Categoría democracia

Por: Ricardo Galán. —

BOGOTA, 21 de agosto_ RAM_ En el mundo de la publicidad es famosa una anécdota según la cual un publicista le propuso un día al Presidente de McDonalds que lanzara una campaña hablando mal de las hamburguesas de Burger King su principal competidor.

Cuentan que, visiblemente preocupado, el Presidente de McDonalds le respondió que jamás autorizaría una campaña de ese tipo porque su primera obligación consistía en defender “la categoría hamburguesas”.

Según su teoría era posible que al principio McDonalds obtuviera una ventaja, pero al final su compañía también perdería porque la gente sospecharía de todos los fabricantes y nadie volvería a comer hamburguesas.

Esa lección del Presidente de McDonalds debería ser aprendida, asimilada y aplicada por todos quienes promueven la polarización en Colombia porque al final van a terminar por destruir la “categoría democracia”.

No creo que nuestros líderes políticos, analistas y formadores de opinión sean conscientes del daño que le están causando al país y a sus instituciones cuando clasifican en la categoría “enemigo” a quienes no están de acuerdo con sus ideas y propuestas.

Conmigo o contra mi parece ser la consigna. Y acto seguido intentan borrar del mapa a sus contradictores acudiendo a la censura, el aislamiento, la descalificación, la estigmatización, la amenaza y/o la persecución utilizando todo el poder del Estado desde el gobierno, el congreso o la justicia incluyendo a las Altas Cortes y los organismos de control.  O mediante el linchamiento público a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

El influyente analista venezolano, Moisés Naím nos advertía hace poco desde Cartagena:  “En los últimos tiempos se ha generado en Colombia se ha generalizado una polarización preocupante qué se debe controlar, que hay que contener. La polarización es una amenaza para ustedes. Hay que disminuir la sensación de que quienes están al otro lado de la idea son enemigos. Son colombianos, compatriotas que piensan diferente. Compatriotas qué hay que tolerarlos, incluirlos, entenderlos.”

¿Por qué una amenaza? Porque la polarización se está llevando por delante la poca confianza y credibilidad que aún tenemos los colombianos en nuestra democracia y en nuestras instituciones.

En la última encuesta Colombia Opina de Agosto de 2016, sí la misma que Daniel Coronell y el Presidente Santos intentaron desprestigiar en estos días, el 82% de los encuestados reconoció desconfiar del Congreso. El 81% de la Justicia, el 77% del Gobierno, el 76% de las altas Cortes y el 61% de los medios de comunicación.

Las altas cortes y los medios de comunicación solían tener altísimos niveles de credibilidad y confianza entre la ciudadanía hasta que empezaron a litigar en causa propia las primeras. Y a despedir, aislar y callar a directores, columnistas y panelistas críticos del gobierno, los segundos.

Hoy en Colombia, por cuenta de la polarización, nadie cree en nada ni en nadie. Cualquier discusión, por intrascendente que sea, se resuelve a los insultos o a los puños. Las ideas y los argumentos parecen no importar. No se controvierten las ideas, sino se ataca a las personas por su afiliación política, por su historia laboral, su religión o su tendencia sexual. Nos negamos a escuchar. Tratamos de imponer nuestras convicciones como sea. Por la fuerza si es necesario.

Flaco favor le hacen al país quienes practican y estimulan la estrategia de tierra arrasada.

No deberíamos sorprendernos si pasado mañana aparece un dictador al estilo de Nicolás Maduro o Daniel Ortega ocupando el espacio que le dejamos vacío porque no fuimos capaces de defender, con argumentos, “la categoría democracia”.

 

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