Análisis Ley del Montes: ¿Se romperá la Unidad Nacional?

POR OSCAR MONTES @LEYDELMONTES

El respaldo de Cambio Radical a Enrique Peñalosa en Bogotá y el ‘fuego amigo’ que todos los días recibe el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, por parte de congresistas cercanos al Gobierno, ponen en peligro la principal alianza oficialista.

La decisión de la dirección nacional de Cambio Radical de apoyar la candidatura de Enrique Peñalosa a la Alcaldía de Bogotá –apartándose de los demás partidos de la llamada Unidad Nacional, que respalda al gobierno de Juan Manuel Santos– disparó las alarmas sobre lo que podría suceder en las elecciones presidenciales de 2018, cuando el hoy vicepresidente, Germán Vargas Lleras, jefe natural de ese partido, aspire a suceder al actual mandatario.

Tanto los dirigentes del Partido de La U como del Partido Liberal pusieron el grito en el cielo, pues consideran que respaldar a Peñalosa es un gesto inamistoso con quienes hacen parte de la coalición de gobierno, que en su gran mayoría apoya al exministro Rafael Pardo. “El candidato de la Unidad Nacional para la Alcaldía de Bogotá es Pardo, así haya otros partidos con candidatos propios”, me dijo un senador del Partido de La U cuando indagué por la “rebeldía” de Cambio Radical de apartarse de las directrices de la alianza gobiernista.

El respaldo de Cambio Radical a Peñalosa coincidió con la publicación de una encuesta de Datexco para El Tiempo y La W Radio en la que se presenta un “empate técnico” en el primer lugar, entre Rafael Pardo, Enrique Peñalosa y Clara López. El primero cuenta con el 22.7 por ciento de intención de voto, el segundo con el 21.7 por ciento y la tercera con el 20.4 por ciento. El cuarto lugar lo ocupa el ex vicepresidente Francisco Santos, del Centro Democrático, con el 8 por ciento. Muy atrás figura el aspirante del Partido Verde, Carlos Vicente De Roux, con algo más del 3 por ciento. Es decir, en lo que tiene que ver con la Alcaldía de Bogotá –el segundo cargo del país– nada está escrito y respaldos como el de Cambio Radical a Peñalosa podrían inclinar la balanza a su favor.

Aunque Santos y Vargas Lleras tienen impedimentos legales para participar en política, lo cierto es que uno y otro lo hacen mediante ‘guiños’ que envían a los dirigentes de sus partidos. En el caso de Santos –por ejemplo– es claro que tiene una deuda de gratitud con Clara López, luego de que esta se sumara a su campaña presidencial y aportara algo más de 500.000 votos, que fueron definitivos para derrotar en la segunda vuelta al candidato uribista Óscar Iván Zuluaga, quien ganó en la primera ronda. Pero Santos también tiene parte de su corazón con Rafael Pardo, su ex ministro de Trabajo, quien le dio una mano cuando –por delegación suya– se puso al frente de la Alcaldía de Bogotá, luego de la que el procurador, Alejandro Ordóñez, suspendiera a Gustavo Petro.

Lo único que no es Santos hoy por hoy es peñalosista, como sí lo es su vicepresidente, Vargas Lleras. La razón es muy simple y tiene nombre propio: Gustavo Petro, quien se ha convertido en el gran contradictor del vicepresidente, por cuenta de la crisis que vivió su administración debido a la recolección de basuras y su oposición a la ejecución de los proyectos de desarrollo urbano en la capital de la República, liderados por Vargas Lleras.

La cercanía de Pardo con el progresismo de Petro fue una de las razones que lo alejó del hoy candidato de la Unidad Nacional. “Vargas Lleras quiere un alcalde que no tenga nada que ver con Petro y que rompa con los modelos de administración que se han impuesto en Bogotá en los últimos años”, me dijo un representante a la Cámara de Cambio Radical. Mejor dicho: cuando aspire a la Presidencia en 2018, Vargas Lleras quiere tener en Bogotá un alcalde amigo y no uno que se encuentre en la orilla de sus contradictores.

