Análisis Ley del Montes: ¿Tiene sentido negociar con el ELN?

sin_titulo-1_copiaÓSCAR MONTES – @LEYDELMONTES

Llegó la hora de que las Fuerzas Militares produzcan golpes contundentes a ese grupo guerrillero, que lleve a sus jefes a la mesa de diálogo y le permita al Gobierno poner las condiciones en caso de una eventual negociación.
“El ELN me quitó mis pies, pero no me quitó la vida”, con estas palabras el cabo del Ejército Edward Ávila narró la amarga experiencia que ha tenido que vivir luego de que una mina antipersona instalada por esa organización guerrilla en el municipio de Convención, Norte de Santander, destrozará sus extremidades inferiores y lo dejara lisiado de por vida. “Agradezco a la vida –continuó su relato– que fui yo la víctima y no un niño”.

La tragedia del cabo Ávila ha conmocionado al país no solo por la valentía y entereza del uniformado, sino porque mostró la degradación a la que ha llegado el conflicto armado y la sevicia con que actúan los grupos guerrilleros, hasta el punto de que las extremidades que perdió el soldado fueron exhibidas por el ELN en un colegio de Convención como “trofeo de guerra” y como una señal de advertencia contra los habitantes del pueblo y contra los demás uniformados. “El ELN usó mis piernas como modo de burla”, dijo el cabo Ávila, al referirse al acto criminal del que fue objeto.

El presidente Juan Manuel Santos afirmó desde México que se trató de un acto que “raya con lo demencial. Poner minas es un acto de salvajismo que viola todas las reglas del Derecho Internacional Humanitario”. En su cuenta en Twitter el Jefe del Estado afirmó que “Colombia entera repudia y condena atrocidad del ELN. Nos llena de vergüenza y dolor”.

Por su parte el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, calificó a quienes atentaron contra el uniformado como “ratas humanas, que deben ir a la cárcel”. El expresidente Álvaro Uribe también rechazó el atentado y sostuvo que “nosotros pensamos que el gobierno de Colombia no puede dialogar con aquellos cuyo lenguaje es mutilar a los soldados de la patria y exhibir las partes mutiladas de sus cuerpos”. El procurador, Alejandro Ordóñez, quien visitó al cabo Ávila en el hospital, afirmó que los colombianos “no nos podemos arrodillar ante la violencia. Las víctimas están hastiadas de esa actitud concesiva ante estos actos de violencia”.

Y aunque voceros del ELN negaron haber exhibido las extremidades del soldado Ávila en un colegio de Convención, habitantes del pueblo confirmaron que sí fueron ellos y que todos saben quiénes realizaron la acción, pero que nadie se atreve a decirlo en público por temor a una futura retaliación por parte del grupo guerrillero, que desde hace varios años hace presencia en la zona. Las versiones de los habitantes de Convención fueron ratificadas por la Defensoría del Pueblo, uno de cuyos voceros afirmó que “según información recibida, no conformes con las graves heridas que significaron la amputación de las extremidades inferiores a un soldado, los guerrilleros exhibieron una de sus piernas, como trofeo, en un colegio contiguo al lugar de los hechos”.

La acción del ELN ocurre en momentos en que el Gobierno adelanta con ese grupo acercamientos con el fin de iniciar una negociación que permita la desmovilización y reinserción a la vida civil de todos sus integrantes. De acuerdo con delegados del Presidente, la llamada fase exploratoria se encuentra en desarrollo desde junio del año pasado y en ella se han presentado avances, aunque no tan significativos como el Gobierno espera.

No obstante, lo sucedido en Convención con la aberrante exhibición de las extremidades inferiores del capitán Ávila no solo demuestra el desprecio del ELN por el Derecho Internacional Humanitario, sino que evidencia la carencia absoluta de un compromiso de paz por parte de esa organización guerrillera, que considera que los actos de terror y la intimidación a la población civil le permitirá llegar fortalecida a una eventual mesa de negociación.

Las acciones del ELN –como la instalación de minas antipersonas en una zona destinada para la construcción de un parque infantil en Convención- no solo alejan al grupo guerrillero de la población civil, sino que lleva al Gobierno a endurecer sus acciones militares contra esa organización guerrillera, como acaba de suceder con la orden impartida por Santos al Ministro de Defensa en el sentido de arreciar los ataques contra sus máximos cabecillas.

Y es que –ante la debacle sufrida por Santos por cuenta de los diálogos de La Habana con las Farc, en términos de imagen y respaldo a su gestión, que lo ubica por debajo del 30 por ciento de favorabilidad en las encuestas– el Gobierno necesita mostrar resultados contundentes en la lucha contra las organizaciones criminales. Golpear de forma certera al ELN antes de sentarse a dialogar con ellos es la única salida que tiene el Gobierno si aspira a que dicha negociación no se convierta en el triste espectáculo de los diálogos de La Habana. En caso de que haya negociación con el ELN, Santos necesita llegar fortalecido a la mesa y para ello debe propinar duros golpes a sus máximos cabecillas. Punto.

Solo mediante una arremetida militar contundente y eficaz en contra del ELN el Gobierno podrá poner condiciones en la mesa de diálogo. La supuesta voluntad de paz expresada por el jefe máximo de ese grupo guerrillero, Nicolás Rodríguez, ‘Gabino’, debe traducirse en hechos concretos, como por ejemplo la liberación de los secuestrados en su poder y la suspensión de la instalación de minas antipersonas. Y después de lo sucedido con los diálogos con las Farc, es muy difícil que la opinión pública acepte una negociación con el ELN sin que haya concentración de sus tropas y un cese unilateral del fuego, como ocurrió en negociaciones pasadas, como el EPL y el M-19, entre otros grupos guerrilleros. ¿Llegó la hora de suspender la fase exploratoria con el ELN y dar inicio a una ofensiva militar contra todos sus frentes?

