protocolos que se tiene para la verificación y el monitoreo de la transición que se dará para la dejación de las armas y por el acompañamiento internacional de la ONU (detalles en los artículos 3 y 6 del acuerdo).

Pero más allá del detalle, el elemento clave es la confianza de que ninguna de las dos partes sacará ventaja u ocultará información a la hora de la puesta en marcha del cese definitivo. El cambio de actitud del Secretariado de las Farc en la mesa y el compromiso de la cúpula militar con el proceso ayudaron a generar ese clima.

Comienza el fin de la guerra, por supuesto, pero no el fin del conflicto como hubiera sido el deseo. La presencia de otros actores como el ELN, las bandas criminales y disidencias que se puedan dar desde algunos frentes de las Farc seguramente podrán generar momentos difíciles producto de hechos violentos que se darán y que serán aprovechados por quienes se oponen al proceso para generar desconfianza en la opinión. Solo en esos momentos se sabrá la efectividad de las reglas de juego acordadas y el papel de verificación y monitoreo de las tres partes que tendrán en sus manos difícil obligación de garantizar la paz.

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