El problema para Vargas Lleras, pero también para los promotores de la campaña de Pardo, es que esa división les podría costar la Alcaldía de Bogotá –como ocurrió con el triunfo de Petro– puesto que Clara López podría convertirse en la cuarta alcaldesa de izquierda de Bogotá en los últimos años, luego de los mandatos de Lucho Garzón, Samuel Moreno y el propio Petro. Y ello sí sería un duro golpe no solo para Vargas Lleras, sino para la propia Unidad Nacional. Pese a las enormes dificultades que atraviesa la ciudad, Bogotá sigue siendo la ‘joya de la corona’ no solo como fortín electoral, sino como gestora y administradora de multimillonarios recursos.

En las toldas del vicepresidente también hay una gran inconformidad por el trato que recibe de parte de voceros del Partido de La U y hasta del propio Partido Liberal. De los primeros ha tenido que defenderse de ataques demoledores, que no solo han debilitado institucionalmente la figura del vicepresidente, sino que han comprometido –inclusive– el desarrollo de algunos de sus programas. Todo ello sin que desde el alto Gobierno hagan un llamado de atención a los desafueros verbales en contra de quien ocupa la Vicepresidencia de la República y está al frente de los programas más exitosos del Gobierno.

En lo que tiene que ver con el Partido Liberal, tanto Horacio Serpa como César Gaviria, entre otros dirigentes, han hecho saber que en 2018 tendrán candidato propio y no ‘prestado’, como podría ocurrir con Vargas Lleras y Cambio Radical. Es evidente, además, que el Partido Conservador –hoy con una mano en la Unidad y la otra por fuera– también correrá con caballo propio en las presidenciales de 2018, y uno de los más opcionados es el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

Ante este panorama poco amable, para no decir que inamistoso, dentro de la Unidad Nacional, el vicepresidente empezó a marcar su propio territorio y no solo en Bogotá con Peñalosa, sino en varias regiones y departamentos del país. En la Región Caribe la cabeza visible de ese proyecto político es el exalcalde de Barranquilla Alejandro Char, quien lidera las encuestas para ser el sucesor de Elsa Noguera, actual alcaldesa y ex fórmula vicepresidencial de Vargas Lleras. Son varios los candidatos que cuentan con el pleno respaldo de Cambio Radical, empezando por el propio Char, entre ellos Édgar Martínez a la Gobernación de Sucre, Rosa Cotes y Oneida Pinto a las gobernaciones de Magdalena y La Guajira, respectivamente, así como Carlos Gómez a la Gobernación de Córdoba.

Así las cosas, las posibilidades de que la llamada Unidad Nacional se mantenga en las elecciones presidenciales de 2018 son mínimas, porque –además– la suerte del proceso de paz con las Farc también jugará un papel determinante. Es de público conocimiento la distancia que Vargas Lleras le ha marcado a la negociación con las Farc, que contrasta con la forma como Santos se ha jugado a fondo con la negociación con ese grupo guerrillero.

Aunque tienen muchas afinidades políticas y programáticas, lo cierto es que en lo que tiene que ver con los diálogos de La Habana, Santos y Vargas Lleras –para decirlo en términos ciclísticos– corren en equipos diferentes. ¿Qué le espera a la Unidad Nacional en 2018? ¿Qué hay detrás del ‘fuego amigo’ contra Vargas Lleras? ¿Cuál es el alcance de la apuesta de Cambio Radical en la Región Caribe?

Vargas Lleras y Peñalosa, ¿acuerdo electoral o afinidades políticas?

Enrique Peñalosa se ha matriculado en varias vertientes políticas. Ha sido independiente en sus inicios, verde como aspirante presidencial, uribista como alcalde y ahora vargasllerista como candidato a la Alcaldía de Bogotá. También ha sido cercano al santismo. De hecho, el actual ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), David Luna, fue promotor de la candidatura de Peñalosa para que regresara al Palacio Liévano. El vargasllerismo de Peñalosa, o el peñalosismo de Vargas Lleras, tiene que ver con Gustavo Petro, enemigo político de ambos. Punto. A diferencia de Rafael Pardo –que no quiso sumarse al proyecto antipetrista– Peñalosa sí se le midió al reto impuesto por Vargas Lleras de romper amarras de forma radical con el modelo progresista. En política, Vargas Lleras y Petro son el agua y el aceite. Mientras Vargas Lleras lidera programas de construcción de viviendas en todo el país, en Bogotá se estrella con múltiples talanqueras impuestas por la Alcaldía del Distrito, que le impide ejecutarlas plenamente. En los diálogos de La Habana también se encuentran en orillas opuestas. Pero la alianza Peñalosa-Vargas Lleras no solo es producto de conveniencia electoral, la verdad es que el modelo de ciudad de Peñalosa es hoy por hoy más afín al de Vargas Lleras que al de todos sus antiguos jefes políticos.