Golpes contundentes y diálogo con el ELN

La tragedia sufrida por el cabo Edward Orlando Ávila en Convención, Norte de Santander, generó todo tipo de reacciones. Uno de los más categóricos es el expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, quien sostiene que el “Gobierno no puede dialogar con aquellos cuyo lenguaje es mutilar a los soldados de la patria”. Otros, como el columnista de Semana León Valencia, afirman que ese tipo de acciones son producto de la “barbarie de la guerra”. El diálogo y la ofensiva militar contundente contra los jefes máximos del ELN no son escenarios excluyentes. Todo lo contrario: de la eficacia y la contundencia contra el grupo guerrillero dependerán no sólo las condiciones de una eventual negociación, sino los tiempos de la misma. Cerrar las puertas al diálogo y considerar que el aniquilamiento del ELN es la salida es inviable política y militarmente. Aunque se trata de un grupo guerrillero más diezmado y menos numeroso que las Farc, el ELN cuenta con activistas y militantes en universidades y organizaciones sindicales, como afirmó ‘Gabino’ en entrevista al diario Vanguardia Liberal, de Bucaramanga. De otra parte, los actos de terror del ELN no pueden tener ningún tipo de justificación, ni siquiera los de la “atrocidad de la guerra”. Punto. Se trata de violaciones irrefutables al Derecho Internacional Humanitario que deben ser repudiadas sin contemplación alguna. Pretender igualar dichos actos de terror contra nuestros soldados con cuentas de cobro entre integrantes de las Farc es –sin duda- un despropósito.

Minas antipersonas, una verdadera tragedia

Mientras en La Habana el Gobierno y las Farc anuncian el inicio próximamente del desminado en algunas regiones, en el país la población civil y miembros de las Fuerzas Militares son víctimas de las minas antipersonas. La mina antipersona que mutiló al cabo Ávila fue sembrada por el ELN en inmediaciones de un colegio de Convención, Norte de Santander, con el peligro que ello representa para todos los habitantes del pueblo, especialmente para los menores que estudian en dicha escuela. A ello se suma el acto demencial de exhibir las piernas mutiladas del uniformado con la macabra intención de intimidar a la población y enviarles un tétrico mensaje a sus compañeros del Ejército. La siembra indiscriminada de minas antipersonas tanto por parte de las Farc como del ELN ha causado mutilaciones en cerca de 7.000 integrantes de la Fuerza Pública en los últimos años. Se trata de una cifra escandalosa que muestra la degradación del conflicto. Entre los gestos de paz que los colombianos esperan de los grupos guerrilleros está –sin duda- el del desminado inmediato de aquellas zonas donde hacen presencia.

ELN y Farc, dos negociaciones diferentes

Negociar con el ELN es más complejo que hacerlo con las Farc. Es un grupo guerrillero que ha hecho de la resistencia su principal bandera. Su cuasi aniquilamiento después de la Operación Anorí, realizada por el Ejército en Antioquia a comienzos de los 70, es narrada por sus jefes como un “acto heroico” por parte de los pocos sobrevivientes, quienes atravesaron el país para después reagruparse en Arauca, donde resurgió años más tarde. La extorsión a las multinacionales petroleras, así como la asistencia militar y preparación de cuadros por el régimen cubano, les permitió a los hermanos Vásquez Castaño –fundadores del grupo- evitar la desaparición de esta guerrilla. Sus relaciones con las Farc han sido tradicionalmente distantes y hostiles. En pocas oportunidades han coincidido en negociar de forma conjunta. Una de ellas fue cuando crearon la Coordinadora Nacional Guerrillera, que les permitió dialogar con el gobierno de César Gaviria en Caracas y Tlaxcala, México. “El ELN es más radical y dogmático que las Farc”, me dijo un excomisionado de paz, que conoce bien el comportamiento de ambos. El ELN debe entender que los tiempos cambiaron y que para negociar deben dejar atrás su dogmatismo y su radicalismo.

Presidente Santos, en su encrucijada

No es nada fácil la situación que atraviesa el presidente Santos. Por cuenta de los diálogos de La Habana su imagen se desplomó y sigue en picada. Pero también sabe que todos sus huevitos los puso en la canasta de la paz y que -si se llegan a romper- se quedará sin nada entre las manos. Esa es la razón por la que afirmó desde México que, aunque las acciones del ELN son un retroceso en la búsqueda de la paz, “esa es la guerra que quiero acabar. Lo ideal es que lleguemos a un acuerdo también con el ELN, aunque entiendo que los colombianos desconfíen de la voluntad de la guerrilla con actos como éste”. Es decir: Santos no está considerando la suspensión de los acercamientos con el ELN y mantendrá los canales que permitan una eventual negociación con ese grupo. Se trata de una apuesta muy arriesgada, sobre todo porque la mayoría de los colombianos están no solo hastiados con los actos de terror de las Farc y el ELN, sino indignados con lo ocurrido con el cabo Ávila en Convención. La osadía –y para muchos terquedad de Santos- podría significar la pérdida de los pocos puntos de respaldo que aún tienen los diálogos con los grupos guerrilleros, lo que podría llevarlo a padecer la peor crisis política de sus dos mandatos.

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