Vargas Lleras y Uribe, ¿la gran alianza política del 2018?

No le falta razón a Germán Vargas Lleras cuando se queja del ‘fuego amigo’ que recibe por parte de algunos congresistas de la Unidad Nacional, especialmente del Partido de La U, muchos de los cuales llegaron a la política de su mano. De hecho, la iniciativa que establecía una inhabilidad de cuatro años al vicepresidente para aspirar a la Presidencia –cuya única motivación era descabezar a Vargas Lleras como aspirante en 2018– nació en las filas del Partido de La U. Curiosamente fue el expresidente Álvaro Uribe, quien con los votos de los senadores del Centro Democrático en la Comisión Primera del Senado, terminó salvando al vicepresidente. El gesto uribista no solo sirvió para reafirmar las afinidades entre ambos en lo que tiene que ver con el tratamiento a los grupos guerrilleros, sino que también estableció puentes que permitieron a Cambio Radical y al Centro Democrático tener en la actualidad candidaturas compartidas a alcaldías y gobernaciones, como sucede con Alejandro Char en Barranquilla, o con Nancy Patricia Gutiérrez a la Gobernación de Cundinamarca, entre otras.

Candidatos cuestionados serán gobernantes cuestionados

Las elecciones de octubre serán el termómetro para medir la temperatura de la candidatura presidencial de Vargas Lleras en 2018. Si el éxito de Cambio Radical –con candidatos propios o con alianzas– es contundente, entonces el vicepresidente podrá comenzar a diseñar desde ya el afiche como sucesor de Juan Manuel Santos. Punto. Ello pondría a los demás partidos de la Unidad Nacional, empezando por La U y el Partido Liberal como vagones de cola de la locomotora que será piloteada por el vicepresidente. En otras palabras: Vargas Lleras podrá poner las condiciones. Pero si las cosas en octubre no salen como los dirigentes de Cambio Radical esperan, entonces cambia el panorama, y quien tendrá que subirse al último vagón será el exministro y ex presidente del Senado. Eso es lo que está en juego. El triunfo en octubre, sin embargo, tiene enormes riesgos y no puede darse a cualquier costo. Los dirigentes de Cambio Radical deben saber que los candidatos cuestionados hoy van a ser los gobernantes cuestionados de mañana. Y tener gobernantes cuestionados significa –ni más ni menos– servirles en bandeja de plata a los enemigos políticos de Vargas Lleras las cabezas de alcaldes y gobernadores para que las utilicen en su contra en la contienda presidencial de 2018.

La paz, otra vez bandera electoral

El Gobierno se jugó sus restos en la negociación con las Farc en La Habana. Con un respaldo precario de apenas el 24 por ciento, el presidente Santos no tiene cartas distintas que jugar a la de sacar adelante los diálogos con las Farc. De manera que –como sucedió en las pasadas elecciones presidenciales– la paz volverá a ser la principal bandera electoral de los candidatos de la Unidad Nacional. La tarea encomendada a todos los aspirantes es la de comprometerse con las conversaciones de La Habana y la de ‘vender’ los diálogos en ciudades y departamentos. Dicha tarea, sin embargo, tiene un gran inconveniente: el rechazo masivo a las Farc y la desconfianza en la negociación. Una cosa es vender la paz desde La Habana y otra muy distinta venderla desde las regiones donde ese grupo guerrillero ataca a civiles, militares, policías y deja sin agua potable a miles de familias. El discurso presidencial en el sentido de que “no habrá impunidad, ni indultos, ni amnistías” a los jefes de las Farc, como lo reiteró en EL HERALDO el pasado viernes, tendrá que ser enfatizado con mayores decibeles para que las millones de víctimas de ese grupo guerrillero en las regiones empiecen a pensar que la negociación esta vez sí llegará a feliz término.

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